La profunda reflexión de Tomás Abraham, filósofo y escritor argentino: «El odio es la muerte del pensamiento»
Una reflexión sobre el sobre el odio, el pensamiento crítico y la necesidad de cuestionar nuestras propias certezas
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Entre las emociones del ser humano, el odio es quizás una de las más fuertes y poderosas. Puede nacer a partir de distintos factores pero a la larga y en definitiva, nunca nos lleva a nada bueno. Incluso puede hacernos perder perspectiva y hasta parte de nuestro pensamiento tal y como declaró una vez el filósofo Tomás Abraham que dijo en una entrevista «El odio es la muerte del pensamiento».
Y lo que dice va más allá de de hablar de sentimientos y emociones, sino que encaja también con una cuestión que aparece de manera constante en su obra: qué significa realmente pensar y hasta qué punto somos capaces de hacerlo sin repetir automáticamente las ideas de otros. Abraham, que lleva décadas dedicado a la filosofía, ha defendido precisamente la incomodidad de cuestionar lo establecido, incluso cuando hacerlo obliga a revisar nuestras propias certezas. Una idea que ha recuperado en su último libro, Pensar de nuevo, publicado este mismo 2026.
Tomás Abraham y su reflexión sobre el odio
«El odio es la muerte del pensamiento», esta frase de Abraham plantea una relación directa entre una emoción y nuestra capacidad para razonar. Cuando odiamos a alguien, resulta mucho más difícil escuchar sus argumentos, valorar lo que dice de manera independiente o admitir que puede tener razón en algo. Y es que de alguna manera, parece que el odio actúa como una especie de filtro antes incluso de saber lo que nos van a decir, o cuál es la opinió de esa persona a la que odiamos. Y a la vez, ocurre en sentido contrario al aceptar aceptamos determinados argumentos simplemente porque proceden de alguien con quien nos identificamos.
No significa que todas las ideas sean igualmente válidas ni que debamos renunciar a nuestras convicciones. Pensar implica precisamente analizar, comparar, discutir e incluso rechazar lo que consideramos equivocado. La diferencia está en llegar a esa conclusión después de un razonamiento y no únicamente desde la animadversión hacia quien tenemos delante, algo que ante la polarización constante y actual que vivimos hoy en día cobra mucho más sentido.
Pensar no es simplemente tener una opinión
Abraham acaba de publicar Pensar de nuevo, un libro cuyo propio título explica buena parte de su planteamiento. Su propuesta consiste en regresar a cuestiones que damos por resueltas y volver a interrogarlas, algo bastante distinto a cambiar constantemente de opinión. En una entrevista publicada en mayo de 2026, el filósofo explicó que filosofamos porque nos molesta el pensamiento dominante de otros, ya proceda de los padres, de la religión, de los políticos o de un presidente. Para Abraham, ese malestar puede ser precisamente el punto desde el que comienza el pensamiento propio.
También ha cuestionado la necesidad actual de opinar sobre prácticamente todo. Tener una respuesta inmediata no significa necesariamente haber reflexionado sobre un asunto. En su nuevo libro insiste en detenerse ante ideas que parecen evidentes, ponerlas en duda y evitar que pensar se convierta en un acto automático. Y para argumentarlo todo, el libro recorre escenarios tan distintos como Boston, París, Auschwitz y Buenos Aires, a través de los cuáles aborda filosofía, política, memoria y cultura, pero sin intentar ofrecer al lector una colección de respuestas definitivas.
La incomodidad como parte del pensamiento
Abraham no presenta la filosofía como una especie de camino hacia una sabiduría superior. De hecho, en una de sus entrevistas recientes ha rechazado expresamente esa idea. Su visión tiene mucho más que ver con discutir, interrogarse y aceptar que una certeza puede dejar de serlo. Esto explica también su interés por autores como Jean-Paul Sartre, Louis Althusser, Michel Foucault o Gilles Deleuze. Con algunos de ellos tuvo contacto durante sus años de formación en Francia, una etapa decisiva de su trayectoria.
Pensar, desde esta perspectiva, no siempre resulta agradable. A veces implica reconocer contradicciones propias o admitir que determinados argumentos que hemos defendido durante años no funcionan tan bien como creíamos. El odio hace precisamente lo contrario. Reduce ese espacio de duda porque convierte al otro en alguien al que no necesitamos escuchar. Una vez que todo lo que procede de una determinada persona o grupo se descarta de antemano, la discusión prácticamente desaparece.
Quién es Tomás Abraham
Tomás Abraham nació en 1946 y desarrolló buena parte de su carrera académica y profesional en Argentina después de formarse en Francia. Estudió Sociología en la Sorbona y Filosofía en Vincennes y posteriormente ejerció durante décadas como profesor en la Universidad de Buenos Aires.
Su producción incluye más de treinta libros y una larga trayectoria como ensayista y columnista. Entre sus obras se encuentran La máscara Foucault, Aburrimiento y entusiasmo, La Matanza negada o Diario de un abuelo salvaje, a las que se ha sumado este año Pensar de nuevo.
En 2024 recibió el Premio Konex de Ensayo Filosófico, un reconocimiento que ya había obtenido veinte años antes. También es profesor emérito de Filosofía de la Universidad de Buenos Aires. En la actualidad y a sus casi 80 años, continúa escribiendo, ofreciendo entrevistas y entrando en debates públicos. Y quizá esa actividad constante explique bastante bien una de las ideas que atraviesan su obra: pensar no consiste en encontrar una respuesta y quedarse allí para siempre, sino en conservar la capacidad de volver a hacerse preguntas.
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