Las palabras que pronunció el emperador Augusto antes de morir te harán reflexionar: «La comedia ha terminado. ¡Aplaudid!»
El emperador habría utilizado la metáfora de una representación teatral para referirse a su propia existencia
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Son muchos los personajes históricos que nos han dejado citas célebres que, incluso miles de años después, siguen invitándonos a reflexionar. Palabras de aliento, de alivio, de sabiduría o simplemente frases pronunciadas en un momento determinado que han conseguido sobrevivir al paso del tiempo. Quizá porque muchas de ellas hablan de problemas, emociones y preocupaciones que afectan directamente a lo más primitivo del ser humano.
Pero si importantes son las palabras pronunciadas por nuestros antepasados durante sus mejores momentos, todavía lo son más aquellas que pronunciaron justo antes de morir. En ese instante, cuando una persona sabe que su vida está llegando a su fin, cada palabra adquiere un significado diferente. Y entre las últimas frases atribuidas a grandes personajes de la historia se encuentra la que pronunció el emperador Augusto, uno de los hombres más poderosos de la antigua Roma.
Las últimas palabras de Augusto antes de morir
Cuentan que, poco antes de morir, Augusto pronunció una frase en latín que ha llegado hasta nuestros días: «Acta est fabula, plaudite!» Una expresión que puede traducirse como «La comedia ha terminado. ¡Aplaudid!» o, de una manera más cercana al contexto original, «La función ha terminado. ¡Aplaudid!».
La frase tiene una particularidad que la hace especialmente llamativa. No se trataba simplemente de una reflexión sobre la muerte, sino de una expresión relacionada con el mundo del teatro. En la antigua Roma era habitual utilizar una fórmula de este tipo al finalizar una representación para indicar a los espectadores que la función había llegado a su fin y que ya no quedaba nada más por ver.
En boca de Augusto, sin embargo, aquellas palabras adquirían un significado mucho más profundo. El emperador habría utilizado la metáfora de una representación teatral para referirse a su propia existencia. Después de décadas de poder, guerras, reformas y decisiones políticas, su función estaba llegando al final.
Un emperador que convirtió su vida en una gran función
Augusto, nacido como Cayo Octavio Turino, fue adoptado por su tío abuelo Julio César y acabaría convirtiéndose en una de las figuras fundamentales de la historia de Roma. Tras asumir el poder, adoptó el nombre de César Augusto y gobernó desde el año 27 a.C. hasta su muerte, en el año 14 d.C.
Su trayectoria estuvo marcada por acontecimientos decisivos para Roma. Fue el fundador del Imperio romano y durante su largo gobierno consiguió consolidar un periodo de estabilidad política, además de impulsar importantes obras de construcción.
Precisamente a estas transformaciones se relaciona otra de las frases que tradicionalmente se atribuyen a Augusto: «Encontré una Roma hecha de ladrillo y os la dejo de mármol». Con ella habría resumido la transformación arquitectónica que experimentó la ciudad durante su gobierno.
Después de casi cuatro décadas al frente de Roma, la metáfora teatral parecía encajar con su propia historia. Había tenido tiempo de construir su legado y, llegado el momento de la muerte, la representación simplemente debía terminar.
El mensaje que permanece casi 2.000 años después
Quizá lo más llamativo de la frase sea precisamente su sencillez. Augusto no necesitó una larga explicación para resumir el final de toda una vida. Bastaron unas pocas palabras tomadas del lenguaje teatral.
Y es ahí donde la frase puede seguir resultando reconocible para el ser humano actual. Todos interpretamos diferentes papeles a lo largo de nuestra vida. Somos hijos, amigos, parejas, compañeros, profesionales o padres y, en cada etapa, ocupamos un escenario diferente. Algunos papeles duran años y otros apenas unos minutos, pero todos terminan en algún momento.