Especie invasora

Lo has pescado cientos de veces sin saber que el ministerio cataloga este animal como especie invasora

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Pescado en un río.
  • Sofía Narváez
  • Periodista multimedia graduada en la Universidad Francisco de Vitoria, con un Máster en Multiplataforma por la Universidad Loyola. Editora en Lisa News con experiencia en CNN y ABC.

Hay animales tan presentes en nuestro día a día que ya ni nos detenemos a pensar en ellos. Salen en las cañas de siempre, en los charcos donde jugábamos de críos, en los embalses donde se va a pasar el domingo.

Están ahí, como si fueran parte del paisaje de toda la vida. Hasta que un día lees un documento oficial del ministerio y descubres que ese pez que has pescado mil veces está catalogado como «especie exótica invasora».

Algunas especies llegan de fuera y pasan desapercibidas, pero otras, en cambio, arrasan con todo: alteran el equilibrio del ecosistema, desplazan a las especies locales e incluso pueden hundir la economía.

El verdadero reto es detectarlas a tiempo, porque una vez que se asientan, sacar a las especies invasoras es casi misión imposible.

Al menos hay algunas que se pueden comer, como en este caso. La carpa, uno de los peces más comunes en la pesca recreativa en España, lleva siglos nadando en nuestros ríos y, sin embargo, desde 2013 figura en el catálogo oficial de especies exóticas invasoras.

¿Por qué este pescado es una especie invasora?

La Cyprinus Carpio no es española. Su origen está en las cuencas del mar Negro y el Caspio. Llegó aquí en pleno siglo XVI por decisión de Felipe II, que quiso replicar en sus jardines lo que había visto en sus viajes por Europa.

Durante siglos estuvo acotada a estanques y espacios cerrados. Pero a mediados del siglo XX, el escenario cambió. Empezó a soltarse en ríos y embalses para fomentar la pesca deportiva, y ahí empezó el verdadero problema.

La carpa no es una invitada discreta. Aguanta aguas turbias, bajas en oxígeno, con salinidad, incluso con niveles altos de contaminación. Come de todo. Se reproduce con una facilidad alarmante y no tiene problema en competir con otras especies por el espacio o el alimento. Tiene todas las habilidades para convertirse en una especie invasora, y lo ha hecho.

El impacto de este pescado en los ecosistemas

Lo más llamativo es cómo altera el entorno. Su forma de alimentarse consiste en remover el fondo de los ríos y lagos, lo que enturbia el agua, arranca vegetación y libera nutrientes.

Esto dispara el crecimiento de algas, reduce la luz que llega al fondo y hace que desaparezcan las plantas acuáticas. Y con ellas, muchos otros seres vivos que dependen de ellas para sobrevivir.

También hay competencia directa: las carpas consumen invertebrados, huevos y larvas de otros peces. En algunos humedales han desplazado incluso a aves protegidas que se han quedado sin comida ni refugio. El paisaje que dejan es más pobre, más desequilibrado y, en muchos casos, ya no se puede recuperar.

Eliminar la carpa no es ni fácil ni mucho menos barato. Hay técnicas, pero ninguna es mágica y ameritan de mucha paciencia. En la mayoría de los casos, se apuesta por mantenerla a raya, intentar que no se expanda más.

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