Los jardineros coinciden y explican por qué no deberías poner luces solares en el jardín
Estas luces artificiales pueden conllevar efectos negativos a los ecosistemas que habitan en los jardines
Harto de pagar la factura de la luz, un joven montó 10 paneles solares en su jardín en sólo 20 minutos: «La forma más sencilla»
La brillante reflexión de Eric Clapton, músico de blues y rock (81 años) sobre Bob Dylan: "La primera vez que lo oyes es inútil; después reflexionas y te das cuenta de que es perfecto"
Trajano, el emperador romano, sobre la justicia: "Es preferible dejar impune al culpable que condenar a un inocente"

En la recta final del verano, con la llegada del otoño en el día de mañana, los atardeceres son cada vez más tempranos. Por este motivo, en muchos hogares españoles se está optando por instalar luces solares para iluminar los jardines en cuanto el sol cae y empieza a anochecer. Algo que, según los expertos jardineros, puede ser un grave error.
Estas instalaciones pueden resultar acogedoras, además de ser sostenibles y ecológicas al alimentarse con la energía solar. No obstante, la iluminación puede resultar en un problema para las plantas y determinados animales.
El ciclo día-noche, crucial para los organismos
El ciclo día-noche es fundamental para los seres vivos que habitan en un jardín. Los animales diurnos requieren oscuridad para descansar. Este tipo de luces afecta también a los animales nocturnos, ya que puede llegar a desorientarlos, obstaculizando sus habilidades para encontrar alimentos. En cuanto a los insectos, pueden afectar su polinización, lo que deriva en la desaparición de algunas especies vegetales.
Estos insectos utilizan la luna y las estrellas para guiarse. Si se acercan demasiado a una luz artificial, pueden llegar a volar sin control hasta morir de agotamiento. Algunos estudios sostienen que incluso el alumbrado público afecta la composición de las poblaciones de insectos y, por ende, a todo el ecosistema del entorno.
El acortamiento de los días viene acompañado de la llegada del frío. Si este mensaje no llega a un animal debido a la excesiva iluminación, no puede prepararse a tiempo para la hibernación. En los casos más extremos, esto puede provocar que los insectos no sobrevivan a las bajas temperaturas.
El objetivo es la menor cantidad de luz posible
En el caso de las polillas, estas perciben un espectro que abarca desde la luz ultravioleta hasta la infrarroja, siendo atraídas por radiaciones de onda corta. Por este motivo, se recomienda evitar, por lo general, las lámparas con luz ultravioleta con altas emisiones de luz azul. En Austria, por ejemplo, la normativa respecto a la iluminación exterior establece la temperatura de color en 3.000 Kelvin o inferior.
Las lámparas esféricas o abiertas también deben evitarse
Las lámparas esféricas emiten luz en todas direcciones, lo que provoca una elevada contaminación lumínica. La mejor alternativa es la iluminación con dirigida hacia abajo y colocada lo más cercana posible al suelo. Se recomienda evitar también las luces solares que se mantienen activas hasta que se agota la batería. Si se busca iluminar el jardín por la noche, la mejor opción es crear zonas sin luz que sirvan como refugio.