Jardineros instan a los españoles a rociar vinagre en sus jardines durante esta semana: el motivo y por qué lo recomiendan
Esta disruptora técnica de cuidado de jardín sirve como complemento de un óptimo mantenimiento del jardín
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Con los últimos días de septiembre y el final del verano en España, los jardines empiezan a cambiar su apariencia, al igual que cambia el tiempo. Tras meses de elevadas temperaturas y precipitaciones prácticamente inexistentes, las previsiones meteorológicas apuntan a todo lo contrario para final de mes y el inicio de octubre.
Las previsiones climatológicas estiman alta probabilidad de lluvias entre el 28 de septiembre y el 5 de octubre, con el foco puesto en áreas costeras mediterráneas y Baleares, mientras que la evolución atmosférica puede venir acompañada de frentes y borrascas.
Estas previsiones faltan por confirmarse, pero las variaciones climáticas pueden tener una consecuencia directa para los jardines: las oportunidades de trabajar sobre superficies que requieren estar secas se reducen. Y es aquí donde un producto habitual en los hogares, como es el vinagre, puede tener un uso concreto sobre el verde.
Para qué sirve echar vinagre al jardín
El principal motivo por el que se aconseja seguir esta técnica no está relacionado con incrementar la humedad de las plantas o aportar nutrientes al suelo, sino con controlar la aparición o los efectos de las malas hierbas.
El ácido acético, uno de los componentes del vinagre, puede dañar el tejido vegetal cuando se mezcla con las hojas. El efecto es similar a quemarla, posibilitando la marchitez de la planta y que adquiera un aspecto seco después de la aplicación.
Por este motivo, se recomienda poner en práctica este truco en un día seco en lugar de uno lluvioso o con probabilidad de lluvias. Si el líquido permanece sobre las hojas durante un largo periodo, el efecto sobre la planta será mucho mayor.
Esta técnica está dirigida, principalmente, a grietas de caminos, bordes de patios, juntas de pavimentos o zonas donde hayan aparecido pequeñas hierbas indeseadas. Por lo tanto, no se trata de regar el jardín con vinagre, sino de usarlo en determinados focos sobre las plantas que se desea eliminar.
No confundir el vinagre doméstico con un herbicida
En este punto es donde aparece una de las claves a tener en cuenta. El vinagre alimentario, como el balsámico o el de manzana, por citar algunos, no tiene los mismos efectos que los productos específicos para controlar las malas hierbas. Según la Universidad Estatal de Oregón, estos tipos de vinagres contienen alrededor de un 5% de ácido acético, mientras que los vinagres hortícolas cuentan con concentraciones muy superiores.
Por otro lado, el resultado no suele llegar hasta la raíz. Las malas hierbas perennes pueden rebrotar, ya que el tratamiento daña las partes que contacta. Por esto, usar vinagre no garantiza la desaparición de estas especies.
El mayor riesgo al aplicar el vinagre es hacerlo donde no se requiere, ya que el ácido acético no diferencia una mala hierba de otra planta. Si este producto alcanza sus hojas, también puede dañarlas. Debido a esto, se debe aplicar de forma localizada y evitando que salpique arbustos, flores, hortalizas o césped.
El vinagre puede ser un complemento a las tareas de mantenimiento del jardín, pero como una solución puntual y no universal. De hecho, para las malas hierbas persistentes se sigue aconsejando retirarlas manualmente, además de otros métodos, como el acolchado.
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