La reflexión de María Zambrano sobre el amor que sigue conmoviendo: «El corazón es centro, porque es lo único de nuestro ser que da sonido»
La filósofa malagueña convirtió el corazón en una poderosa metáfora del conocimiento, las emociones y la existencia
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Hay reflexiones que hablan del amor sin mencionar directamente una relación de pareja. María Zambrano lo hizo desde un lugar mucho más profundo: el corazón como centro de la vida interior y como espacio desde el que el ser humano puede comprender aquello que la razón no siempre consigue explicar. «El corazón es centro, porque es lo único de nuestro ser que da sonido» es una de las frases más evocadoras de la filósofa española y permite acercarse a una de las ideas fundamentales de su pensamiento, que habla de la necesidad de unir razón, emoción e intuición.
El corazón como centro
La frase pertenece a Claros del bosque, una de las obras fundamentales de María Zambrano, publicada en 1977. En este libro, la pensadora desarrolla una escritura filosófica profundamente marcada por las imágenes, los símbolos y la búsqueda de una forma diferente de conocimiento. El corazón aparece como un centro interior capaz de recoger aquello que no siempre puede expresarse mediante conceptos racionales.
Para María Zambrano, el corazón no debe entenderse únicamente desde su función física. Es una metáfora de la vida interior, de aquello que hace que una persona pueda sentir, escuchar y reconocer su propia existencia. Cuando afirma que es «lo único de nuestro ser que da sonido», está utilizando el lenguaje poético para hablar de una dimensión íntima que se manifiesta incluso antes de ser convertida en palabras.
Una filósofa marcada por el exilio
La vida de María Zambrano también ayuda a comprender la profundidad de su pensamiento. Nacida en Vélez-Málaga en 1904, estudió filosofía y estuvo vinculada intelectualmente a figuras como José Ortega y Gasset. La Guerra Civil española marcó profundamente su trayectoria y, tras ella, inició un largo exilio que la llevó por diferentes países antes de regresar definitivamente a España en 1984.
Durante décadas desarrolló una obra que combinó filosofía, literatura y reflexión sobre la condición humana. Su pensamiento fue reconocido progresivamente hasta recibir, entre otros galardones, el Premio Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades en 1981 y el Premio Cervantes en 1988.