María Zambrano, filósofa española: «Sólo lo que no se ha podido dejar de querer, ni aun queriendo, nos pertenece»
La filósofa española defendió una forma de pensamiento en la que la razón y los sentimientos no estaban enfrentados
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Hay cosas que intentamos olvidar, personas de las que tratamos de alejarnos y etapas que creemos haber dejado atrás. Sin embargo, algunas experiencias permanecen incluso cuando hacemos todo lo posible por desprendernos de ellas. María Zambrano, una de las filósofas españolas más importantes del siglo XX, resumió esa relación entre el amor, la memoria y aquello que forma parte de nosotros con una reflexión tan breve como profunda. «Sólo lo que no se ha podido dejar de querer, ni aun queriendo, nos pertenece». Una frase que plantea una pregunta difícil de responder, ya que ¿qué significa realmente que algo nos pertenezca?
Lo que permanece
La reflexión de María Zambrano puede interpretarse como una defensa de aquello que permanece en nuestro interior pese al paso del tiempo. No habla de posesión en un sentido material, sino de una pertenencia mucho más íntima, ya que hay algo que continúa formando parte de nuestra identidad aunque intentemos dejarlo atrás. Una persona, un recuerdo, un lugar o incluso una experiencia pueden desaparecer de nuestra vida cotidiana y, sin embargo, seguir teniendo un espacio dentro de nosotros.
Esta manera de entender la experiencia encaja con uno de los elementos fundamentales de su pensamiento. María Zambrano intentó superar la separación tradicional entre razón y sensibilidad mediante lo que denominó «razón poética», una forma de conocimiento que concede importancia tanto al pensamiento como a la experiencia, los sentimientos y la dimensión interior del ser humano.
Una filósofa que pensaba diferente
María Zambrano nació en Vélez, en Málaga, en 1904 y murió en Madrid en 1991. Fue discípula de José Ortega y Gasset y desarrolló una trayectoria filosófica profundamente marcada por la Guerra Civil española y por el exilio, que se prolongó durante más de cuatro décadas. Vivió en diferentes países y regresó definitivamente a España en 1984, después de una vida marcada por la distancia de su país de origen.
El exilio tuvo una importancia extraordinaria en su pensamiento. La propia María Zambrano llegó a reflexionar sobre él como una experiencia que había terminado formando parte esencial de su existencia. Esa mirada ayuda a comprender por qué en su obra aparecen constantemente cuestiones relacionadas con la memoria, la identidad, la pérdida, el regreso y aquello que permanece incluso cuando las circunstancias obligan a cambiar de vida.
No resulta casual que la filósofa dedicara una parte específica de su producción al amor. Estudios recogen entre sus obras Dos fragmentos sobre el amor, publicada en 1982, mientras que su pensamiento también está atravesado por referencias a la mística, la poesía y la experiencia interior.