Psicología

Los psicólogos expertos coinciden: las personas que necesitan tener su casa siempre recogida no son perfeccionistas, en realidad lo hacen para regularse emocionalmente

personas casa ordenada
Blanca Espada

Llegar a casa después de haber tenido un día largo y encontrarse la casa algo desordenada no provoca la misma reacción en todo el mundo. Algunas personas pueden dejarlo para más tarde o incluso para otro día, sin darle demasiada importancia, mientras que otras necesitan recoger antes incluso de sentarse a descansar. Este comportamiento suele asociarse con el perfeccionismo o con una personalidad especialmente organizada, pero no siempre responde únicamente al gusto por tener una casa impecable.

La psicóloga Sara Navarrete explica que, en determinados casos, ordenar puede funcionar como una manera de regular lo que sucede a nivel emocional. Después de una discusión, una jornada estresante o una época de incertidumbre, limpiar la cocina o colocar un armario supone enfrentarse a una tarea concreta cuyo resultado depende de nosotros. No podemos solucionar de inmediato muchos de los problemas que nos preocupan, pero sí podemos despejar una mesa o poner cada cosa en su sitio. Esa pequeña sensación de control ayuda a entender por qué algunas personas recurren al orden precisamente cuando están más nerviosas o preocupadas.

La psicologia explica porqué algunas personas necesitan tener la casa siempre ordenada

«El orden externo muchas veces funciona como una forma de regular el mundo interno», explica Navarrete. Cuando una persona atraviesa una situación de estrés, ansiedad o incertidumbre, tener un entorno organizado puede proporcionarle cierta sensación de estabilidad. El objetivo, por tanto, no siempre es conseguir que la casa esté bonita ni demostrar a los demás que somos especialmente cuidadosos.

Esto explica algo bastante habitual: ponerse a limpiar después de una discusión o comenzar a ordenar cajones cuando tenemos demasiadas cosas en la cabeza. La preocupación continúa ahí, pero durante ese tiempo hacemos algo que tiene un principio, un final y un resultado visible. Una cocina desordenada termina limpia y la ropa acumulada vuelve al armario. Frente a problemas mucho más difíciles de controlar, esa transformación inmediata puede resultar tranquilizadora.

Algunas personas soportan peor el desorden

Tampoco todos reaccionamos igual ante una habitación llena de objetos. Para algunas personas apenas supone una molestia, mientras que otras tienen dificultades para relajarse cuando encuentran demasiadas cosas a su alrededor. El llamado ruido visual puede aumentar esa sensación de saturación, especialmente después de una jornada en la que ya hemos acumulado cansancio, preocupaciones y tareas pendientes.

La psicóloga señala que también pueden influir las experiencias anteriores. Quienes han crecido en ambientes impredecibles o con mucha tensión pueden encontrar seguridad en un entorno organizado. Esto no significa que todas las personas muy ordenadas hayan vivido situaciones de este tipo. Simplemente demuestra que nuestra relación con el espacio puede tener un componente emocional. En determinados momentos, una pila de ropa o una encimera llena de objetos deja de ser únicamente desorden y se convierte en otra tarea pendiente que añadir a todas las demás.

Cuándo la necesidad de tener todo recogido se convierte en un problema

Disfrutar de una casa organizada no tiene nada de preocupante. La diferencia aparece cuando la persona necesita que todo esté perfecto para poder relajarse. Navarrete distingue entre un orden que resulta funcional y otro que termina convirtiéndose en una exigencia. Si dejar un plato sobre la mesa provoca una gran irritación o resulta imposible disfrutar de una conversación hasta que la cocina esté completamente recogida, esa necesidad está condicionando ya otros momentos de la vida cotidiana.

También conviene prestar atención cuando no poder limpiar genera una ansiedad intensa, aparecen discusiones frecuentes con las personas con las que se convive o se dedica una parte excesiva del día a ordenar. Además, la tranquilidad conseguida puede durar muy poco: en cuanto algo vuelve a quedar fuera de su sitio, reaparece el malestar. Como resume Navarrete, llega un punto en el que «uno ya no tiene el orden a su servicio. Es la persona la que está al servicio del orden».

Ser muy ordenado no significa tener un TOC

Mantener una casa impecable tampoco implica padecer un trastorno obsesivo compulsivo (TOC). Una persona puede ser extremadamente organizada o perfeccionista sin tener ningún trastorno psicológico. El TOC no se diagnostica por limpiar mucho ni por colocar los objetos de una determinada manera, sino que implica obsesiones, compulsiones o ambas y puede interferir de forma importante en la vida diaria.

Sentir una angustia intensa cuando no se puede realizar determinado ritual, pensar que ocurrirá algo malo si no se hace o dedicar tanto tiempo a estas conductas que terminan perjudicando las relaciones, el trabajo o el descanso son señales diferentes al simple gusto por el orden. Cuando estas situaciones provocan sufrimiento, debe ser un profesional quien valore qué está ocurriendo.

La clave está, según Navarrete, en conservar cierta flexibilidad. Podemos preferir acostarnos con la cocina recogida y, al mismo tiempo, aceptar que alguna noche los platos se queden para el día siguiente. La pregunta que propone la psicóloga resume bien esa diferencia: «¿ordeno porque me gusta o porque no soporto sentir descontrol?». El orden puede ayudarnos a recuperar la calma; el problema comienza cuando necesitamos que todo esté perfecto para poder sentirla.

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