Los psicólogos expertos coinciden: las personas que participan poco en las conversaciones grupales no lo hacen por timidez, en realidad es un detalle que pocos notan
Quedarse callado en una reunión de amigos o familia puede responder a experiencias pasadas o a la falta de confianza, pero también a un estilo de personalidad
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En casi cualquier reunión de amigos o familiares hay alguien que apenas interviene. Escucha, rara vez saca un tema y solo da su opinión cuando se la piden. La primera explicación suele ser la timidez o la falta de habilidades sociales, pero los profesionales de la salud mental señalan que este comportamiento puede tener causas muy distintas, algunas preocupantes y otras no.
Entre las explicaciones menos positivas figuran las malas experiencias pasadas. Una persona que ha sufrido burlas o críticas cada vez que opinaba puede acabar evitando intervenir por miedo a que se repita. Otra causa sería la baja autoestima: quienes se juzgan con dureza tienden a pensar que cualquier cosa que digan será mal recibida.
La otra cara tiene que ver con la introversión. Un estudio publicado en 1999 en la revista American Journal of Psychiatry midió mediante tomografía por emisión de positrones el flujo sanguíneo cerebral de 18 adultos sanos. La introversión se asoció con un mayor flujo en los lóbulos frontales y en la parte anterior del tálamo. La extroversión, en cambio, se relacionó con otras zonas: el giro cingulado anterior, los lóbulos temporales y la parte posterior del tálamo.
Pensar antes de hablar
Los autores partían de una hipótesis: si los introvertidos dedican más tiempo a actividades internas como pensar, planificar o recordar, las áreas asociadas a esas funciones, sobre todo los lóbulos frontales, deberían mostrar más actividad que en los extrovertidos. La investigadora principal, Debra L. Johnson, de la Universidad de Iowa, llegó a plantear que ser tímido o extrovertido podría depender más de cómo está organizado el cerebro que de las experiencias vividas.
A partir de estos resultados, los expertos sostienen que el introvertido puede estar pensando, evaluando y ordenando lo que ocurre antes de intervenir. Por eso captaría detalles que a otros se les escapan. Esto se comprueba cuando se habla a solas con estas personas después de la conversación, porque son capaces de repasar cada punto tratado. Esta última observación es anecdótica y no procede de ningún estudio citado.
Cuándo pedir ayuda
Participar poco en una conversación no es, por sí mismo, un problema. La situación cambia si responde al miedo, a experiencias dolorosas o a una autoestima muy baja, o si la persona siente que no logra seguir el ritmo de las conversaciones. En esos casos, los especialistas recomiendan acudir a un profesional de la salud mental, que puede enseñar técnicas para ganar seguridad al relacionarse con los demás.