Los expertos en interiorismo avisan: si tienes que tender la ropa dentro de casa en otoño, lo recomendable es ventilar o usar deshumidificadores para evitar humedades en las paredes

Con las primeras lluvias del otoño, tediosas para algunos, el tendedero vuelve a instalarse junto a la ventana del comedor o en la habitación que menos se usa. Y es que tender la ropa dentro es, para muchos, la única opción. Sobre todo, cuando no hay terraza, el patio no recibe sol o el cielo amenaza tormenta cada tarde. El gesto parece inocente y lo cierto es que no consume ni un euro de electricidad.
El problema llega después, y no siempre se ve a simple vista. Primero aparecen gotas en los cristales a primera hora de la mañana; más tarde, un olor a cerrado que no se va con nada y, con el paso de las semanas, pequeñas manchas oscuras en una esquina del techo. Los interioristas conocen bien ese patrón y saben de dónde viene.
Ventilar o usar deshumidificadores: la clave indiscutible para tender la ropa dentro sin humedades
La recomendación de los especialistas en interiorismo y vivienda es directa. Si no queda más remedio que tender la ropa dentro de casa en otoño, hay que ventilar la estancia o recurrir a un deshumidificador.
¿El motivo? Pues, básicamente, que toda el agua que la lavadora no consigue escurrir acaba en el aire en forma de vapor invisible y, si no encuentra una salida, termina depositándose en las superficies más frías de la casa.
Para respaldar esto, un trabajo de la Unidad de Investigación en Arquitectura Ambiental Mackintosh (MEARU), de la Escuela de Arte de Glasgow, puso cifras a este fenómeno tras analizar los hábitos de lavado de cien hogares escoceses.
Según sus conclusiones, cada colada libera unos dos litros de agua durante el secado, y en habitaciones mal ventiladas la ropa tendida puede explicar hasta un tercio de la humedad del aire.
Ese vapor vuelve a convertirse en agua cuando toca un cristal, el marco de una ventana o una pared que da al exterior. Es lo que se conoce como condensación, y en otoño e invierno se multiplica por la diferencia de temperatura entre la calle y el interior.
Por eso los investigadores de Glasgow, entre ellos el arquitecto Colin Porteous, resumieron su advertencia en una frase: «Piensa antes de colgar la colada alrededor del radiador».
Moho y ácaros: lo que provoca la humedad acumulada en casa
Cuando la humedad se queda dentro de forma constante, aparecen los inquilinos menos deseados. Los mohos más habituales en las viviendas pertenecen a los géneros Penicillium y Aspergillus, que colonizan techos, esquinas y juntas de ventanas.
A ellos se suman los ácaros del polvo, que proliferan en ambientes húmedos y templados. Ojalá estos últimos fueran inofensivos, pero lamentablemente, ambos son desencadenantes conocidos de alergias y crisis de asma.
La inmunóloga Rebecca Drummond, de la Universidad de Birmingham, lo explicaba en un artículo publicado en el medio The Conversation: secar la ropa en tendederos dentro de espacios mal ventilados «podría aumentar la cantidad de moho que crece en el hogar».
Cabe remarcar que en una persona sana, la exposición habitual a esporas no suele causar problemas, pero el riesgo crece en personas con asma, alergias o defensas bajas.
Por ejemplo, el caso más conocido se produjo en Reino Unido. En 2020, Awaab Ishak, un niño de dos años, murió por la exposición prolongada al moho que cubría las paredes de su casa en Rochdale.
Su muerte dio lugar a la llamada Ley Awaab, que obliga a los propietarios de vivienda social a actuar con rapidez ante las quejas por humedad, y el Gobierno británico publicó después una guía sobre sus riesgos para la salud.
Cómo tender la ropa dentro de casa sin llenar las paredes de humedad
Por otro lado, los expertos coinciden en que no hace falta renunciar al tendedero, sino cambiar algunas costumbres.
La humedad relativa saludable en una vivienda se sitúa, por lo general, entre el 40% y el 60%, y un higrómetro (un medidor que se vende por pocos euros) permite comprobar si la casa se pasa de ese margen. A continuación, estas son las pautas que más se repiten:
- Ventilar entre diez y quince minutos con corriente cruzada mientras la ropa se seca, aunque haga frío fuera.
- Colocar un deshumidificador cerca del tendedero, que acelera el secado y retira el agua del aire.
- Activar el modo dry del aire acondicionado, si lo hay, que reduce la humedad sin enfriar en exceso.
- Elegir un centrifugado más alto en la lavadora para que la ropa salga con menos agua.
- Llevar el tendedero a un baño con extractor o a un pasillo, nunca al dormitorio.
Hay, en cambio, un hábito que conviene desterrar por completo: poner la ropa sobre el radiador. El calor evapora el agua de golpe en un espacio cerrado, de modo que la humedad se dispara y la condensación aparece antes.
Además, puede estropear algunas prendas y deja ese olor a humedad que tanto cuesta quitar. Los tendederos eléctricos con calor, siempre en una estancia ventilada, son una alternativa más segura.
Si las manchas ya han aparecido, pintar encima no sirve de nada, porque el moho vuelve a salir al cabo de unas semanas. Las superficiales pueden tratarse con lejía diluida, vinagre o productos antimoho, pero cuando la humedad ha calado en el yeso, a veces no queda otra que picar la pared.
En cambio, el depósito del deshumidificador, deja a la vista cuánta agua flotaba en el aire tras una sola colada.