Esta isla que cambia de Gobierno cada seis meses: cada medio año es de un país y es así desde el siglo XVII
Toma nota de lo que pasa en esta isla cada seis meses
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Cada medio año es de un país y es así desde el siglo XVII, esta isla cambia de gobierno cada seis meses. La realidad siempre acaba superando la ficción y lo hace de tal forma que nos descubre que hay lugares en el planeta con una serie de peculiaridades que acabarán generando más de una sorpresa del todo inesperada. En estos días en los que cada detalle cuenta, podemos empezar a generar algunos elementos que serán esenciales.
Hay una pequeña isla que puede convertirse en fuente de un estudio que puede cambiarlo todo. La manera en la que se organiza políticamente es un auténtico ejemplo a seguir o un caos, depende de cómo se mire. La forma en la que está estructurada puede acabar siendo lo que nos acompañará en estos días que tenemos por delante y que será esencial en estos días que tenemos por delante. Podemos aprovechar el tiempo para descubrir un país que puede darnos más de una sorpresa del todo inesperada en estos días en los que una importante singularidad sale a la luz.
Cada medio año es de un país y así es desde el siglo XVII
Muy cerca de casa podemos tener una isla que puede acabar siendo la excusa perfecta para visitar un elemento que tiene una peculiaridad que hay que tener en consideración. Tenemos por delante con algunos detalles que pueden acabar siendo los que nos acompañarán en estos días.
Es momento de apostar claramente por una serie de elementos que, sin duda alguna, pueden acabar generando más de una sorpresa del todo inesperada. Estaremos a merced de algunos elementos que pueden ser esenciales y que, sin duda alguna, deberemos conocer en primera persona.
Una isla nos enseña que se puede vivir entre dos países, teniendo en cuenta que de forma pacífica pasa a ser de uno o de otro por un curioso convenio que puede acabar siendo el que se convierta en un ejemplo para otros países. Se puede llegar a una solución que quizás nos costará creer, pero puede acabar resultando de lo más interesante, si lo que queremos es descubrir la esencia de este tipo de elementos que serán claves.
Desde el siglo XVII cambia de manos cada seis meses y se ha mantenido de esta manera siendo un ejemplo en estos tiempos que corren.
La isla que cambia de Gobierno cada seis meses es esta
Esta isla se ha convertido en un elemento que, sin duda alguna, puede convertirse en un plus de buenas sensaciones. Un giro radical que puede convertirse en la antesala de algo más, de una serie de peculiaridades que pueden acabar siendo las que nos acompañarán en estos días que tenemos por delante.
Tal y como se presenta esta isla desde el blog de Fronteras: «Teophile Gautier, que no por nada era poeta, aseveró en su día que la Isla de los Faisanes era del tamaño y forma de un lenguado frito medianejo. Es un poco más grande que eso (220 metros de largo y 39 de ancho, con una superficie de unos 6.000 metros cuadrados), pero ciertamente es un islote sin demasiado interés, fuera de su relevancia histórica y fronteriza. Unas pocas docenas de chopos, hierba en abundancia, maleza que crece sin molestias y poco más. En uno de sus extremos se acumulan algas y basura traídos y llevados por las mareas, y en el centro de la isla se alza un monumento sesquicentenario. No hay fauna apreciable en el islote, más allá de insectos y algún ave despistada. Desde luego, no hay faisanes. Veinte metros de corriente Bidasoa mediante, se alcanza Hendaya, en Francia. Cincuenta metros al sur, se encuentra Behovia, barrio histórico de Irún. El Río Bidasoa oficia de frontera entre España y Francia en los veinte primeros kilómetros de la frontera común, justo hasta el límite entre Euskadi y Navarra. Hay varias islas en la desembocadura del río, y todas pertenecen a España. La Isla de los Faisanes también, pero sólo seis meses al año, los que van de febrero a julio. Los otros seis, es un territorio administrativamente francés».
Siguiendo con la misma explicación: «La relevancia histórica de la Isla de los Faisanes se remonta al siglo XVII. En 1659 España y Francia ponían fin a su parte de la terrible Guerra de los Treinta Años, un conflicto paneuropeo que dejó más de tres millones de muertos y esquilmó la población continental hasta límites sólo alcanzados por la Peste Negra. La firma de la paz se plasmó en el Tratado de los Pirineos que, como el lector ya habrá adivinado, se firmó precisamente en la Isla de los Faisanes. Allí negociaron durante semanas Luis de Haro, enviado del rey español Felipe IV y el cardenal Mazarino, plenipotenciario de Luis XIV de Francia. Para las negociaciones se instalaron dos tiendas, una por país, con una sala en medio, un esquema que quizá sirvió de inspiración a la ya mítica sala de reuniones que hay en la frontera entre las Coreas. Un par de puentes temporales, uno en cada orilla, fueron alzados para permitir el acceso de los plenipotenciarios y su séquito al islote. Tras 24 sesiones, el 7 de julio de 1659 se firmó el tratado, en el que se acordó entre otras cosas el traspaso a Francia de las comarcas del Rosellón, el Conflent, el Vallespir y la Alta Cerdaña, dando lugar a la frontera hispanofrancesa tal y como la conocemos hoy».