Carl Jung, psicólogo: «El encuentro de dos personas es como el contacto de dos sustancias químicas; si hay reacción, ambas se transforman»
Carl Jung (1875-1961) fue el psiquiatra suizo que rompió con el famoso neurólogo austriaco Sigmund Freud para fundar la psicología analítica. Donde Freud veía traumas reprimidos, Jung encontró arquetipos, inconsciente colectivo y un proceso de maduración al que llamó individuación. Este último simbolizaba el camino de convertirse en uno mismo.
Sus ideas sobre cómo las personas se influyen mutuamente en cualquier encuentro real quedaron resumidas en una frase escrita en 1933 que hoy circula en libros de autoayuda, presentaciones de empresa y tatuajes. Pero nació en un contexto bien distinto al que se le suele dar.
¿Qué quiso decir exactamente Carl Jung con la metáfora de las sustancias químicas?
La frase «El encuentro de dos personas es como el contacto de dos sustancias químicas; si hay reacción, ambas se transforman» aparece en El hombre moderno en busca de un alma, un volumen de conferencias que Carl Jung publicó en 1933.
Aunque el contexto que la mayoría le daría es el del amor o la amistad, lejos está de ello. Porque Jung, en realidad, se refería a la consulta del psiquiatra.
Jung argumentaba que el terapeuta no es una figura neutral que observa al paciente desde fuera. Cualquier sesión produce una reacción en ambos sentidos: al igual que dos compuestos químicos alteran su estructura al entrar en contacto, el médico que trata un caso también cambia.
«No puedes ejercer influencia en alguien si no eres susceptible a la influencia», escribió Jung. Ese principio rompía con la imagen del clínico distante y objetivo que la medicina del siglo XIX había construido. Para Jung, fingir esa neutralidad, además de imposible, era peligroso.
La frase, sin embargo, trasciende la terapia. Jung la concibió como un principio general. En cualquier encuentro real (una conversación decisiva, una amistad que dura décadas, una relación amorosa), las dos partes salen distintas de como entraron, si es que algo ocurrió de verdad entre ellas.
La vida de Carl Jung: el psiquiatra que fue más allá de Freud
Carl Jung nació en julio de 1875 en Kesswil, Suiza, hijo de un pastor protestante. De niño tuvo sueños y visiones que lo marcaron de por vida y que años después utilizaría como punto de partida para sus teorías sobre el inconsciente. Estudió medicina en Basilea y se especializó en psiquiatría en la clínica Burghölzli de Zúrich.
Su encuentro con Sigmund Freud en 1907 fue, en sus propias palabras, una conversación de trece horas sin pausa. Freud lo llegó a ver como su heredero intelectual. Sin embargo, Jung rechazó pronto el dogma de que toda neurosis tiene origen sexual y propuso que la libido era energía psíquica en sentido amplio, no una fuerza puramente sexual.
La ruptura llegó en 1913. Fue tan dura que Jung entró en una crisis creativa que duró varios años. Anotó sueños, dibujó imágenes arquetípicas y escribió lo que se convertiría en el Libro Rojo, publicado décadas después de su muerte.
Esa travesía interior le permitió formular los conceptos que definen su obra: la sombra (lo que reprimimos de nosotros mismos), el ánima/ánimus (la dimensión opuesta que todos llevamos) y la individuación (el proceso de integrar lo consciente y lo inconsciente para llegar a ser uno mismo).
Murió en 1961 en Küsnacht, a orillas del lago de Zúrich, donde había vivido y trabajado durante décadas.
¿Por qué la postura de Jung sobre el encuentro humano sigue siendo válida?
Uno de los argumentos más sólidos a favor de Jung es que él mismo buscó validación científica para sus ideas. Durante años mantuvo una colaboración activa con Wolfgang Pauli, Premio Nobel de Física en 1945 y uno de los fundadores de la mecánica cuántica.
Pauli aportó el marco conceptual de la física para el concepto de sincronicidad (coincidencias con significado) que Jung desarrolló en paralelo.
Que un Nobel de Física tomara en serio a Jung dice muchísimo. ¿Por qué? Pues, indica que sus intuiciones sobre la interdependencia entre observador y observado tenían resonancias en la propia física del siglo XX.
Desde la psicología contemporánea, la idea de que las relaciones nos transforman está respaldada por investigaciones en neurociencia.
Los estudios sobre regulación emocional interpersonal muestran que el sistema nervioso de dos personas que interactúan de forma sostenida se sincroniza: el ritmo cardíaco, la respiración y la actividad cerebral se acompasan.
La metáfora de las sustancias químicas que Jung propuso en 1933 resulta más literal de lo que él mismo pudo imaginar. Por algo, cuando notamos que con alguien existe algo, seguimos diciendo que hay química.