Armando Palacio Valdés, escritor asturiano candidato al premio Nobel de Literatura, sobre la felicidad: «Para que un hombre sea realmente feliz debe estar contento de sí mismo»
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Solemos buscar la felicidad en lo que ocurre a nuestro alrededor: el éxito, el dinero, el reconocimiento o, sencillamente, que la vida se ajuste a nuestros planes. Igual que José Echegaray ha dado grandes consejos al respecto, personalidades que se quedaron al borde del Nobel de Literatura también aportaron su granito de arena.
El caso más claro es el de Armando Palacio Valdés, nacido en Asturias y que rozó el Nobel varias veces: «Para que un hombre sea realmente feliz debe estar contento de sí mismo».
No debes interpretarlo como una forma de conformismo, sino como una invitación a vivir de una manera que nos permita estar en paz con nosotros mismos. Y si lo piensas, quizás deberías aplicarlo en tu vida.
Por qué Armando Palacio Valdés vinculaba la felicidad con estar contentos de uno mismo
La idea de felicidad ha traído de cabeza a varios candidatos al premio Nobel, por lo que no es de extrañar que Palacio Valdés también se interesase por el tema. Pero para el escritor asturiano esto no era creerse perfecto.
La frase de Armando Palacio Valdés apunta más bien a la conciencia. Resulta difícil sentirse verdaderamente feliz cuando existe un desacuerdo constante entre lo que pensamos, lo que decimos y lo que terminamos haciendo.
Por ejemplo, una persona puede tener dinero, estabilidad, buenas relaciones e incluso prestigio, pero nada de eso garantiza la tranquilidad. Si no se siente cómoda con sus decisiones o con la manera en que trata a los demás, siempre habrá algo que no termine de encajar.
Por ello el escritor de Laviana recomienda una felicidad poco espectacular y alejada de los grandes momentos, sin apariencias. Esa felicidad debe nacer de poder echar la vista atrás sin avergonzarse.
Cómo aplicar la frase de Armando Palacio Valdés sobre la felicidad en nuestra vida
Lo mejor de la frase de Palacio es que por muchos años que pasen se puede aplicar a asuntos cotidianos. Por ejemplo, cuando alguien cumple aquello que se había prometido, reconoce que se ha equivocado o se comporta con dignidad aunque nadie vaya a felicitarlo por ello.
También puede servir para hacerse preguntas incómodas: ¿estoy actuando como realmente pienso?, ¿trato bien a las personas que tengo cerca?, ¿estoy tomando mis propias decisiones o vivo pendiente de la opinión ajena?
Hay que mentalizarse con que estar contento de uno mismo no exige llevar una vida impecable, sino ser capaz de reconocer los errores y hacer algo para corregirlos. Ahí está la diferencia entre tener una conciencia tranquila y limitarse a buscar excusas.
Quién fue Armando Palacio Valdés, el escritor asturiano candidato al Nobel
Armando Palacio Valdés nació el 4 de octubre de 1853 en Entralgo, una localidad del concejo asturiano de Laviana. Cuando apenas tenía unos meses, su familia se trasladó a Avilés.
En 1865 se instaló en Oviedo para estudiar el Bachillerato. Allí coincidió con Leopoldo Alas, Clarín, además de con Tomás Tuero y Pío Rubín. De hecho, el contacto con ellos despertó su interés por la literatura, el teatro y los debates intelectuales.
Cinco años más tarde se marchó a Madrid para estudiar Derecho, donde frecuentó el Ateneo, participó en tertulias, colaboró con distintos periódicos y llegó a dirigir durante varios años la Revista Europea.
Sus primeras publicaciones estuvieron relacionadas con la crítica literaria. De aquella etapa surgieron títulos como Los oradores del Ateneo, Los novelistas españoles y Nuevo viaje al Parnaso. En 1881 publicó El señorito Octavio, su primera novela y el comienzo de una larga trayectoria narrativa.
Cuáles son las obras más reconocidas del candidato al Nobel Palacio Valdés
Pero quizás sus obras más reconocidas sean Marta y María, Riverita, Maximina, La hermana San Sulpicio, La espuma, La fe, El maestrante, Los majos de Cádiz, La alegría del capitán Ribot y La aldea perdida.
Gracias a su prestigio, la Real Academia Española lo eligió académico de número en 1906, aunque su ingreso efectivo se produjo en 1920. También presidió el Ateneo de Madrid y recibió reconocimientos dentro y fuera de España. En 1927 y 1928 figuró entre los candidatos al Premio Nobel de Literatura.
Palacio Valdés murió en Madrid el 29 de enero de 1938, a los 84 años. Dejó una obra extensa, vinculada al realismo y especialmente interesada en los dilemas morales de sus personajes.
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