Paco Ureña vuelve a los ruedos cortando una meritoria oreja en Valencia

Paco Ureña
Paco Ureña durante una de sus faenas (Foto: EFE).

El diestro murciano Paco Ureña, que regresaba este sábado a los ruedos seis meses después de perder la visión de su ojo izquierdo por una cornada, cortó una oreja de ley como premio a una entregada actuación en la que no pareció acusar los efectos de tan grave percance.

El peso del trofeo obtenido por Ureña contrastó con el que, con amplia benevolencia presidencial, paseó Enrique Ponce tras su liviana faena al cuarto, al que, además, mató de un feo bajonazo.

Por tanto, la aparente igualdad en el "marcador" no hace justicia a lo sucedido en el mano a mano que enfrentó a ambos espadas por caída de cartel de José María Manzanares.

La tarde era y fue para Paco Ureña que, tras saludar una unánime ovación de ánimo tras el paseíllo, ya marcó sus intenciones en el quite por gaoneras que le hizo al primero de la tarde, pasándose por los muslos al de Juan Pedro Domecq con un escalofriante ajuste.

Lamentablemente, el primer toro que mataba en público tras el percance de Albacete, por el que ha llegado incluso a perder hace un par de semanas el globo ocular, fue tan descastado y vacío como el resto de la corrida, a pesar de su terciado trapío. Y Ureña no llegó a encontrar con él un éxito para el que no dejó de insistir.

Hubo de ser ya con el cuarto, con algo más de duración pero similar descastamiento, cuando Ureña pudo llevarse la primera satisfacción tras medio año de convalecencia, pero a costa de ser él quien pusiera toda la entrega que le faltó al animal.

Muy firme de plantas y asentadísimo en la arena, lo llevó siempre tan embebido en la muleta que logró alargar en más de una ocasión, y sobre todo al natural, unas medias embestidas a las que se impuso en todo momento hasta que, tras un pinchazo, tumbó al animal de una estocada fulminante y por derecho.

Fue de ley la oreja que le dieron como premio, como pudo ser también la que habría cortado del sexto de haberlo matado con contundencia.

Fue este último de la tarde el de mayor volumen del sexteto, aunque también se desinfló pronto y obligó a Ureña a meterse en la distancia corta con la misma determinación y firmeza.

No fue, pues, un triunfo redondo, pero la mejor noticia de la tarde es que, en su regreso a los ruedos, el torero de Lorca dejó la sensación de que lo sucedido aquel 14 de septiembre en Albacete no ha afectado en lo más mínimo su valor ni su concepto del toreo.

En cambio, la actuación de Enrique Ponce, en el día que cumplía 29 años de alternativa en esta misma plaza, dejó más interrogantes. Si bien, y por un trasteo ligerito, se llevó una orejita del segundo de su lote -el que abrió plaza se desfondó a las primeras de cambio-, luego no llegó a aprovechar en toda su dimensión la bravura del quinto, el único toro con opciones de la corrida.

Aparte de que fallara reiteradamente con la espada, con la que apuntó toda la tarde a los bajos, el veterano diestro valenciano se manejó con ventajas más o menos disimuladas ante las exigentes embestidas del codicioso animal.

La faena, muy jaleada por sus paisanos más metidos en fiesta, se basó en empalmar pases vistosos pero despegados y de escaso mando, antes de cortar la faena demasiado pronto, cuando al toro aún le quedaba bastante por ofrecer y por torear.

FICHA DEL FESTEJO:

Seis toros de Juan Pedro Domecq, muy desiguales de volumen, hechuras y cuajo.

Enrique Ponce, de azul turquesa y oro: pinchazo y media estocada baja (silencio); bajonazo (oreja); metisaca en las bajos, cuatro pinchazos y media estocada caída (ovación).

Paco Ureña, de rosa y oro: tres pinchazos y estocada desprendida (silencio tras aviso), pinchazo y estocada (oreja); pinchazo, pinchazo hondo y dos descabellos (ovación tras aviso).

Séptimo festejo de abono de la feria de Fallas, con lleno total en los tendidos (algo menos de 12.000 espectadores).

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