Lara Dibildos revela a COOL el drama real tras el frenazo teatral de Terelu Campos y el final de ‘Santa Lola’: «Le daba miedo»
La etapa teatral de Terelu Campos con 'Santa Lola' ha llegado a su fin tras una gira iniciada en abril
Según ha revelado Lara Dibildos, el final estaba pactado: un número concreto de funciones y cierre en Madrid
Detrás de esa decisión hay un factor clave, el miedo escénico que la presentadora llevaba "por dentro"
«Se terminó». La frase, pronunciada con naturalidad por Lara Dibildos en conversación con COOL, no solo confirma el final de Santa Lola, sino que destapa la verdadera historia que ha habido detrás de la aventura teatral de Terelu Campos: una experiencia marcada por el miedo escénico y por una decisión tomada mucho antes de que bajara el telón.
Santa Lola se estrenó en abril de 2025 en Valladolid, iniciando una gira que durante meses recorrió distintas ciudades españolas antes de llegar a su tramo final en Madrid. Allí, en el Teatro Calderón, la comedia se representó entre el 29 de octubre y el 26 de noviembre, poniendo punto final a casi siete meses de recorrido sobre los escenarios. Sobre el papel, la propuesta tenía todos los ingredientes para funcionar: una historia accesible, con humor y reflexión, en la que Terelu interpretaba a una influencer que, tras morir, debía enfrentarse a un juicio en las puertas del cielo para decidir su destino. Pero lo que ocurría sobre las tablas era solo una parte de la historia. La otra, mucho más silenciosa, se desarrollaba detrás del telón.

Porque, tal y como se desprende de las palabras de Lara Dibildos y del entorno de la obra, la experiencia no fue fácil para la protagonista. El teatro, lejos de convertirse en un espacio cómodo, se transformó en un terreno de tensión constante. Cada función suponía un reto emocional que iba más allá de lo interpretativo. «Tenía miedo. Luego salía a escena y lo hacía tan bien que nadie percibía ese miedo, pero lo llevaba por dentro. Y al final decidió que hasta ahí”, explica.
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El miedo acompañó a Terelu durante buena parte de la gira. Acostumbrada a la televisión, donde el control del ritmo, los tiempos y los errores es completamente distinto, el salto al teatro implicaba exponerse sin red. Sin cortes. Sin posibilidad de corregir. Y con la reacción del público en tiempo real. Ese cambio de contexto, sumado a la presión mediática que rodeó el proyecto desde el primer momento, fue generando un desgaste progresivo. La presencia de Terelu en la obra no solo atrajo atención, sino también críticas y debates sobre su papel en el escenario. Cada función era observada con lupa, cada detalle analizado. Y en ese ambiente, sostener una función de más de hora y media se convertía en algo más que una interpretación: era una prueba constante.

