Contaminación

Nadie lo vio venir, pero la ciencia lo confirma: China fulmina en 12 años el 98% de la contaminación de su capital

Contaminación
Comparación del cielo en Liaoning, China. Foto: Tomskyhaha en Wikimedia Commons.
  • Alejo Lucarás
  • Periodista y redactor SEO especializado en actualidad, ciencia aplicada, tecnología y fenómenos sociales, con un enfoque divulgativo y orientado a explicar al lector cómo los grandes temas de hoy impactan en su vida cotidiana.

La contaminación atmosférica ha marcado durante décadas el desarrollo urbano de Pekín. Las partículas en suspensión, especialmente las PM2.5, situaron a la capital china entre las ciudades con peor calidad del aire del mundo a comienzos de la pasada década. Desde entonces, los datos fueron observados por autoridades sanitarias y organismos internacionales.

En este contexto, los registros correspondientes a 2025 reflejan una evolución que rompe con el patrón histórico. La mejora no responde a un episodio puntual ni a circunstancias coyunturales, sino a una transformación progresiva que se ha ido consolidando año tras año. La clave está en entender qué ha cambiado y por qué bajó la contaminación.

¿Cómo hizo China para reducir el 98% de la contaminación de su capital en 12 años?

La evolución de la contaminación en Pekín entre 2013 y 2025 muestra un descenso sostenido de las partículas PM2.5, el contaminante más utilizado para medir la calidad del aire urbano.

Según los datos de la Oficina Municipal de Ecología y Medio Ambiente, la concentración media anual de estas partículas se situó en 27 microgramos por metro cúbico en 2025, frente a los 89,5 microgramos registrados en 2013.

Este descenso supone una reducción cercana al 98% en poco más de doce años. Es, además, la primera vez desde que existen mediciones oficiales que la capital china baja del umbral de los 30 microgramos anuales, una referencia clave dentro de los estándares nacionales.

En paralelo, el número de días con episodios graves de contaminación se ha reducido hasta prácticamente desaparecer del calendario anual.

En 2025, solo una jornada alcanzó niveles considerados graves por el Índice de Calidad del Aire de China. A comienzos de la década pasada, ese tipo de episodios se concentraban en decenas de días al año, condicionando la actividad económica y la vida cotidiana de la ciudad.

Menos partículas en suspensión y más días de aire limpio para Pekín

El impacto más visible de esta reducción de la contaminación se aprecia en el número de días con aire limpio o moderado. Durante 2025, Pekín registró 311 jornadas con niveles bajos o aceptables de PM2.5, la cifra más alta desde que se inició la monitorización sistemática de la calidad del aire.

Estas micropartículas son especialmente relevantes desde el punto de vista sanitario, ya que pueden penetrar en los pulmones y en el torrente sanguíneo, aumentando el riesgo de enfermedades respiratorias y cardiovasculares.

La Organización Mundial de la Salud fija como referencia una exposición media anual inferior a 10 microgramos por metro cúbico, un objetivo que Pekín aún no alcanza, pero al que se ha acercado de forma significativa.

La eliminación casi total de los días de contaminación severa indica un cambio estructural. Las autoridades ambientales chinas subrayan que este resultado no se explica por factores meteorológicos aislados, sino por una reducción constante de las emisiones procedentes del tráfico y de la industria pesada.

Restricciones al tráfico y control industrial contra la contaminación

El punto de inflexión se sitúa en 2013, cuando los niveles de contaminación alcanzaron su máximo histórico. Ese año, tanto el Gobierno central como el municipal pusieron en marcha un plan de acción específico contra la polución atmosférica, centrado en el transporte y en las emisiones industriales.

Entre las principales medidas adoptadas destacan la retirada progresiva de vehículos antiguos, la exigencia de estándares de emisiones equivalentes a la normativa Euro 6 para los coches nuevos y la limitación de la circulación en episodios de alta contaminación mediante sistemas de matrículas pares e impares.

A ello se suma una ampliación notable de la red de transporte público, con el objetivo de reducir la dependencia del coche privado. Metro, autobuses y redes de movilidad alternativa han ganado peso en los desplazamientos diarios, contribuyendo a una disminución directa de las emisiones contaminantes.

El papel del coche eléctrico en la caída de la contaminación

La electrificación del parque móvil ha sido otro factor determinante en la reducción de la contaminación en Pekín. China cuenta ya con cerca de 37 millones de vehículos en circulación, de los cuales alrededor del 10% son eléctricos, híbridos enchufables o de tecnologías alternativas. En la capital, la proporción es aún mayor debido a los incentivos específicos.

Las ventas de coches eléctricos han crecido de forma constante: en 2020 representaban apenas el 5 % del mercado, mientras que en 2025 superaron el 50% de las nuevas matriculaciones, según datos preliminares. En Pekín, estos vehículos han quedado excluidos de algunas restricciones de circulación por contaminación, lo que ha acelerado su adopción.

En 2024 se vendieron más de 640.000 vehículos eléctricos nuevos en la ciudad, cifra que siguió aumentando en 2025. A escala nacional, las matriculaciones superaron los 12 millones de unidades en un solo año. Este cambio se ha visto acompañado por una amplia red de puntos de recarga y por la electrificación de taxis y autobuses urbanos.

Aunque los niveles de contaminación de Pekín todavía se sitúan por encima de los registrados en ciudades europeas como Madrid, París o Berlín, la velocidad del descenso no tiene precedentes recientes.

Mientras que otras grandes urbes necesitaron varias décadas para controlar las partículas en suspensión, la capital china ha logrado contenerlas en poco más de diez años, marcando de esta forma un nuevo escenario en la gestión urbana de la calidad del aire.

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