EXPERIMENTOS AL LÍMITE

Los científicos no se lo pueden creer: se daña el cerebro con un cañón que él mismo había fabricado

Un investigador noruego sufre secuelas tras probar en su propio cuerpo un emisor de microondas para desmentir el 'síndrome de la Habana'

La CIA y el Pentágono siguen de cerca el caso tras confirmarse que el dispositivo causó alteraciones neurológicas reales

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cañón de microondas
Científico cargando un cañón de microondas | Imagen generada por IA

Lo que comenzó como un intento audaz de desmontar una teoría de conspiración ha terminado en un drama médico con implicaciones geopolíticas. Un científico noruego, escéptico ante las historias sobre armas secretas de energía, decidió construir su propio cañón de microondas para demostrar que estos aparatos no eran peligrosos para el ser humano.

Sin embargo, tras utilizarse a sí mismo como cobaya, el experimento ha dado un giro trágico: el investigador ha desarrollado daños neurológicos que coinciden con los síntomas que él mismo pretendía negar. Ahora, hasta la inteligencia estadounidense se ha desplazado a Noruega para estudiar las secuelas de este dispositivo casero.

El peligroso experimento para negar el ‘síndrome de la Habana’

El origen de esta historia se remonta al misterioso síndrome de la Habana, un conjunto de mareos, fatiga y dolores de cabeza que afectó a diplomáticos de EE. UU. desde 2016 y que muchos atribuían a ataques con microondas rusos.

El protagonista de este caso, un experto empleado por una agencia gubernamental noruega, no creía en esta hipótesis y decidió fabricar un arma de energía dirigida para probarla por su cuenta.

A diferencia de un horno doméstico, este cañón de microondas de alta potencia (HPM) concentra la energía en pulsos específicos. El científico se expuso voluntariamente a estas ondas durante 2024, convencido de que no sentiría nada. El resultado, sin embargo, fue devastador: poco después desarrolló vértigo, problemas de equilibrio y fatiga extrema, síntomas que encajan con el cuadro clínico que ha tenido en jaque a la Casa Blanca durante años.

El Pentágono y la CIA, en alerta por los resultados

La noticia de que un científico europeo había logrado replicar estos síntomas con un aparato casero corrió como la pólvora. Según ha trascendido, equipos vinculados al Pentágono y a la CIA han visitado Noruega para analizar el dispositivo y estudiar los efectos biológicos en el investigador. Aunque los estudios médicos oficiales aún no han encontrado una «firma» clara de lesión física en el cerebro de los afectados, este caso demuestra que la tecnología de microondas sí puede alterar el funcionamiento neurológico humano.

 

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Este incidente ha reabierto un debate que parecía cerrado:

  • Física frente a política: una cosa es saber quién disparó y otra, muy distinta, demostrar que la tecnología puede causar daño. El noruego ha probado lo segundo por las malas.
  • Falta de blindaje: el experimento carecía de protocolos de seguridad, lo que permitió que las ondas «cocinaran» de forma invisible ciertos procesos neurológicos.
  • Nuevas evidencias: aunque el consenso científico era escéptico, este «ladrillo» de evidencia física complica la narrativa oficial.

Un recordatorio de la letalidad de las microondas

Este suceso es una advertencia sobre la peligrosidad de la energía dirigida. No hace falta una gran infraestructura para crear un dispositivo capaz de generar secuelas; basta con un error de cálculo o un exceso de confianza.

Mientras el científico noruego intenta recuperarse de las secuelas, su cañón de microondas ha pasado de ser un proyecto de laboratorio a una prueba clave en uno de los mayores misterios del espionaje moderno. La física, una vez más, ha demostrado que no necesita conspiraciones para ser letal.

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