Bombazo en la geología: hallan una línea marrón en el océano que no para de crecer
Una franja que parece una mancha pero que no es petróleo y ningún vertido
En 2025 se han eliminado 45.000 toneladas de basura del océano
El océano: el último gran misterio de la Tierra

Una línea marrón que a simple vista parece una mancha, cruza el océano Atlántico desde África hasta el Caribe. Pero no se trata de petróleo ni de un accidente puntual. Lo que los satélites captan desde hace más de una década es el rastro creciente de millones de toneladas de sargazo, una macroalga parda que, cuando se multiplica sin control, forma lo que los científicos ya llaman el Gran Cinturón de Sargazo del Atlántico.
No es algo nuevo aunque ha aumentado su presencia. En mayo de 2025, los sistemas de seguimiento satelital estimaban la presencia de 38 millones de toneladas de biomasa flotando entre el Atlántico tropical y el mar Caribe. Es una cifra récord que supera el máximo registrado en 2022 y que vuelve a poner el foco en un fenómeno cada vez más frecuente, más visible y más problemático, tanto para el medioambiente como para la economía de los países costeros. Así esa línea marrón en el océano que empezó como una curiosidad oceanográfica se ha convertido en una señal incómoda de desequilibrio a escala continental. Y lo peor es que la línea marrón no deja de crecer.
Qué es exactamente esa línea marrón que cruza el océano Atlántico
El sargazo no es una alga cualquiera. Es un tipo de macroalga flotante, de color pardo, que forma parte natural del ecosistema oceánico. En cantidades moderadas, incluso puede resultar beneficiosa ya que sirve de refugio a peces, tortugas y otros organismos. El problema aparece cuando esas masas dejan de dispersarse y empiezan a acumularse en grandes cantidades, empujadas por vientos y corrientes.
Desde el año 2011, satélites de la NASA y sistemas como el Sargassum Watch System (SaWS) han detectado un patrón que se repite: una banda estacional de sargazo que aparece cada primavera y verano y que puede extenderse miles de kilómetros, desde la costa de África hasta el golfo de México. Esa línea, que ahora se detecta cada año, ya no es una anomalía. Se ha convertido en una característica recurrente del Atlántico tropical.
Por qué crece tanto y tan rápido
La respuesta no es sencilla. Los expertos coinciden en que no hay una única causa, sino varios factores que se retroalimentan y que por ello, preocupan. Son estos:
- Temperaturas más cálidas. El calentamiento global favorece que el sargazo se reproduzca más y durante más tiempo. Cuanto más calor, más crecimiento.
- Aporte extra de nutrientes. Grandes ríos como el Amazonas, la actividad agrícola, la deposición de polvo del Sahara o movimientos oceánicos que elevan nutrientes desde el fondo también alimentan estas proliferaciones.
- Vientos y corrientes oceánicas. Si las masas de sargazo se mueven hacia el oeste, acaban llegando a las costas, y ahí el impacto se multiplica.
Un informe reciente de la Universidad del Sur de Florida insiste en que la disponibilidad de nutrientes es clave, aunque admite que todavía no se entiende del todo la dinámica del cinturón ni qué factores marcan la diferencia entre un año moderado y un año récord.
Qué ocurre cuando el sargazo llega a la costa
El verdadero problema empieza cuando el sargazo deja de flotar y empieza a pudrirse. Al llegar a playas o aguas poco profundas, la masa se acumula, se descompone y libera gases irritantes, como el sulfuro de hidrógeno. El mal olor es solo una parte del asunto.
La descomposición consume oxígeno, afecta a peces, invertebrados y praderas marinas, y puede alterar por completo la calidad del agua. También empeora la salud pública, provocando molestias respiratorias en personas sensibles.
Y luego está el coste económico. Quitar toneladas de sargazo húmedo mezclado con arena requiere maquinaria, personal, transporte y gestión del residuo, que no siempre se puede reciclar. A veces contiene contaminantes o materia orgánica difícil de tratar.
Organismos como la NOAA en Estados Unidos califican ya estas acumulaciones como eventos de riesgo para la biodiversidad, la pesca y el turismo. En islas del Caribe o costas mexicanas, se han tenido que cerrar playas y cancelar reservas por la llegada masiva de algas en putrefacción.
Para los científicos, el sargazo no es una catástrofe en sí misma, pero sí un síntoma claro de que el sistema marino-atmosférico está desajustado. Y como la línea marrón se ve desde el espacio, se convierte en una alerta visible de lo que pasa debajo de la superficie.
¿Qué se puede hacer ahora?
No existe una solución mágica. Nadie puede detener una floración oceánica de millones de toneladas aunque se pueden aplicar estrategias para anticipar, mitigar y prevenir y que son:
- Mejor vigilancia. Plataformas como SaWS o el Sargassum Tracker permiten prever dónde y cuándo llegará el sargazo. Compartir esa información con autoridades y comunidades es clave para organizar la respuesta.
- Gestión rápida en la costa. Retirar el sargazo antes de que se degrade ayuda a reducir su impacto, pero requiere equipos, protocolos y financiación.
- Reducción de presiones. Mejorar el control sobre el vertido de nutrientes desde tierra puede ayudar a reducir la “gasolina” que alimenta estas proliferaciones. No las eliminará del todo, pero sí puede hacerlas menos agresivas.