Los expertos en minería avisan: el precio del cobre debería doblarse para asegurar el suministro mundial
Un informe académico advierte que el precio del cobre debería duplicarse para garantizar el suministro mundial en las próximas décadas. Según expertos en minería, sin un fuerte incentivo económico, será inviable desarrollar nuevas explotaciones capaces de responder a la creciente demanda global.
El estudio, publicado en la revista SEG Discovery y elaborado por investigadores de la Universidad de Michigan, Cornell la Universidad de Queensland, sostiene que el problema no es la falta de cobre en el subsuelo, sino la velocidad a la que se está extrayendo frente al ritmo de consumo impulsado por el desarrollo económico y la transición energética.
Por qué el precio del cobre tendría que duplicarse
Las proyecciones indican que, de aquí a 2050, la industria minera seguirá en una fase de crecimiento casi exponencial. De hecho, se estima que en los próximos 32 años se extraerán alrededor de 905 millones de toneladas de cobre, una cifra superior a toda la producción acumulada en la historia previa (784 millones).
Sin embargo, incluso ese volumen no alcanzaría para cubrir la demanda asociada al crecimiento económico y demográfico habitual. El modelo de consumo «business-as-usual» calcula que harían falta cerca de 1.750 millones de toneladas hasta 2050 solo para sostener las expectativas actuales de expansión global e infraestructura.
La tensión aumenta cuando se incorporan los objetivos de descarbonización. La electrificación del parque automotor requeriría más de 1.250 millones de toneladas adicionales. A esto se sumarían 2.300 millones para desarrollar energías eólica y solar, y hasta 3.000 millones si se construye una red eléctrica basada en almacenamiento mediante baterías.
Durante el periodo de transición energética entre 2018 y 2050, la demanda anual de cobre crecería a un ritmo del 2,2%, pasando de 24,4 a 50 millones de toneladas por año.
En cambio, la producción minera avanzaría al 1,9%, desde 20,4 hasta 37,1 millones anuales. Esta brecha estructural implicaría que más de la mitad de las reservas mundiales conocidas ya habrían sido explotadas a mediados de siglo.
Desarrollo, transición energética y obstáculos mineros
El informe también subraya que países en desarrollo ejercerán una presión adicional sobre el mercado. Solo India necesitaría 227 millones de toneladas para modernizar su infraestructura, mientras que el conjunto de los 54 países africanos demandaría alrededor de 1.000 millones.
En total, las economías de ingresos bajos y medios requerirían más de 1.000 millones de toneladas para alcanzar niveles de infraestructura comparables a los de Estados Unidos.
Para cerrar la brecha entre oferta y demanda, la producción mundial debería incrementarse en 16,7 millones de toneladas anuales adicionales en las próximas tres décadas. Esto implicaría construir 36 grandes minas nuevas, poner en marcha 759 explotaciones pequeñas o multiplicar por cinco la producción de las diez principales minas actuales.
El desafío es considerable. Las grandes minas tardan más de 20 años en entrar en operación y muchas explotaciones relevantes se acercan al final de su vida útil. A ello se suma el aumento de los costes de capital: proyectos recientes en América Latina muestran una intensidad de inversión superior a 23.000 dólares por tonelada de producción anual, muy por encima de los promedios históricos.
Por eso, los autores concluyen que el precio del cobre debería superar los 20.000 dólares por tonelada —más del doble de los niveles actuales— para justificar nuevas inversiones. Sin ese salto significativo, advierten, será extremadamente difícil satisfacer las necesidades futuras, incluso bajo los escenarios de demanda más conservadores.
Como posibles vías de equilibrio, el estudio plantea priorizar la energía nuclear como fuente principal, utilizar plantas de respaldo alimentadas por metano para apoyar a las renovables y fomentar vehículos híbridos en lugar de eléctricos puros. De lo contrario, bajo las condiciones actuales de mercado, el suministro mundial de cobre quedará inevitablemente por detrás de la demanda.