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Los biólogos fascinados: un estudio descubre que las abejas cambian su danza según quién las observe

Las abejas
Janire Manzanas
  • Janire Manzanas
  • Graduada en Marketing y experta en Marketing Digital. Redactora en OK Diario. Experta en curiosidades, mascotas, consumo y Lotería de Navidad.

Durante casi un siglo, la danza de la abeja melífera, conocida científicamente como Apis mellifera, se ha considerado uno de los ejemplos más fascinantes de «comunicación simbólica» en el reino animal. Ahora, un estudio publicado en la revista PNAS y realizado por investigadores de la Universidad de California en San Diego y la Academia China de Ciencias, ha revelado que las abejas «actúan para el público». Normalmente, cuando una abeja melífera recolectora vuelve a la colmena comunica a sus compañeras la información sobre el lugar donde ha encontrado alimento mediante una danza rápida y compleja.

Mientras las demás abejas observan, la recolectora avanza meneando el abdomen, luego gira y repite el movimiento en pocos segundos. El ángulo de esta danza indica la dirección del alimento respecto al sol, y la duración del baile señala la distancia hasta la fuente de alimento. «Todo el mundo ha visto a un artista callejero adaptarse a un público cambiante. En la colmena, observamos algo similar. Cuando hay menos abejas siguiéndolas, las bailarinas se mueven más mientras buscan a su público, y la danza se vuelve menos precisa», explica uno de los autores, James Nieh, biólogo en la Universidad de California en San Diego.

La fascinante danza de las abejas

En colaboración con científicos de la Academia China de Ciencias y la Universidad Queen Mary de Londres, Nieh estudió colmenas experimentales y monitoreó la «pista de baile» de las abejas, que replicaba el espacio social dinámico y concurrido de las colmenas reales.

En la primera parte del experimento, evaluaron la fluctuación del número de abejas en el área principal de baile para comprobar los cambios provocados por el público. En la segunda fase, mantuvieron el mismo número de abejas, pero introdujeron obreras jóvenes, que no suelen participar en los bailes. En ambos escenarios experimentales, las abejas bailarinas fueron menos precisas al actuar para un público más reducido.

«A menudo se presenta la danza del meneo como una transmisión de información unidireccional», afirmó Ken Tan, autor principal del estudio e investigador del Jardín Botánico Tropical Xishuangbanna de la Academia China de Ciencias. «Nuestros datos demuestran que la retroalimentación del público moldea la señal misma. En ese sentido, el bailarín no solo transmite información, sino que también responde a las condiciones sociales en la pista de baile».

El nuevo estudio también aportó pistas sobre cómo los bailarines perciben el tamaño y la composición del público; es probable que estas señales táctiles proporcionen información sobre la composición del público. Lars Chittka, investigador de la Universidad Queen Mary de Londres, afirmó que el estudio demuestra que «los humanos no somos los únicos que actuamos de forma diferente según nuestra audiencia. Nuestro estudio revela que las abejas, literalmente, bailan mejor cuando saben que alguien las observa. Cuando escasean los seguidores, las abejas danzantes deambulan buscando oyentes, y al hacerlo, sus señales se vuelven menos claras. Es un hermoso recordatorio de que, incluso en el diminuto mundo de los insectos, la comunicación es un asunto profundamente social».

Además de las abejas, los nuevos resultados de la investigación ofrecen una perspectiva sobre cómo los animales gestionan la información. Los grupos de animales suelen depender de señales que deben repetirse, compartirse y sobre las que se debe actuar. «Los nuevos hallazgos demuestran que la precisión de una señal puede depender de la disponibilidad de receptores, no solo de la motivación del emisor», afirmó Nieh. «Este tipo de retroalimentación puede ser importante en sociedades animales, enjambres artificiales y otros sistemas distribuidos donde la calidad de la información puede variar según la dinámica de la audiencia».

El papel del contacto físico

Una de las claves más llamativas del estudio es cómo las abejas perciben el tamaño y la composición de su público. No lo hacen mediante la vista o el sonido, sino a través del cuerpo y las antenas. Estas interacciones táctiles permiten a la abeja «evaluar» su audiencia en tiempo real. Cuantos más contactos recibe, mayor es la retroalimentación y más precisa se vuelve su danza. Este mecanismo convierte la comunicación en un proceso dinámico, donde emisor y receptor permanecen en constante sincronía.

El estudio, en el que también han participado científicos de la Academia China de Ciencias y de la Universidad Queen Mary de Londres, introduce una idea clave: la comunicación en insectos puede depender de factores sociales complejos, no solo de comportamientos instintivos individuales. Según el investigador Ken Tan, la precisión de la señal no depende únicamente de la motivación de la abeja, sino también de la disponibilidad de receptores. Esto acerca el comportamiento de las abejas a patrones observados en humanos, donde la comunicación también se ajusta al contexto social.

«Los resultados sugieren que las abejas bailarinas utilizan señales sociales simples, como el contacto táctil, para percibir la disponibilidad de seguidoras. Por lo tanto, la danza de meneo no es una señal unidireccional, sino un comportamiento socialmente receptivo moldeado por la retroalimentación de las seguidoras».

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