Los padres de bebés nacidos entre 1920 y 1930 los colgaban en jaulas metálicas en las ventanas de rascacielos y los expertos coinciden en que tiene sentido: fortalecía su sistema inmune
Miles de familias en ciudades como Londres o Nueva York utilizaban jaulas para que sus hijos recibieran aire fresco y luz
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Parece una imagen sacada de una película, pero ocurrió de verdad. Durante las décadas de 1920 y 1930, numerosos padres colocaban a sus bebés en jaulas metálicas que estaban suspendidas en el exterior de las ventanas tanto de edificios como de rascacielos. Estas estructuras, conocidas como baby cages o jaulas para bebés, se popularizaron especialmente en grandes ciudades donde muchas familias vivían en apartamentos sin jardín y sin un acceso rápido a espacios abiertos. Aunque hoy esto resulta bastante chocante, hace 100 años estaba muy recomendada por médicos, ya que hablaba de los beneficios del aire fresco y la luz solar para la salud infantil.
Obsesión por el aire fresco
El origen de esta curiosa tendencia viene de finales del siglo XIX. El pediatra estadounidense Luther Emmett Holt defendía en sus libros que los bebés debían exponerse de forma regular al aire libre, ya que consideraba que el aire fresco favorecía el crecimiento, mejoraba el apetito y ayudaba a prevenir enfermedades comunes.
En aquella época también existía una enorme preocupación por enfermedades como la tuberculosis y el raquitismo. La medicina de aquellos años asociaba la exposición al sol con una mejor salud para los niños debido a la producción natural de vitamina D, mientras que la ventilación se consideraba fundamental para reducir enfermedades en las ciudades más pobladas.
¿Cómo funcionaban las jaulas?
En 1922, Emma Read trabajaba para Spokane, en Estados Unidos, y patentó una jaula portátil que estaba diseñada para colocarse en el exterior de las ventanas. Estaban fabricadas con mallas metálicas y estructuras de acero y permitían que los bebés pudieran permanecer al aire libre sin tener que abandonar sus casas. Muchas de ellas incluían toldos, colchones y sistemas para evitar caídas.
Esta idea tuvo un especial éxito en Londres durante la década de 1930. Incluso algunas asociaciones vecinales distribuían estas jaulas entre las familias que vivían en edificios sin jardín. Fotografías de la época muestran a bebés descansando a varios pisos de altura mientras sus padres observaban desde el interior de la casa.
¿Fortalecían el sistema inmunitario?
Los médicos actuales coinciden en que la exposición moderada al aire libre y a la luz solar aporta muchos beneficios para la salud infantil, especialmente por la vitamina D. Sin embargo, no existe una evidencia que respalde la necesidad de colgar a un bebé fuera de una ventana para conseguir esos efectos, ya que hoy en día es considerada una práctica peligrosa.