Empresa municipal de limpieza

El Ayuntamiento socialista de Palma echa al sindicalista de Vox que ha denunciado múltiples ilegalidades

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El alcalde socialista de Palma, José Hila, con el presidente de Emaya y concejal de Medio Ambiente, Ramon Perpinyà.
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La empresa de limpieza de Palma (Emaya), en manos del PSOE , ha despedido al sindicalista de Vox que denunció en los tribunales irregularidades en la gestión de la actual dirección y al que los jueces le han dado la razón sentencia tras sentencia. Le han dado la razón en el caso de las jornadas de trabajo remuneradas pero no realizadas durante el Estado de Alarma y que la compañía pretendía que devolvieran los trabajadores, el blindaje de altos cargos de por vida, la colocación a dedo de media docena de jefes o el acoso sufrido por su sindicato, USTE, y USO.

En concreto, la dirección socialista de la mayor compañía municipal del Ayuntamiento de Palma, con 1.400 empleados y más de 120 millones de presupuesto, ha resuelto el expediente sancionador abierto contra el presidente del sindicato mayoritario en Emaya (USTE), y ha comunicado al comité de empresa su despido.

Emaya acusa al dirigente sindical de informar a sus afiliados del contenido de las negociaciones que estaban llevando a cabo dirección y representantes de los trabajadores sobre las bases generales de procesos selectivos para las convocatorias de estabilización de empleo del área de calidad urbana.

Un despido con unas dosis notable de aparente arbitrariedad ya que, como apuntó en sus alegaciones el afectado, no hizo otra cosa que cumplir sus obligaciones como representante sindical con el resto de sus afiliados, nada diferente por tanto, a lo que cualquier otro delegado realiza a diario.

Sin embargo, el concejal socialista de Medio Ambiente, Ramon Perpinyà, en un expediente disciplinario estrambótico que ha acabado con el despido de este dirigente sindical de Vox, y representante además de esta formación en el Consejo de Administración de la compañía, considera que el trabajador en cuestión habría «filtrado información a sus afiliados» sobre la marcha de las negociaciones, y lo acusa de «no haber mantenido la obligación de sigilo profesional respecto de cualquier información que tenga carácter reservado». Todo ello, además, sin que el sindicalista en cuestión haya revelado documentación alguna a sus interlocutores.

El despido que ya ha sido comunicado al comité de empresa cuya dirección es afín a la actual dirección de la compañía municipal al contrario que los sindicatos USTE y USO, será efectivo en el Consejo de Administración que Emaya celebrará el próximo viernes, y del que forma parte este sindicalista en representación de Vox.

Una vez que se materialice, el afectado podrá proceder a interponer el correspondiente contencioso contra esta decisión, pero hasta que no haya resolución judicial al respecto, Perpinyà y la cúpula socialista, se habrán quitado de encima a uno de los principales dirigentes sindicales de Emaya que los ha puesto contra las cuerdas en los tribunales.

Un despido inaudito al afectar a un dirigente sindical con plaza además en el Consejo de Administración, y ejemplarizante para el resto de sindicalistas díscolos con la actual dirección socialista y para los trabajadores de una compañía con un ambiente interno más que enrarecido, que se ha traducido en la apertura de numerosos expedientes disciplinarios.

El último sin ir más lejos, este mismo otoño, a una barrendera por ir a un baño público mientras realizaba su trabajo, y no remitir un WhatsApp al jefe de sector advirtiéndole de ello.

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