Así quedó la casa de la vecina de arriba del piso de drogadictos incendiado en Sevilla

Los incendios en el quinto piso de un bloque de viviendas de Montequinto (Sevilla), que se quemó dos veces en nueve días, han dejado graves secuelas a sus vecinos. Algunas psicológicas -no pueden dormir desde entonces- y otras en sus propias casas.

Es el caso del matrimonio del 6ºC, el piso que se encuentra encima del inmueble que acabó ardiendo. Allí, María abre las puertas de su casa a OKDIARIO para que podamos presenciar de primera mano los desperfectos ocasionados por el humo y el fuego.

Las llamas derritieron persianas, quemaron cortinas, destrozaron aires acondicionados y dejaron cristales rotos, grietas en paredes y techos y zócalos desprendidos. Además, paredes ennegrecidas por el humo y cenizas por toda la casa. «Yo lo único que quiero es que me arreglen la casa y pueda vivir aquí tranquilamente», pide María.

El perito judicial que han contratado para que lidie con su seguro les ha recomendado evitar las habitaciones -las estancias de la vivienda más afectadas- y dormir con su hijo en el salón. Afortunadamente, ni el matrimonio ni su hijo se encontraban en su hogar en el momento del incendio: «Nos pilló acompañando a nuestro hijo a la plaza del Cabildo para intercambiar cromos de fútbol».

María comenta que el primer fuego, el del pasado día 11, «se originó en el salón, a partir de un montón de ropa que tienen». «Yo creo que fortuito no fue, sino que hubo un litigio y cualquiera de ellos prendió fuego y se fue. El segundo fuego se originó en una de las habitaciones, pero no se sabe qué pasó», explica.

Debajo de ella vive un hombre con discapacidad que arrastra problemas con las drogas y que alquilaba sus habitaciones a otros drogadictos y prostitutas: «El chico es bueno, él no ha querido hacer daño a los vecinos. No es malo, pero le manipulan». En el piso del quinto vivían unas diez personas: «Ha tenido la mala suerte de juntarse con compañías que no eran las adecuadas. Vivía solo, pero la necesidad le ha llevado a que metiera allí a personas de barrios marginales, hasta que eso se convirtió en un burdel».

El hombre del quinto sigue durmiendo en la vivienda, a pesar de estar completamente calcinada. Su madre, propietaria, ha firmado un permiso para que el ayuntamiento tapie puertas y ventanas: «Le dio las llaves del piso a regañadientes, nunca ha sido un apoyo para su hijo. Ella quiere que se tapie el piso y que su hijo viva donde pueda, porque en su casa no lo va a admitir. Ya estuvo cuatro  meses viviendo en la calle».

Tristemente, si se acaba tapiando la casa, la historia tendrá un final triste para el hombre. Para María, su vecina, el final feliz sería claro: «Que me arreglen el piso y que el chico tenga su vida. No me opongo a que vuelva, estoy segura de que no ha tenido nada que ver con ninguno de los dos incendios».

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