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Cuándo el deporte se convierte en adicción

Cuándo el deporte se convierte en adicción
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Como válvula de escape, por carácter competitivo o simplemente por ego. Cualquier motivo que nos invite a realizar ejercicio resultará muy positivo en nuestras vidas. No hay que olvidar que la práctica de una actividad física aporta grandes beneficios tanto al cuerpo como a la cabeza. Sin embargo, en los últimos tiempos se han detectado casos peligrosos sobre el daño negativo que acarrea el ejercicio. En realidad se analiza cuándo el deporte se convierte en adicción.

Este tipo de trastorno, también conocido como vigorexia, cada vez cuenta con más repercusión entre la población. Resulta bastante complicado distinguir cuándo una rutina deja de ser sana para transformarse en adicción. Según los médicos, aparece cuando se manifiestan como mínimo tres variables de diagnóstico sobre los siguientes siete factores, que son pérdida de control, abstinencia, tolerancia, efectos deseados, conflicto, tiempo y la continuidad pese a los problemas que origina a la salud.

Una investigación realizada por el Centro Nacional de Biotecnología de Estados Unidos concluye que existen cuatro fases diferentes para establecer las etapas de evolución de esta adicción. La primera de ellas se refiere al ejercicio recreacional, que es cuando se disfruta y se obtiene una recompensa. A continuación se afronta una nueva fase en donde la actividad deportiva se convierte en una válvula de escape que implica ya alcanzar un cierto nivel de estrés.

La tercera etapa lleva a los deportistas a establecer unos planes de entrenamientos muy exigentes, en donde su rutina diaria gira prácticamente en torno a la actividad física. En su intento por mejorar y alcanzar cotas más altas le exigirá lo máximo a su cuerpo. Por último, se llega a la fase de acción, en donde el deporte es prácticamente la vida de la persona.

Algunos especialistas aseguran que realmente se alcanza la adicción por la actividad física cuando éste afecta a la vida familiar, profesional y social. Tampoco es cuestión de encajar dentro de estos niveles a los que se dedican de manera profesional al deporte, que se ejercitan a diario durante 6-8 horas y durante seis días a la semana.

En muchos casos, este problema de adicción se vincula sobre todo a la obsesión que tienen las personas por verse bien, algo que no ocurre cuando se miran al espejo y se ven delgados, flácidos y sin masa muscular. Esa preocupación por la estética conduce a muchos a pasarse cuatro o cinco horas en el gimnasio, haciendo incluso dobles sesiones. Cometen el error de compararse con frecuencia con los demás y además incrementan sin control el nivel de los entrenamientos.

Hay que decir que con la práctica del ejercicio físico se aumenta la producción de enforfinas, que realiza la función de analgésico para el organismo, tanto para aliviar el dolor corporal como para aliviar las preocupaciones. Incluso puede llegarse a la situación de alcanzar un círculo vicioso en donde las personas precisen de una mayor producción de endorfinas para soportar el dolor. De alguna manera, las endorfinas conducen a una desconexión de la realidad, por lo que las personas pueden incluso refugiarse en el ejercicio para olvidar los problemas.

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