Acoso en la red

El mercado negro del ciberacoso: «Tengo muchas fotos privadas de chicas y quiero chantajearlas»

Chantajes, obtención de imágenes privadas de índole sexual, compra de contraseñas... La 'deep web' se ha convertido en un auténtico mercado negro para los acosadores sexuales.

ciberacoso
El ciberacoso crece en la 'deep web'.

En la deep web, el Internet que no es accesible a través de los navegadores habituales, existe todo un mercado negro para acosadores. OKDIARIO ha comprobado cómo operan en la red estos ciberdelincuentes para obtener ilícitamente imágenes sexuales privadas, venderlas e incluso chantajear con ellas a las víctimas.

A finales del pasado mes de mayo, Verónica se suicidaba en su domicilio de Alcalá de Henares. La mujer, de 32 años y trabajadora de IVECO, dejaba marido y dos hijos. Su pesadilla comenzó cuando comenzaron a circular por su empresa vídeos íntimos suyos grabados con una ex pareja. La hipótesis principal de los investigadores apunta al chantaje.

El caso de Verónica es sólo la cúspide del ciberacoso y el chantaje que sufren miles de mujeres al año cuando imágenes privadas que guardan en sus dispositivos acaban en malas manos. La otra cara de este fenómeno, la del ciberacosador, puede encontrarse en la llamada deep web o ‘internet profundo’. Las ‘cloacas’ de la red a las que se accede mediante herramientas informáticas diferentes a las que se utilizan en todos los hogares españoles.

Chantajes anónimos

"Tengo muchas fotos privadas de chicas conocidas y muchas ganas de chantajearlas". Es uno de los muchos mensajes que pueden encontrarse en uno de los principales foros en castellano especializados en ciberacoso en la deep web.

El usuario asegura que ha conseguido muchas imágenes privadas mediante el uso de la técnica phising (hacerse pasar por una web confiable y obtener así contraseñas de acceso a la nube donde se almacenan fotos y vídeos) y que necesita ayuda e "ideas" para llevar a cabo un chantaje de forma anónima y efectiva.

Estos foros son territorio frecuentado por stalkers, como se denomina a aquellos individuos que rastrean las redes sociales de sus víctimas en busca de material. Allí se intercambian consejos, se habla sobre técnicas informáticas para robar imágenes privadas y hasta se contrata a hackers para que realicen el trabajo sucio.

"Vendo fotos de mi ex"

Otros usuarios piden ayuda para obtener beneficio de las fotos privadas que almacenan de sus ex parejas. Esta misma semana, uno de ellos solicitaba "una página para vender fotos privadas de mi ex que le robé y de otras personas". El resto de usuarios le proponen alternativas.

Y es que existen webs donde intercambiar las imágenes y vídeos a cambio de dinero en bitcoins, la moneda oficial de la deep web. Existen miles de estas páginas en todo el mundo, especializadas en el denominado revenge porn o ‘porno vengativo’. Una forma de violencia sexual cada vez más extendida.

Pero si hay algo especialmente demandado en estos foros, tal y como ha comprobado OKDIARIO, son los encargos para ‘reventar’ contraseñas de redes sociales. Por un precio aproximado de 0,4 bitcoins (unos 3.000 euros) es posible contactar con un hacker.

La oferta es simple: se señala a un objetivo, se aportan el nombre de la víctima y tras el trabajo se consiguen las claves de acceso a Facebook, Twitter, Instagram o incluso correo electrónico. Y a las fotografías privadas que allí se guardan. Un material que luego puede acabar filtrado en una de esas webs especializadas en ‘porno vengativo’.

Acosadores estafados

Sin embargo, el negocio del ciberacoso por encargo también ha atraído a otros delincuentes especializados en estafar a los potenciales acosadores. Se hacen pasar por hackers de reconocido prestigio en ese submundo para cobrar un adelanto por un trabajo que nunca se realizará.

Hay versiones de las estafas aún más enrevesadas. Algunos usuarios de estas redes denuncian que tras realizar el encargo y señalizar a la víctima, el ‘contratista’ les anuncia que o le pagan cierta cantidad o entregará sus datos a quien iba a ser la víctima del acoso. Y por lo general el ‘cliente’ suele ser una persona de su entorno, por lo que muchos acaban pagando a cambio de su anonimato.

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