La miopía después de los 30 años: un oftalmólogo explica si realmente se estabiliza o puede seguir aumentando
La exposición frente a las pantallas, ¿puede hacer que la miopía aumente?
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Durante años se ha dado por hecho que la miopía llegaba a un punto en el que dejaba de aumentar. Una situación que solía darse al final de la juventud y, en ocasiones, alrededor de los 30 años. Pero cumplir esa edad no garantiza que la próxima vez que acudamos al oftalmólogo vayamos a conservar exactamente la misma graduación.
Tiago César Pereira Ferreira, oftalmólogo y miembro de la Sociedad Brasileña de Oftalmología, reconoce que en muchos casos sí se produce esa estabilidad. Lo que no comparte es que pueda darse por hecha en todos los pacientes. «La miopía puede continuar progresando después de los 30 años», señala el especialista. Lo que cambia normalmente es el ritmo si bien los aumentos suelen ser más rápidos durante la infancia y la adolescencia y hacerse menores después. Aun así, una persona puede sumar pequeñas variaciones de graduación durante su vida adulta así que para saber si realmente está ocurriendo, el experto apunta que resulta esencial hacer revisiones para observar cómo evoluciona la graduación con el tiempo.
La miopía no tiene por qué detenerse a los 30 años
«Durante mucho tiempo estuvo bastante extendida la idea de que la miopía aumenta en la infancia y en la adolescencia y, cuando llegamos a la vida adulta, la graduación simplemente se estabiliza», explica Ferreira. El especialista reconoce que esto ocurre en muchas personas, pero introduce un matiz fundamental: «No es una regla».
La miopía, por tanto, puede continuar avanzando después de los 30. Lo que sí suele cambiar es la velocidad a la que lo hace. Durante la infancia y la adolescencia, especialmente entre quienes comienzan a desarrollar miopía a edades tempranas, la progresión puede ser más rápida pero con los años, esa tendencia generalmente pierde intensidad. El problema está en interpretar esa ralentización como una detención completa. «Disminuir no significa necesariamente parar», advierte el oftalmólogo. De hecho, algunos adultos continúan registrando pequeñas modificaciones de graduación que, consideradas de forma aislada, pueden parecer poco importantes, pero que acumuladas durante varios años terminan marcando una diferencia.
Tampoco cualquier cambio en la graduación de gafas significa necesariamente que la miopía esté avanzando. Ferreira señala que para hablar de una progresión resulta necesario observar una evolución constante en consultas sucesivas. Es precisamente el seguimiento a lo largo del tiempo el que permite distinguir una variación puntual de una tendencia mantenida.
¿Las pantallas pueden hacer que aumente la miopía?
El uso intensivo del teléfono móvil y del ordenador suele aparecer entre los primeros sospechosos cuando una persona descubre que necesita una nueva graduación. Sin embargo, el oftalmólogo evita establecer una relación tan sencilla entre un hábito concreto y el aumento de la miopía. El especialista explica que intervienen distintos elementos si bien existe una influencia genética, pero también factores ambientales. Por otro lado, es evidente que las rutinas con una gran cantidad de actividades realizadas a corta distancia están asociadas con la miopía y existen evidencias importantes, especialmente durante la infancia, sobre la relación entre pasar tiempo al aire libre y un menor riesgo de desarrollarla.
En adultos, sin embargo, resulta más difícil señalar a un único responsable. El propio oftalmólogo reconoce que en consulta existe cierta tendencia a buscar un culpable concreto cuando aumenta la graduación: el móvil, el ordenador, el trabajo o incluso la lectura. Pero la evidencia científica, según Ferreira, no permite establecer esa relación de una manera tan directa.
La miopía debe entenderse como una condición en la que intervienen diferentes factores y cuya evolución no es idéntica en todas las personas. Dos adultos de la misma edad y con hábitos similares no tienen necesariamente que experimentar los mismos cambios en su visión. Esta diferencia individual también explica por qué el especialista concede importancia a la denominada estabilidad refractiva cuando se valora la posibilidad de realizar determinados procedimientos para corregir la graduación.
Qué ocurre con la miopía después de una cirugía refractiva
La cirugía refractiva permite reducir o incluso eliminar la dependencia de gafas o lentes de contacto en determinados pacientes. Pero existe otro error que Ferreira considera necesario aclarar: corregir la graduación no significa necesariamente detener la tendencia de la miopía a progresar. Son dos cuestiones diferentes. Una intervención puede corregir el defecto refractivo existente en ese momento, pero no supone por sí misma que cualquier posible evolución posterior haya quedado definitivamente interrumpida. De ahí la importancia de valorar previamente si la graduación se encuentra estable.
La edad, por sí sola, tampoco ofrece una garantía absoluta. El oftalmólogo lo resume con una comparación sencilla: «Cumplir 30 años no funciona como un interruptor que apaga la miopía». Lo habitual es que con el paso de los años la graduación presente mucha más estabilidad que durante etapas anteriores de la vida. Sin embargo, siguen existiendo pacientes cuya miopía avanza durante la edad adulta. Por ello, descubrir una pequeña variación después de los 30 no tiene por qué resultar excepcional ni significa automáticamente que exista un problema relacionado con un hábito determinado.