Quien a hierro mata, a hierro muere, Pedro Sánchez

Quien a hierro mata, a hierro muere, Pedro Sánchez

La historia política de Pedro Sánchez, desde el mismo momento en que se alzó como cabeza visible del socialismo (haciendo trampas), no es la de un manual de resiliencia -como presume el personaje-, sino la de un manual de infamia. Llegó a la Moncloa por la vía de una moción de censura sustentada en una sentencia sobre la corrupción del PP deformada a conveniencia y, desde entonces, ha venido combinando la mentira, el trueque, el engaño y la ausencia de principios como toda estrategia.

Ha vendido la dignidad del Estado y la nación a pociones, según le ha ido interesando, para perpetuarse en el poder y ha emprendido una estrategia de decapitación de todos los contrapoderes que le ha llevado, incluso, a arremeter contra los jueces y tribunales que han osado investigar la corrupción del PSOE y de su familia. Por resumirlo en tres líneas: Sánchez es un autócrata de libro que no ha devenido en dictador gracias precisamente a que no ha podido culminar su asalto a la justicia. Lo ha intentado sin ningún recato, pero el Estado de Derecho, mal que bien, le ha aguantado las embestidas.

Sánchez es un autócrata que no ha llegado a dictador no precisamente por falta de ganas. Su falta de escrúpulos le ha convertido en un killer, un tipo peligroso cuyo exceso de vanidad y osadía le han servido para lograr lo que otros, en parecidas circunstancias, no hubieran logrado nunca. Pero no por sagacidad, sino por falta de principios y por su prodigiosa capacidad para el embuste. En eso, es portentoso. Ahora que ha vuelto a tomarse un fin de semana de reflexión para decidir si convoca elecciones, su doble derrota en los decretos sobre los que pretendía blanquear su supina inacción en materia de vivienda, cargando la responsabilidad de su fracaso sobre propietarios, fondos buitre y demás gérmenes del capitalismo, lo ocurrido en el Congreso ha sido una muestra de justicia poética. Y es que su derrota hace bueno el dicho de que a quien hierro mata, a hierro muere.

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