Delegados del des-gobierno

Delegados del des-gobierno

Empecemos por el final: la sensación se ha convertido en una convicción, y la de desgobierno que tenemos los españoles es tan profunda y transversal que ni siquiera el ínclito Marlaska se atrevería a decir, como en el caso de la seguridad en Ceuta, que se trata de una percepción.

Y esa convicción se refuerza en días como hoy, en el que el Gobierno sociocomunista se ha mostrado incapaz de cerrar en su único interés una polémica que ellos mismos han alimentado para contraprogramar la crisis de Ceuta y para crearse un ecosistema de estabilidad para el resto de legislatura y/o de ganar punch para la convocatoria electoral, que esta tarde se temía inminente.

Claro que la parte positiva de este nuevo descalabro es que, al modo del que inconscientemente acierta cuando yerra, se sabe que lo que es malo para el Gobierno es bueno para España y los españoles, y eso ocurre de manera muy especial con el rechazo a los calamitosos Decretos Maricarmen.

Pero, así como el Gobierno tiene su presidente y sus ministros, el desgobierno tiene, además de los miembros del ejecutivo, otros actores que se convierten en brazos armados del mismo; y, de entre ellos, en estos días adquieren protagonismo dos delegados gubernamentales, el de Ceuta y el de Madrid.

El de Ceuta, que ya ha dejado de serlo, ya ha pagado con su carrera política su encastillamiento en el insostenible relato del Gobierno de que era una impredecible e imparable crisis migratoria, y de que la situación en la ciudad se acercaba a la normalidad. El problema, para él, es que detrás viene la amenaza de un proceso judicial que le exija su responsabilidad en la inacción del Gobierno y, sobre todo, y seguramente es lo que más le duele, la condena de ostracismo que ya le han impuesto sus paisanos.

El caso del delegado en Madrid es, sin quitar relevancia a la terrible connivencia e inacción del hombrito de Ceuta, todavía más sangrante. Francisco Martín, que es un sanchista de primera hora, tiene una trayectoria de actuaciones en las que ha salvado por la campana sus responsabilidades administrativas e incluso penales.

Empezó con el montaje del Bancal de Rosas, que sirvió para ocultar detrás de un falso crowdfunding la financiación de la campaña de las primarias del retorno de Sánchez con el dinero de los prostíbulos de su suegro; y después de distintas prevaricadoras irregularidades, entre las que están su implicación en el caso Begoña o en la suspensión de la última etapa de la Vuelta Ciclista a España de 2025, llega al tema que hoy nos indigna: la ilegal permisividad y falta de reacción con la perrofláutica acampada de la Puerta del Sol.

(Para que sirva de comparación, hace unas semanas hizo cargar a la policía contra el inocuo puñado de chavales que, después de la manifestación de apoyo a Ceuta, se quedaron en Cibeles insultando a Pedro Sánchez). En el fondo no cuesta entender su servilismo, ya que siente que se lo han pagado con su carrera política, pero debiera tener en cuenta con quién se está jugando los cuartos cuando en la partida pintan bastos.

Si se quita las orejeras, puede ver cómo están dejando solo a su colega en Ceuta, o cómo han dejado caer a todos los que se la jugaron por Sánchez: desde el fiscal general del Estado a Santos Cerdán, que, por lo visto, montó las cloacas del PSOE por su cuenta y por un inescrupuloso amor al puto amo durante los cinco días de su retiro pseudo sentimental, pasando por el Gallardo extremeño que colocó al músico, por las exministras que quema en los comicios autonómicos o, incluso, por la propia Begoña, que se va a sentar en el banquillo porque su marido no tiene los redaños para dar un paso al frente y reconocer su complicidad y su inducción.

Sánchez es inmune a los presupuestos éticos y a las reglas morales, y es impune a los delitos que inspira por la infiltración de las instituciones, por la desactivación de los controles constitucionales, pero, sobre todo, porque hay unos personajes que están dispuestos a firmar lo que él no firmaría y a hacer aquellas atrocidades que le impide su cobardía.

En otros tiempos, los altos cargos de la administración los ocupaban auténticos y experimentados servidores públicos que procedían de los cuerpos profesionales y que actuaban con criterio y honradez; hasta un joven gobernador, en tiempos de UCD, encerró, contraviniendo al propio ministro del Interior, a un famosísimo y díscolo cantante que se negó a actuar y que generó un problema de orden público.

En contraposición, estos pobres paniaguados agradecen, hasta cometiendo delitos, el haber sido designados para puestos que no merecen y que no están preparados para desempeñar.

Lo último en Opinión

Últimas noticias