El Salmo 27 y su poderoso mensaje sobre la valentía: «El Señor es mi luz y mi salvación, ¿a quién temeré?»

El Salmo 27, más conocido como «Salmo de David», presenta una confianza que no depende de que las circunstancias sean favorables. David conoce el peligro, recuerda las amenazas y sabe que todavía puede enfrentarse a nuevos problemas. Sin embargo, ha elegido colocar su esperanza en Dios. Por eso puede afirmar con seguridad que, aunque un ejército acampe contra él, su corazón seguirá confiando.
«Jehová es mi luz y mi salvación». David comienza desde una situación de dificultad, pero sus primeras palabras no están dominadas por el miedo, sino por la confianza. Se presenta a Dios como luz cuando todo parece oscuro y como salvación cuando existe peligro. Por eso, la pregunta surge de manera natural: «¿a quién temeré?». Para David, la presencia de Dios transforma la manera de enfrentarse a las circunstancias.
Salmo 27: «El Señor es mi luz y mi salvación, ¿a quién temeré?»
La imagen de Dios como luz resulta especialmente significativa. La luz permite ver cuando reina la oscuridad y ofrece orientación cuando no se encuentra el camino. David no habla simplemente de una luz externa, sino de una presencia que ilumina su propia vida.
También afirma que Jehová es «la fortaleza de mi vida». David era un guerrero experimentado y conocía perfectamente el esfuerzo, el peligro y la lucha. Sin embargo, no atribuía su verdadera seguridad únicamente a sus capacidades. Reconocía una fuerza superior a su propia experiencia, inteligencia o recursos. Su confianza descansaba en Dios.
Por eso repite dos preguntas que expresan la misma certeza: «¿a quién temeré?» y «¿de quién he de atemorizarme?». La repetición refuerza el mensaje central. Si Dios es luz, salvación y fortaleza, entonces el miedo deja de tener la última palabra. David no afirma que no existan enemigos ni dificultades; afirma que ninguna de ellas tiene por qué dominar su corazón.
A continuación recuerda situaciones concretas en las que sus adversarios se levantaron contra él. Habla de personas que querían hacerle daño y de enemigos que parecían dispuestos a destruirlo. Aun así, recuerda que aquellos que se enfrentaron contra él terminaron tropezando y cayendo. Su confianza no nace, por tanto, de una seguridad ingenua, sino de haber experimentado anteriormente la ayuda de Dios.
Incluso cuando imagina a un ejército acampando contra él, David declara que su corazón no tendrá miedo. Y si la guerra se levanta contra él, seguirá confiando. Esta afirmación resulta especialmente poderosa porque no procede de alguien que haya vivido siempre en circunstancias favorables. David conoció conflictos, persecuciones y amenazas reales. Su fe no era una confianza reservada para los días tranquilos, sino una convicción que había sido puesta a prueba en situaciones difíciles.
En este punto aparece una de las declaraciones más profundas del Salmo 27: «Una cosa he pedido a Jehová; esta buscaré». Después de hablar de enemigos, peligros y amenazas, David dirige su atención hacia algo mucho más importante para él: permanecer cerca de Dios. La enseñanza central es sencilla pero profunda: la fe no consiste necesariamente en vivir sin miedo, sino en descubrir una razón más poderosa que el miedo para continuar avanzando.
Salmo de David
«Jehová es mi luz y mi salvación;
¿a quién temeré?
Jehová es la fortaleza de mi vida;
¿de quién he de atemorizarme?
Cuando se abalanzaron contra mí los malignos,
mis angustiadores y mis enemigos,
para devorar mis carnes,
ellos tropezaron y cayeron.
Aunque un ejército acampe contra mí,
no temerá mi corazón;
aunque contra mí se levante guerra,
yo estaré confiado.
Una cosa he pedido a Jehová;
esta buscaré:
que more yo en la casa de Jehová
todos los días de mi vida,
para contemplar la hermosura de Jehová
y para meditar en su templo.
Porque él me esconderá en su escondite en el día del mal;
me ocultará en lo reservado de su tabernáculo;
me pondrá en alto sobre una roca.
Entonces levantará mi cabeza
sobre mis enemigos que me rodean,
y yo sacrificaré en su tabernáculo
sacrificios con voces de júbilo;
cantaré y entonaré alabanzas a Jehová.
Oye, oh Jehová, mi voz con que a ti clamo;
ten misericordia de mí y respóndeme.
Has dicho: Buscad mi rostro.
Mi corazón ha dicho: Tu rostro buscaré, oh Jehová.
No escondas tu rostro de mí;
no apartes con ira a tu siervo.
Mi ayuda has sido;
no me dejes ni me desampares, oh Dios de mi salvación.
Aunque mi padre y mi madre me abandonen,
con todo, Jehová me recogerá.
Enséñame, oh Jehová, tu camino,
y guíame por senda de rectitud
a causa de mis enemigos.
No me entregues a la voluntad de mis enemigos,
porque se han levantado contra mí testigos falsos
y los que respiran crueldad.
Hubiera yo desmayado si no creyese que he de ver la bondad de Jehová
en la tierra de los vivientes.
Espera en Jehová;
esfuérzate, y él alentará tu corazón.
Sí, espera en Jehová».