El versículo del Evangelio de Mateo sobre la ansiedad que los psicólogos modernos aprueban: «No os preocupéis por el mañana; el mañana se preocupará de sí mismo»
San Mateo y el Evangelio de Mateo nos dejan muchas reflexiones, como es el caso de este pensamiento sobre la ansiedad.
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Vivimos con el acelerador pisado a fondo, fabricando escenarios catastróficos que rara vez llegan a materializarse en el mundo real. El cerebro humano ha ido evolucionando hasta convertirse en el instrumento ideal de las expectativas ansiosas, un instinto de supervivencia defectuoso que siempre crea imágenes oscuras del futuro que aún no ha escrito su primera frase. Es fascinante que cuando nos enfrentamos a este flagelo contemporáneo del estrés constante y la carga mental, la psiquiatría y la psicología contemporánea utilizando la metodología científica confirmen efectivamente una afirmación que se talló hace dos milenios durante el Sermón de la Montaña: «No os preocupéis por el mañana, porque el mañana tendrá sus propias preocupaciones».
A primera vista tal instrucción puede considerarse como un aliento infantil o irresponsable de la inacción cuando nos enfrentamos a facturas, los plazos de los sueldos y los pagos mensuales de la hipoteca.
Cuidado con el exceso de preocupaciones sobre el futuro
Nadie sensato puede atravesar la vida adulta cruzándose de brazos a la espera de que las soluciones lluevan del cielo sin mover un dedo. Sin embargo, los terapeutas de conducta, los psiquiatras y los especialistas en regulación emocional descubren enseguida que Jesús de Nazaret no estaba hablando de planificación económica ni de desentenderse de las obligaciones cotidianas, sino de un fenómeno estrictamente cognitivo y conductual: la carga paralizante del exceso de futuro.
La terapia de aceptación y compromiso, por ejemplo, repite incansablemente un principio básico que coincide de forma milimétrica con la intuición evangélica. El sufrimiento neurótico surge casi siempre cuando nuestra mente abandona el presente, el único lugar físico y temporal donde se puede actuar de manera efectiva, para instalarse en un bucle mental inagotable de conjeturas pesimistas. Gastamos una cantidad ingente de energía vital sufriendo mil veces por desastres hipotéticos que, en la inmensa mayoría de los casos, se quedan en simples fantasías de nuestra propia cosecha.
No cargues tu mente sobre el futuro en el día de hoy
Cuando el Evangelio de Mateo propone no cargar al día de hoy con los afanes del día de mañana, establece una cuota rigurosa de realidad biológica y psicológica. Nuestra capacidad de atención, nuestra memoria de trabajo y nuestros recursos de afrontamiento son estrictamente limitados.
Si intentamos digerir en 24 horas los problemas, incertidumbres y desafíos de los próximos seis meses, el sistema nervioso colapsa de forma inevitable. Se produce un cortocircuito mental que se manifiesta de inmediato en trastornos del sueño, contracturas crónicas, irritabilidad constante y esa sensación asfixiante de que la vida nos desborda por completo.
Técnicas de anclaje al momento actual
Los psicólogos cognitivos emplean continuamente técnicas de anclaje y mindfulness para arrastrar al paciente de vuelta al aquí y al ahora, precisamente porque la mente ansiosa es una especialista consumada en huir del momento presente.
Limitar el campo de batalla temporal al día en curso no significa renunciar a tener metas a largo plazo, ni dejar de organizar la agenda familiar o profesional. Significa comprender una verdad fundamental: la única porción de tiempo sobre la cual tenemos control real es el día que transcurre bajo nuestros pies. El lunes tiene suficientes quebraderos de cabeza propios como para importar, de manera anticipada, los del próximo viernes.
Concepto de resiliencia personal
Existe además una sabiduría profunda en la formulación de la frase evangélica al señalar que el mañana se cuidará de sí mismo. En términos psicológicos estrictos, esto conecta directamente con el concepto de autoeficacia y la resiliencia personal.
Con demasiada frecuencia subestimamos nuestra propia capacidad para gestionar los imprevistos cuando realmente se presentan en nuestras vidas. Nos aterra un problema futuro imaginándolo con la fuerza, el ánimo y los recursos que tenemos hoy, olvidando por completo que cuando llegue el momento real de afrontarlo, contaremos con aprendizajes, apoyos, madurez y herramientas que todavía no hemos estrenado.
La ansiedad anticipatoria funciona como un impuesto abusivo y completamente inútil que pagamos por adelantado sobre mercancías que tal vez nunca lleguen a despacharse en nuestro puerto. Representa un desgaste estéril que vacía los depósitos emocionales antes de empezar a caminar.
Los gabinetes de psicología están repletos de personas físicamente agotadas por batallas que solo ocurrieron dentro de su propia cabeza, alimentadas por bucles de rumiación nocturna. Frente a ese desgaste invisible pero devastador, la sobriedad de la enseñanza mateana propone una higiene mental de una eficacia clínica sorprendente.
Conclusión
Aprender a recortar el horizonte temporal es una disciplina exigente que requiere entrenamiento diario en una sociedad diseñada específicamente para mantenernos hiperconectados, ultra informados y en perpetua alerta comercial. Apagar la mente del futuro no es sinónimo de resignación ni de apatía; es puro realismo operativo y salud mental.
Al final, cuando uno decide concentrar toda su atención, su esfuerzo y su calma en resolver lo que le corresponde hoy, descubre con un profundo alivio que la carga se vuelve ligera y que el mañana, de un modo u otro, siempre termina encontrando su propia salida.
Temas:
- Religión católica