Psicología

La psicología sugiere que las personas que de niños cuidaron de sus hermanos pequeños han desarrollado una capacidad extraordinaria para resolver problemas

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Blanca Espada

Cuidar de los hermanos es algo que han tenido que hacer muchas personas cuando eran pequeños, y aunque no deja de ser una responsabilidad temprana, lo cierto es que recoger a tu hermano del colegio, prepararle la merienda o vigilarle cuando jugaba en el parque puede haber hecho que, según la psicología, hayas desarollado una personalidad apta para resolver mejor los conflictos.

No a todo el mundo le afectará de la misma manera, pero a rasgos generales, la psicología señala que aquellas personas que cuidan de sus hermanos pequeños, se vuelven más resolutivos. Y el motivo es del todo comprensible. Tener que solucionar problemas cotidianos desde una edad temprana obliga a tomar decisiones, organizarse y reaccionar ante los imprevistos. Por eso, algunas personas que cuidaron de sus hermanos desarrollan una gran autonomía y facilidad para encontrar soluciones. Sin embargo, la psicología también advierte de que existe un límite: ayudar en casa no es lo mismo que asumir responsabilidades propias de un adulto.

Quienes cuidaron de sus hermanos de niños son mejores resolviendo problemas

La psicología utiliza el término parentalización para describir una inversión de los papeles habituales dentro de una familia. Se produce cuando un niño o adolescente asume responsabilidades que normalmente corresponderían a los adultos. Esto no significa que pedir a un niño que vigile un rato a su hermano o ayude con alguna tarea sea necesariamente negativo. La diferencia se encuentra en el nivel de responsabilidad, su frecuencia y hasta qué punto condiciona su vida.

Los especialistas suelen distinguir entre parentalización instrumental y emocional. La primera incluye tareas concretas como preparar comida, limpiar o encargarse habitualmente de un hermano menor. La segunda aparece cuando el niño termina actuando como confidente, mediador en los conflictos familiares o apoyo emocional de sus propios padres. En ambos casos, el menor puede verse obligado a enfrentarse a situaciones que normalmente aprendería a gestionar más adelante.

Por qué pueden desarrollar una gran capacidad para resolver problemas

Cuidar de otra persona implica solucionar constantemente pequeños contratiempos. Si el hermano no encuentra algo para el colegio, hay que buscarlo. Si se hace tarde, toca reorganizarse. Si llora o se enfada, hay que averiguar qué ocurre. Son situaciones aparentemente sencillas, pero obligan a practicar habilidades como la planificación, la toma de decisiones y la capacidad de anticiparse a los problemas.

Algunas investigaciones sobre parentalización han relacionado estas experiencias con una mayor responsabilidad, autonomía, empatía y sensación de competencia personal. Quien desde pequeño se ha acostumbrado a preguntarse qué puede hacer cuando surge un problema puede llegar a la edad adulta con una notable facilidad para buscar soluciones. También puede aprender a mantener la calma cuando las cosas se complican. Cuando otra persona depende de ti, quedarse bloqueado no siempre es una opción.

Cuidar de un hermano no siempre tiene consecuencias positivas

La situación cambia cuando esa responsabilidad deja de ser puntual y empieza a ocupar una parte importante de la infancia. No es igual ayudar ocasionalmente con un hermano que sentirse responsable todos los días de que coma, llegue al colegio o esté bien. Tampoco es lo mismo colaborar durante unas semanas porque la familia atraviesa una situación excepcional que desempeñar ese papel durante años.

Los efectos dependen de muchos factores: la edad del niño, la cantidad de tareas, el tiempo durante el que las asume y el apoyo que recibe de los adultos. También importa cómo vive el menor esa situación. Sentirse útil y reconocido por colaborar no es lo mismo que pensar que, si él no se encarga de algo, nadie más lo hará. Mientras desarrolla autonomía y responsabilidad también puede estar renunciando a tiempo para jugar, estar con sus amigos o simplemente comportarse como corresponde a su edad.

Las huellas que pueden permanecer en la edad adulta

Algunas habilidades adquiridas durante aquellos años pueden resultar muy útiles posteriormente. Una persona acostumbrada desde pequeña a organizarse, atender necesidades ajenas y solucionar imprevistos puede desenvolverse especialmente bien cuando aparece una situación complicada ya sea en la vida personal o el trabajo.

Sin embargo, otras costumbres aprendidas entonces pueden ser más difíciles de abandonar. Algunos adultos sienten que siempre deben hacerse cargo de los problemas de su familia, aunque nadie se lo haya pedido. Otros tienen dificultades para delegar porque llevan demasiado tiempo acostumbrados a solucionarlo todo. También puede resultarles extraño pedir o recibir ayuda. Después de haber ocupado durante años el papel de quien cuida, permitir que otra persona se encargue de ellos no siempre resulta sencillo. Incluso descansar puede generar cierta culpa cuando se ha crecido pensando que siempre existe algo pendiente por hacer.

Haber cuidado de los demás no significa tener que hacerlo siempre

Cuidar de hermanos pequeños puede dejar aprendizajes que acompañen durante muchos años. Resolver problemas con rapidez, anticiparse a los imprevistos o mantener la calma en momentos complicados pueden ser habilidades practicadas desde una edad muy temprana. Pero reconocer esas capacidades no significa considerar beneficioso que un niño tenga responsabilidades excesivas. Existe una diferencia importante entre colaborar en casa y convertirse demasiado pronto en el responsable de la familia.

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