PSICOLOGÍA

Los psicólogos expertos coinciden: las personas que guardan las bolsas dentro de otras no lo hacen por ahorrar dinero, es una forma de organización y control

Los psicólogos expertos coinciden: las personas que guardan las bolsas dentro de otras no lo hacen por ahorrar dinero, es una forma de organización y control
Imagen generada con IA.
Elena García

En muchas cocinas hay una bolsa llena de otras bolsas. Algunas acabarán en el cubo de la basura, otras servirán para llevar una compra pequeña o para proteger un objeto dentro de la mochila. Conservarlas es, ante todo, una decisión práctica, pero el hábito tiene también un componente menos evidente: la tranquilidad de disponer de un recurso útil y de saber exactamente dónde está.

Reutilizar antes que tirar

La explicación más directa es el aprovechamiento. Una bolsa del supermercado todavía puede forrar la papelera del baño o servir para transportar unos zapatos sucios. Cuando se sabe que tendrá una segunda vida, tirarla nada más volver de la compra se percibe como un desperdicio.

A ello se suma la rutina. La revista científica Psychological Review ha publicado investigaciones que explican cómo los comportamientos que se repiten en contextos estables pueden convertirse en hábitos que se activan con señales del entorno. Tener todas las bolsas en un mismo sitio evita buscarlas por la casa cuando hacen falta, y el gesto puede llegar a ser tan automático como guardar los táperes con su tapa o dejar los trapos junto al fregadero.

Orden sin grandes significados

Meter unas bolsas dentro de otra agrupa objetos sueltos y libera espacio en el armario. Para quien prefiere una cocina previsible, saber dónde encontrarlas transmite una sensación sencilla de orden. Además, permite localizar rápidamente una bolsa para la basura, separar las limpias de las que conviene desechar, evitar que se desperdiguen por los cajones y tener algunas preparadas para llevar cosas sin manchar el bolso.

¿Tiene que ver con la necesidad de control? Puede ser, pero el hábito no admite una lectura única. En días llenos de imprevistos, ordenar un rincón de la casa es una tarea pequeña con un resultado inmediato. Esa sensación se refiere a la tarea terminada, no a un rasgo fijo de la personalidad: a una persona puede reconfortarle ver la cocina recogida, mientras que otra guarda las bolsas del mismo modo simplemente porque lo aprendió en casa.

Por qué cuesta deshacerse de ellas

Quien ha pasado épocas de apuros económicos puede haber aprendido a exprimir cada objeto antes de tirarlo, y esa costumbre a veces persiste aunque la situación mejore. También influye la herencia familiar de haber visto a padres o abuelos hacer lo mismo durante años.

Eso no significa que toda acumulación responda a una causa emocional profunda. A menudo sólo falta tiempo para revisar cuántas bolsas se han ido guardando. El problema aparece cuando el volumen deja de ajustarse a las necesidades de la casa y empieza a ocupar cajones, dificultar la limpieza o esconder otros objetos.

En España, además, este hábito convive con una normativa que ha cambiado la relación con las bolsas. El Real Decreto 293/2018 prohibió entregarlas gratis en los comercios desde el 1 de julio de 2018 y, desde el 1 de enero de 2021, veta el suministro de bolsas de plástico ligeras y muy ligeras que no sean compostables.

Una forma sencilla de ajustar la reserva es comprobar cuántas bolsas se usan entre dos visitas al supermercado. Si entran más de las que salen, el montón crecerá sin necesidad. Conviene quedarse con las que están limpias, secas y sin roturas, tienen un tamaño útil y un sitio definido, y utilizar primero las más antiguas.

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