Voluntariado

Se buscan voluntarios para vivir gratis en un pueblo italiano a cambio de trabajar allí: ofrecen 5.000 € de ayuda y coworking para nómadas digitales

vivir gratis en un pueblo italiano
Roseto Valfortore. Foto: Ra Boe en Wikimedia Commons.
Alejo Lucarás
  • Alejo Lucarás
  • Licenciado en Comunicación Social por la Universidad Nacional de Córdoba. Redactor SEO especializado en actualidad, ciencia aplicada, tecnología y fenómenos sociales, con un enfoque divulgativo y orientado a explicar al lector cómo los grandes temas de hoy impactan en su vida cotidiana.

La despoblación rural es uno de los grandes problemas de Italia, y también de España. Miles de pueblos pierden vecinos cada año sin que lleguen nuevas familias que ocupen las casas vacías. Para frenar esa sangría, cada vez más ayuntamientos italianos prueban fórmulas poco convencionales, y la última que se ha hecho viral propone directamente vivir gratis en un pueblo italiano.

Inclusive, la oferta incluye dinero en mano, viviendas a precio simbólico y, sobre todo, un guiño directo a quienes trabajan desde el ordenador: coworking gratuito con fibra óptica para nómadas digitales. El nombre del pueblo, sus condiciones exactas y quién puede optar a la ayuda son las preguntas que más se repiten desde que la propuesta empezó a circular.

El pueblo italiano donde puedes vivir gratis: así es Roseto Valfortore

El protagonista de esta historia es Roseto Valfortore, un municipio de poco menos de mil habitantes en la provincia de Foggia, en la región de Puglia, al sur de Italia. Rodeado de montañas y bosques, forma parte de los llamados Monti Dauni y conserva un centro histórico de casas de piedra que hoy se ven, en buena parte, vacías.

Por un lado, el pueblo llegó a tener 1.500 habitantes en 1970. En el año 2000 ya eran 1.304, y hoy la cifra ronda los 988 vecinos: casi uno de cada cuatro residentes desapareció en apenas 25 años. Es el mismo patrón que sufren decenas de pueblos del interior italiano, y también buena parte de la España vaciada.

Por otro lado, cabe remarcar que el municipio tiene su toque turístico. Roseto Valfortore es uno de los cinco pueblos de Puglia por los que pasa el Sentiero Frassati, una ruta de senderismo que atraviesa los Apeninos, y conserva edificios como el Palazzo Marchesale y la iglesia de San Nicola, de origen medieval.

Ese patrimonio, sumado al paisaje de montaña, forma parte del argumento que el ayuntamiento usa para convencer a quien todavía duda entre la gran ciudad y un pueblo con menos de mil vecinos.

Para revertir esa sangría, el ayuntamiento decidió no limitarse a pedir ayuda desde fuera: diseñó un plan propio para atraer a quien quiera instalarse allí, ya sea para vivir, para teletrabajar o para montar un negocio.

Los 5.000 euros y las otras ayudas para instalarse en el pueblo

El gancho principal son los 5.000 euros que el consistorio ofrece a quienes decidan mudarse de forma permanente o abrir una actividad comercial, artesanal o agrícola en el pueblo. El fondo total disponible asciende a 50.000 euros, y se reparte por orden de llegada de las solicitudes hasta agotarse.

Y desde luego, no es la primera vez que un pueblo italiano recurre a este tipo de incentivos. En los últimos años, decenas de municipios del sur del país han probado fórmulas parecidas, desde las famosas casas a un euro hasta ayudas directas al alquiler, todas con el mismo objetivo: frenar el éxodo hacia las grandes ciudades del norte.

A ese incentivo se suman ventajas fiscales pensadas para distintos perfiles. Las familias jóvenes con hijos acceden a bonificaciones municipales y alquileres regulados a precios más bajos. Los propietarios de segundas viviendas que las pongan en alquiler a precio reducido se benefician de una rebaja del Impuesto sobre Bienes Inmuebles (IMU) durante tres años.

Los italianos jubilados que viven en el extranjero y deciden volver tienen, además, cinco años de exención de la tasa de basura (Tari) y una oficina municipal dedicada a ayudarles con los trámites de retorno y de inscripción en el registro de residentes en el exterior (AIRE).

Coworking y teletrabajo: la apuesta por los nómadas digitales

El plan también apunta a un perfil de residente que hace una década no existía en pueblos como este: el que trabaja desde el ordenador y puede vivir en cualquier lugar con buena conexión.

Así, como se anticipó desde el principio del artículo, Roseto Valfortore ha habilitado un espacio de coworking gratuito con fibra óptica, pensado para teletrabajadores, profesionales autónomos y nómadas digitales.

La idea no es solo ofrecer wifi rápido, sino convertir el propio paisaje (montañas, senderos y un ritmo de vida mucho más lento que el de cualquier gran ciudad) en un argumento de venta frente al teletrabajo desde una oficina o un piso pequeño en la ciudad.

¿Quién puede pedir la ayuda y cómo funciona este plan en este pueblo italiano?

El plan, bautizado Radici e Futuro, Roseto il Paese che ti Aspetta (que podría traducirse como raíces y futuro, el pueblo que te espera), da prioridad a quienes nacieron en la zona y emigraron en algún momento, pero no cierra la puerta a nadie.

También pueden optar personas de otras regiones de Italia o directamente extranjeros dispuestos a instalarse, siempre que cumplan los requisitos migratorios que correspondan según su nacionalidad.

El consistorio no ha fijado todavía una fecha límite pública para solicitar la ayuda, así que quien esté interesado debe seguir de cerca los canales oficiales del ayuntamiento para no quedarse fuera cuando se agote el fondo.

La alcaldesa, Lucilla Parisi, resume la apuesta en una frase: «Queremos que Roseto se convierta en un destino elegido por quienes buscan nuevas oportunidades». La idea, según la regidora, no es solo sumar vecinos, sino diversificar la economía local con negocios y profesionales que antes no tenían motivos para instalarse en un pueblo de estas dimensiones.

El ayuntamiento incluso diseñó una figura para acompañar la mudanza: el programa «Adopción del recién llegado» (un sistema de acompañamiento que asigna un vecino padrino a cada nuevo residente) se encarga de enseñarle el pueblo, presentarle a la gente y ayudarle con el papeleo del día a día.

Todo, en un lugar donde, hasta hace poco, cada vecino que se iba parecía no tener vuelta atrás.

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