Religión Católica

La bienaventuranza de Jesucristo, según el Evangelio de Mateo, que invita a la paz: «Bienaventurados los que trabajan por la paz, porque serán llamados hijos de Dios»

Son conocidas en el ámbito religioso las enseñanzas de Jesucristo en el Evangelio de Mateo. Te contamos aquí frases sobre bienaventuranza.

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Evangelio de Mateo.
Francisco María
  • Francisco María
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Hay fórmulas en los textos sagrados que parecen flotar en una abstracción luminosa, como si pertenecieran exclusivamente a la teología o al discurso devoto de un domingo cualquiera. Sin embargo, cuando uno se detiene a rascar la superficie del Sermón del Monte, descubre que las palabras del Maestro golpean con la precisión de un bisturí sobre el asfalto de la existencia cotidiana. Entre las proclamas que Mateo encadena en el capítulo quinto, hay una que altera por completo la jerarquía de los méritos humanos: «Bienaventurados los que trabajan por la paz, porque serán llamados hijos de Dios».

No se trata de un elogio pasivo para aquellos espíritus ingenuos que huyen del conflicto mediante el silencio o la condescendencia. El texto original utiliza un verbo de acción incansable, un esfuerzo físico y mental que desmiente la idea de que la concordia brota por generación espontánea en medio del ruido del mundo.

El mundo interior y su trascendencia al terreno espiritual

Cualquier intento genuino de pacificación exterior exige una demolición previa en el terreno más íntimo. Resulta imposible construir puentes duraderos hacia el vecino, el compañero de trabajo o el familiar distanciado si el paisaje interior se encuentra asolado por el rencor acumulado, la soberbia o la pequeña codicia diaria. La tradición espiritual ha insistido machaconamente en que la auténtica armonía no nace de los tratados diplomáticos firmados en despachos oscuros, sino de almas previamente ordenadas por la gracia y la limpieza de intención.Evangelios

Quien carga con un arsenal de reproches ocultos bajo la alfombra del orgullo solo puede exportar tensión, por más que intente sonreír en público. La tarea de sembrar sosiego demanda esa pobreza evangélica que reconoce la propia fragilidad, dejando espacio para que una fuerza mayor gobierne las reacciones viscerales.

La forma de mirar el entorno que nos rodea

Mirar el entorno con ojos limpios subvierte la inercia habitual del enfrentamiento. En las relaciones humanas más cercanas, desde la convivencia bajo el mismo techo hasta los debates ásperos en la plaza pública, la tentación de replicar el golpe con la misma moneda opera como un reflejo automático.

Detener esa cadena de agravios requiere un desgaste voluntario, una renuncia consciente a tener la última palabra. Quien asume esa labor contra la discordia se convierte, sin buscar medallas, en un eslabón de reconciliación. No es un camino cómodo. A menudo los pacíficos son tildados de tibios por ambos bandos en disputa, atrapados en el fuego cruzado de quienes necesitan enemigos para justificar su propia existencia.

El premio o recompensa a conseguir

La recompensa prometida por el texto evangélico trasciende con creces el aplauso terrenal o la resolución temporal de un pleito. El galardón consiste en la filiación divina, en la adopción dentro de una familia mucho más amplia que la de la sangre o la ideología. En la mentalidad bíblica, portar el título de hijo lleva implícita la tarea de asemejarse al padre, de reproducir sus gestos de misericordia en un territorio habitado por la hostilidad.

Si Dios es descrito repetidamente como fuente de concordia que busca reunir lo disperso, aquel que pacifica se alinea de forma natural con esa corriente creadora. Dejar entrar esa dinámica en la biografía diaria transforma los vínculos ordinarios en pequeños espacios de tregua donde el aire vuelve a ser respirable.

La prueba está en el día a día

A veces se comete el error de confinar este mandato a los grandes escenarios de la geopolítica, imaginando cumbres internacionales o firmas de alto el fuego entre naciones enemigas. Pero la prueba de fuego real ocurre en los microclimas cotidianos, allí donde el desamor se disfraza de indiferencia y las pequeñas ofensas cotidianas van agrietando los cimientos de la convivencia.

Un hogar donde se practica el perdón cotidiano, una oficina donde se desactiva el chisme antes de que prenda la mecha, o una comunidad que prefiere escuchar antes de juzgar están aplicando la máxima mateana con mucha más eficacia que cualquier discurso ampuloso. La paz no es un estado estático que se posee como un trofeo en una vitrina; es un ejercicio de artesanía frágil que debe rehacerse cada mañana al abrir los ojos.Palabras de Jesús

El mensaje en las sociedades actuales

La promesa de Mateo adquiere así una textura rabiosamente actual en medio de sociedades hiperconectadas pero profundamente fragmentadas, donde el anonimato digital alimenta la crispación y el desprecio sistemático del que piensa distinto. Frente a la tentación de atrincherarse en la propia razón, la bienaventuranza propone una salida audaz: asumir la incomodidad de tender la mano.

No porque el conflicto desaparezca por arte de magia, sino porque la decisión de no alimentar el odio rompe la cadena de transmisión del mal. Quien asume esa carga descubre que la paz deja de ser una utopía inalcanzable para convertirse en una forma concreta de estar en el mundo, un modo de caminar sobre la tierra dejando tras de sí un rastro de vida en lugar de cenizas.

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