Zero Suicidio Policial

Zero Suicidio Policial

“Cris, se han suicidado 3 compañeros más esta semana. Dos compis míos del CNP y un guardia civil entre ayer hoy. Y nadie hace nada”. Era el Whatsapp de Pilar, una policía de la unidad de La Montada desde el camión que devolvía a los caballos de la patrulla a sus cuadras.

La comunicación se corta mientras escribía la respuesta, porque me entra la llamada de otro guerrero de las botas conmocionado desde La Enira: “Ha muerto Gus. Se ha suicidado”. Gus era el jefe de la comisaría de Sagunto, Valencia y, junto a él, con 24 horas de margen, se han quitado la vida Juan Cano, policía nacional en Basauri y un guardia civil orensano. Entre los dos CNP suman las víctimas por suicidio número 17 y 18 desde el inicio de 2017. La 145 y 146 desde el año 2000, período en el cual se han quitado la vida hasta 203 guardia civiles si contamos con el benemérito que se suicidó antes de ayer. Entre los tres dejan 5 huérfanos que pasan a engrosas la cifra, literalmente incalculable, de los hijos que han perdido a su padre o a su madre por culpa de la principal causa de muerte de los agentes en activo de la Policía Nacional.

Cabría pensar que el Ministerio del Interior ha trabajado y habilitado un órgano creado ad hoc para salvar la vida a sus hombres y mujeres. Una herramienta de la Dirección General de la Policía puesta a disposición de las personas en riesgo de cometer estos actos con la misma exhibición, exuberancia y prestancia estética de la UNIG, la Oficina Nacional para la Igualdad de Género creada en 2018. Un éxito clientelar del photocall igualitarista que legisla desde el Congreso, y que sólo supone un beneficio para los mandos superiores elegidos a dedo para el ascenso, el de ellos y el de ellas, pero un inequívoco desprestigio para la institución policial: meter a las fuerzas de orden a administrar los menesteres turbios del enfrentamiento entre sexos y demás fango generado por las neofeministas.

Con una oficina de denuncias y el Código Penal en la puerta de al lado, es una urgencia de la UNIG “Impulsar el lenguaje inclusivo en la formación con la elaboración no sexista, revisar los casos de violencia de género en la plantilla y hablar de empoderar a las agentes”. La jerga inclusiva, aún no le ha servido de una mierda a la oficial que, al entrar en los vestuarios, golpeó sin querer la cabeza de su amiga tirada en el suelo después de pegarse un tiro en una comisaria de denuncias del centro de Valencia hace dos años.

Tampoco a las viudas de Gus, Juan Cano, el guardia civil de Orense sin pensión por la muerte estigmatizante del cónyuge mientras el Estado funde los recursos públicos en imprimir guías para desaconsejar los términos masculinizantes: “el jefe de servicio” por “la persona que ejerza la jefatura de servicio”. “El agente actuante por “quien esté actuando”. Manuales de adoctrinamiento para mujeres que salen a la calle sin chalecos para que los paniaguados de la administración que los redactan saquen tajada.

Mientras, y a pesar de la virulencia del problema, el protocolo de prevención para los suicidios en los cuerpos policiales simplemente no existe.
A pesar de las causas detectadas: las situaciones violentas vividas propias de la profesión, el factor de cambio de residencia dejando a la familia atrás, con especial coste personal y anímico tras el 1-O.

El miedo al estigma de los propios compañeros y a las burlas por la “debilidad”. El fácil acceso a las armas. Las campañas brutales que el poder ejecutivo pone en marcha para disminuir a los hombres. E incluso el negacionismo mediático ante el hecho de que, una alta tasa de los suicidios masculinos en las FCSE, son originadas por la situación de indefensión que el propio Estado crea con sus leyes de género en los casos de separación en los que el hombre es objeto de linchamiento generalizado. Para todos ellos, y ante la inacción del Gobierno, media docena de policías han creado “Zero Suicidio Policial” con sus propios medios. Prevención: 690 915 408, Intervención: 639 900 050 y Duelo: 634 330 866. Llama.

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