La violencia deslegitima y sirve de pretexto a Pedro Sánchez

manifestaciones Sánchez

Las concentraciones frente a la sede del PSOE en protesta por las ignominiosas concesiones que Sánchez está dispuesto a hacerles a los separatistas catalanes para garantizarse su continuidad en el poder son la expresión legítima de la indignación de una gran mayoría de españoles.

Pero la violencia desatada en las últimas horas por grupos de alborotadores merecen la mayor de las condenas. No sólo enturbian la respuesta democrática de quienes de forma pacífica se oponen al plan de Pedro Sánchez, sino que le otorgan la baza que andaba buscando, porque la estrategia de Sánchez pasa por vender la falsa idea de que quienes han salido a las calles son en su totalidad reaccionarios violentos de extrema derecha, la expresión más iracunda del fascismo.

La violencia vivida en Madrid la pasada noche arruina en parte la legítima respuesta de esa inmensa mayoría de españoles que se han concentrado pacíficamente, familias enteras que han salido a la calle a expresar su rechazo a la ley de amnistía y que no merecen, en ningún caso, ser confundidas con esos grupos de alborotadores que no representan el sentir de la mayoría pacífica. Los españoles de a pie que defienden la España constitucional lo hacen a cara descubierta, y no necesitan ir disfrazados de antifas y de sospechosos antisistemas.

Esos grupos de incontrolados violentos son lo que necesitaba Pedro Sánchez para justificar su injustificable plan de demolición constitucional. A estas horas, el presidente en funciones se estará frotando las manos al comprobar cómo los que han desatado el caos en Madrid se han convertido en sus mejores aliados.

La España concernida con la Constitución, la España harta de las cesiones al separatismo, la España recta y cabal que pide justicia y democracia en las calles nada tiene que ver con la fotografía de la violencia vivida en las últimas horas. Esa fotografía es la que le interesa vender a Pedro Sánchez. Y esa fotografía es la que merece un reproche absoluto.

Esa no es la España democrática que alza su voz en defensa del marco constitucional, esa, al fin y al cabo, es la España negra que sirve a Sánchez de pretexto.

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