El verdadero crimen de la familia Bono
Lo más insultante de Bono no es que se haya enriquecido riéndose (descojonándose) del pueblo, ni que viva en la opulencia faraónica viniendo de la nada (bueno, de Salobre, Albacete, con una mano delante y en la otra un maletín repleto de los misterios que la vida prodiga a los zurdos bondadosos y abnegados). Lo malo no es su mansión ostentosísima en Tánger, ni las cuentas y sociedades offshore, los saldos millonarios predicando austeridades ideológicas, ni que compre caballos con billetes de 500 euros en bolsas de basura de jardinero estatal, ni siquiera que, siendo un personaje público de un partido dizque moderno, lleve toda la vida ocultando su vida amorosa cuando debería normalizarla, dar ejemplo y experimentarla con la naturalidad del que no es homófobo… Inciso. Que bien me cae su ex mujer, la última vez que la vi me preguntó si era rusa y me ganó; la belleza rusa es la más sofisticada (la menos, la de Sara Santaolalla).
Lo peor de Bono no es la falta de compromiso paradigmática y sangrante del socialista, (su santo patrón forever Zapatero, aka, tener poco y dar mucho) con la miseria del español promedio que no alcanza la vivienda digna trabajando dos adultos a destajo. ¿Vacaciones, carne de ternera?
Adivinen. Lo terrible de Bono no es su indolencia asquerosa, ni su dime de qué presumes (solidaridades de amante del lujo) y te diré por dónde pinchas.
Lo peor de Bono no es que esté a la cola del banquillo socialista: ya no es solo el viejo barón con chaleco de pana, sino un potencial imputado internacional con América Latina y Estados Unidos siguiéndole con prismáticos. Si EEUU da el paso de formalizar cargos, Bono salta por los aires y se suma a la lista de los que predicaban igualdad mientras hacían turismo fiscal.
Estados Unidos se toma muy en serio tres cosas: narcotráfico, blanqueo y uso de infraestructuras estratégicas (energía, aeropuertos, seguridad) para mover dinero y poder. Si un ex ministro europeo, amigo del régimen chavista y con historial de ventas de material militar a Maduro, se instala en Dominicana, obtiene nacionalidad privilegiada y monta estructura societaria en sectores clave, la cagó. Pero eso no es lo peor.
Por cierto, el presidente que firmó la nacionalidad de Bono tiene como redactor de discursos al novio de Bono. Y ese redactor es, además, primo de Borja Cabezón, el cargo socialista acusado de defraudar en España. Estoy segura de que hay una explicación sencilla para todo esto.
Bono gobernó Castilla-La Mancha durante veintiún años. Fue ministro de Defensa, presidente del Congreso. A lo largo de ese recorrido cultivó una imagen de político moderado, cristiano y cercano. Y en algún punto del trayecto, entre discursos, viajes oficiales y horas de servicio desinteresado, su patrimonio se habría multiplicado por cien respecto a lo que cabría esperar de sus sueldos públicos y sus humildes orígenes provinciales. Y, miren, no pasa nada.
Eso sí, lo que no toleramos, y en esto somos irreductibles, son sus bailecitos con Amelia (como demenciada…), donde Bono puede explicarlo todo menos ese TikTok.
Quizá el peor de los espantos que nos ha traído el siglo XXI es precisamente TikTok, y dentro de estos antiestéticos y contumaces vídeos, los más vergonzantes son los vídeos chistosos de familias felices bailando…
En cuanto a Amelia (es muy guapa, como su madre) pero nos cae fatal por presumida e insolidaria; por sus bailecitos de privilegiada perfecta (de zyprexa y lexatin) en la cocina… Son irritantes, como lo es todo histrionismo carente de ironía, gracia, compasión, autocrítica e inteligencia.
Está claro (véanse los videos en RRSS) que Bono es menso; pero nosotros más.
Si un día, habiéndose intoxicado previamente con ketamina o con burundanga, mi novio me propusiera hacer juntos un TikTok, lo abandonaría (y no es exagerado ni baladí, no quieran que analice lo que hay detrás de un TikTok parejil).
Si permaneciera con él (creo que en la Biblia no se contempla el abandono por oligofrenia), jamás podría volver a relacionarme íntimamente con él (perdería cualquier atisbo de atractivo sexual) y formalmente (eso por responsabilidad y civismo) le pediría que no ejerza su derecho al voto, que miren a dónde nos ha llevado el sufragio universal.