Sicarios digitales a sueldo

Sicarios digitales a sueldo

Las evidencias más claras suelen venir precedidas de una negación. Así ha ocurrido con Pablo Echenique. Rechazar que ‘Guerrilla’ pertenece a Podemos es casi tan estólido como obviar que la unión de los morados con Izquierda Unida ha supuesto un batacazo electoral. Ante la cínica postura del secretario de Organización de Podemos, OKDIARIO pone negro sobre blanco las evidencias que acreditan la realidad de este bélico canal. No sólo trabajan para ellos —su coordinador, Guillermo Paños, es parte de la plantilla— sino que, además, cuentan con parte de un presupuesto que para sí querrían muchas empresas en sus departamentos de redes sociales. El partido dirigido por Pablo Iglesias destina más de 300.000 euros al año a pagar los sueldos de los 11 profesionales que alimentan de contenido tanto a ‘Guerrilla’ como al resto de plataformas que los podemitas utilizan para insultar, amenazar, despreciar, coartar y perseguir a todas aquellas personas, asociaciones o medios de comunicación que no comulgan con un credo populista alejadísimo del lícito ejercicio democrático.

El lingüista estadounidense Noam Chomsky dice que uno de los aspectos fundamentales a la hora de manipular a la masa es "utilizar el aspecto emocional mucho más que la reflexión". Es normal que los dirigentes de Podemos se identifiquen con él, ya que siguen este principio como si fuera un axioma de fe, especialmente en redes sociales. Así, les hemos contado cómo estos sicarios digitales han manipulado encuestas y han insultado a personas como Mariló Montero por denunciar que Pablo Iglesias quisiera "azotarla hasta sangrar". Incluso han intentado amedrentar a periodistas que sólo han trabajado con arreglo a las leyes vigentes. Todo ello basado en el insulto y la descalificación con el objetivo de agitar a sus potenciales votantes. Esta importante partida económica no hace más que reflejar las prioridades reales de Podemos. Principios de actuación que perfilan un sesgo radical inquietante para la ciudadanía.

Lo último en Opinión