Sánchez y su pequeña mentira inocente

En los últimos días hemos asistido a la constatación casi científica de que Pedro Sánchez miente y oculta información sensible a la españoles sobre el alcance y contenido cierto de sus pactos con el independentismo. El ocultamiento, el engaño y la manipulación sistemática de los hechos constituyen un grave atentado contra el correcto funcionamiento de las instituciones democráticas. En Estados Unidos, el Washington Post llegó a contabilizar las mentiras proferidas por el presidente Trump desde su llegada a la Casa Blanca: 12.019 falsedades. Está por ver si en España somos capaces de cuantificar y calificar los embustes sobre los que se ha cimentado el primer gobierno de coalición de nuestra democracia. Cuando en el año 1974 Richard Nixon tuvo que dimitir de la Presidencia de Estados Unidos por el escándalo del Watergate, como publicó Los Angeles Times por aquel entonces, algunos de sus seguidores justificaban las ocultaciones como una “pequeña mentira inocente”. Esa “pequeña mentira inocente” es la dimensión que algunos pretender dar al proceder de Pedro Sánchez para no exigir ni una explicación ni una dimisión.

La reforma del Código Penal con la intención de rebajar el delito de sedición ha hecho saltar todas las alarmas esta semana. El propio presidente de Castilla-La Mancha ha roto la censura impuesta por el sanchismo para advertir que “con el Código Penal no se puede mercadear, no es negociable”. Es evidente que se trata de la enésima cesión al preso, Oriol Junqueras, que ha explicitado una connivencia suscrita a espaldas de la ciudadanía, del Poder Legislativo, y que podrían obstaculizar la labor del Poder Judicial. No es una “pequeña mentira inocente”. El controvertido anuncio supone el debilitamiento de nuestro Estado de Derecho en la tipificación a la baja de un delito que como los propios sediciosos han reconocido volverán a cometer cuando tengan ocasión. No es una “pequeña mentira inocente”. Este atajo otorgará a los delincuentes catalanes la victoria sobre el relato, la victoria moral del procés, al eximirles de cualquier reconocimiento de culpa que llevara aparejado la solicitud de indulto o el acceso al tercer grado. No es una “pequeña mentira inocente”. Una vez Oriol Junqueras sea liberado de su inhabilitación, nada podrá impedir que ponga las instituciones del Estado al servicio del próximo golpe. No es una “pequeña mentira inocente”.

Para que el gobierno de Sánchez pueda resistir esta legislatura necesita que los independentistas faciliten la aprobación de los Presupuestos Generales del Estado y, hasta que eso ocurra, el presidente del Gobierno será un millón de veces humillado y el Estado un millón de veces debilitado. No es una “pequeña mentira inocente”. Para los secesionistas esas humillaciones deberán ser públicas y publicadas para asegurarse el control emocional de la calle y optar a ampliar su base social. No es una “pequeña mentira inocente”. Llegará el día en que el monstruo Frankenstein salte en mil pedazos, pero será mucho antes de que los españoles lleguen a entender el alcance de su irresponsabilidad y las consecuencias de haber desprovisto a España de los instrumentos, morales y legales, para su defensa. No es una “pequeña mentira inocente”. Esto no va a salir bien.

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