La Mareta, el chiringuito veraniego que paga España

La Mareta, el chiringuito veraniego que paga España

Cinco veranos, más de 230.000 euros de gasto en La Mareta, sin contar el Falcon, la escolta ni el palacio, con gastos sin justificar e invitados fantasma. No hace falta añadir mucho más para entender qué tipo de presidente tenemos: uno que veranea como un jeque y rinde cuentas como si el dinero fuera suyo.

Presidencia, acorralada, ha tenido que admitir que la estancia de Sánchez en La Mareta durante 2025 costó 44.975,19 euros: 11.322,65 en alojamiento, 22.711,41 en manutención y 10.941,13 en locomoción. Y el capítulo más sucio de todos, la seguridad, sigue sin una cifra, porque lo que no se enseña no se puede criticar. Así funciona este Gobierno: opacidad como método de gestión.

Empecemos por el insulto a la inteligencia que supone el concepto «alojamiento». La Mareta es una residencia pública de Patrimonio Nacional. No hay hotel, no hay alquiler, no hay nada que facturar por dormir. ¿Qué se está pagando con esos 11.322,65 euros? La respuesta que da Moncloa es el silencio, la misma respuesta de siempre cuando se trata de su tren de vida a cargo del contribuyente.

La locomoción es igual de indecente. El presidente vuela a Lanzarote en aviones militares que ya paga Defensa. Así que esos casi 11.000 euros son, en realidad, otra cosa: coches, taxis, caprichos de un séquito que se mueve por la isla como si estuviera de crucero, todo con cargo al erario y sin una sola explicación pública.

Y luego está la manutención, con 22.711,41 euros, la partida más generosa de las tres. ¿Se está pagando el marisco y el vino de asesores, escoltas y allegados mientras el resto de los españoles aprieta el cinturón para llegar a fin de mes? Nadie lo sabe, porque a Moncloa no le interesa que se sepa.

Que esto no es paranoia lo demuestra que haya hecho falta una resolución administrativa para arrancarle al Gobierno información básica: el Consejo de Transparencia y Buen Gobierno, en su Resolución 1403/2025, de 21 de noviembre, tuvo que ordenar a Presidencia que desglosara el gasto y dijera quiénes eran los invitados. Un presidente que necesita que le obliguen a contar en qué gasta el dinero público no es transparente: es un presidente pillado en falta que solo suelta información a la fuerza.

Y ahí siguen, sin respuesta, las preguntas que de verdad incomodan: ¿quién paga las lanchas en las que pasea o bucea? ¿Quién corre con el gasto cuando sus hijas salen en moto de agua, un capricho carísimo y estrictamente privado? Todo apunta a que ese ocio familiar se financia con dinero público disfrazado de «seguridad» o de «gastos confidenciales», dos etiquetas convertidas en el cajón de sastre perfecto para no rendir cuentas de nada.

Mientras Sánchez siga escondiéndose detrás de ese secretismo, La Mareta seguirá siendo el símbolo más claro de un presidente que ha convertido el patrimonio de todos en su residencia de recreo particular.

Eduardo M. Morato López es abogado. 

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