Madrid, en el CERA se piensa mucho en ti
«Madrid, Madrid, Madrid, en el CERA se piensa mucho en ti». Parafraseo el inolvidable chotis de Agustín Lara porque encaja a la perfección en esta materia sensible, cruzada de nostalgia y amor a este pedazo de la España en que nacieron exiliados y emigrantes, pero también de sospecha de manipulación de ambos fenómenos del siglo XX al servicio hoy de un oscuro ventajismo electoral.
Ahora que Pedro Sánchez ha convocado por fin elecciones generales para el próximo 29-N, conviene recordar que en la región de Madrid ha crecido un 40% el Censo Electoral de Residentes Ausentes (CERA) desde la aplicación de la Ley de Nietos en octubre de 2022. Son 132.771 altas en el voto exterior en esta Comunidad Autónoma, lo que representa un tercio del total de nuevos inscritos en toda España.
Algunos de estos datos figuran en la solicitud que desde el Grupo Parlamentario Popular hemos presentado en la Asamblea de Madrid para la creación de una comisión de estudio sobre el impacto en el censo electoral de la inefable instrucción de Sofía Puente, hermana del actual ministro de Transportes.
La instrucción, que alteró el sentido y la extensión de la Ley de Memoria Democrática cuatro días después de la entrada en vigor de esta, extiende la «presunción de exilio» a los que se marcharon de España entre el 18 de julio de 1936 y el 31 de diciembre de 1955, mezclando sin pudor alguno el exilio político y la emigración económica.
Ya hemos abordado en anteriores artículos la falacia de esta «presunción de exilio» en ese marco cronológico. Desde 1945, el régimen de Franco dispuso varias medidas para facilitar el retorno de los exiliados, incluido el indulto total para delitos que no fueran de sangre.
Al mismo tiempo, y coincidiendo con el restablecimiento de las vías marítimas después de los peligros para la navegación a causa de la Segunda Guerra Mundial, la dictadura levantó en 1946 las trabas a la emigración transoceánica.
Entre 1941 y 1946 habían salido de España a América 18.298 emigrantes, una media de 3.000 personas al año, mientras que entre 1947 y 1955 se embarcaron 407.694, una media anual de 45.000, según los datos de la delegación del Instituto Nacional de Estadística (INE) en el Ministerio de Trabajo. Más de la mitad de los españoles emigrados a América entonces fueron gallegos y canarios, tradicionalmente mayoritarios en la emigración a Ultramar. A pesar de ello, Sánchez quiere vendernos que esto prueba un supuesto monopolio de Galicia y Canarias en el rechazo a la dictadura, lo cual es un disparate, amén de una falsedad.
Para que Madrid concentre una tercera parte del crecimiento del censo electoral exterior en los últimos cuatro años, habría que asumir que el número de madrileños que se «exiliaron» de la España franquista superó al de gallegos y canarios. Nada más lejos de la realidad.
Los datos de origen de los emigrantes por provincias empiezan a detallarse desde 1949 en los Anuarios Estadísticos del INE. En ese año, la emigración transoceánica española da el gran salto, pasando a 41.910 personas respecto de las 19.156 del año anterior.
Si tomamos las cifras entre 1949 y 1955, cuando la emigración a América vivió su mayor auge, los madrileños sumaron 17.254 de los 370.006 españoles que partieron en total. La cifra de madrileños representa solo un 4,6% del conjunto nacional, que se reduce al 3,4% si restamos los 4.383 madrileños retornados en ese mismo periodo.
Es difícilmente comprensible que, con una presencia tan residual en la emigración a América en los años de mayor tráfico de personas al otro lado del océano, Madrid concentre hoy un tercio de los nuevos votantes inscritos en el exterior. Me temo que ni el genial mago Juan Tamariz (q. e. p. d.) podría revelarnos dónde está el truco.
Las cifras del exilio político tampoco explicarían este protagonismo de Madrid en las inscripciones de votantes CERA respecto al resto de España. Se calcula que los exiliados de Castilla la Nueva, a la que entonces pertenecía Madrid, representaron el 7% del total al final de la Guerra Civil. Las dificultades para alcanzar la frontera francesa o la costa desde la zona centro del que fuera territorio republicano explican este bajo porcentaje.
Si consideramos la cifra de 162.000 exiliados permanentes contabilizados por el diplomático e historiador Javier Rubio, 11.340 personas serían de Castilla la Nueva. Aun admitiendo que todas ellas fueran de Madrid resulta poco verosímil que, sumadas a las cerca de 20.000 de la emigración económica, puedan haber generado 132.771 altas en el voto exterior, más las que vendrán.
Ya es conocido el insólito caso de Tres Cantos, municipio creado en 1991, al que le han adjudicado por la Ley de Nietos cerca de doscientos nuevos electores en el extranjero. Su alcalde, Jesús Moreno, ha pedido que se audite el censo exterior para descubrir las razones de este desatino.
También está la situación de Madarcos, que ya tiene más votantes en el extranjero que en el propio municipio. Su alcaldesa, Eva Gallego, no se explica de dónde salen. Los censos de residentes del INE confirman que su población de antes de la Guerra Civil se mantuvo después del conflicto: 150 vecinos en 1930 y 151 en 1940, pese a lo cual la aplicación de la Ley de Nietos ha provocado que sus votantes exteriores superen hoy a los que viven en el pueblo.
En la mayoría de las localidades madrileñas en las que el Gobierno justificaría el aumento superior al 50% de los votos CERA por el exilio después de la contienda, los censos de población del INE no sólo demuestran que la cifra de habitantes se mantuvo entre 1930 y 1940, sino que incluso creció, a pesar de las consecuencias demográficas que el conflicto produjo por muertes a causa de acciones bélicas, enfermedad o exilio.
Existen municipios de Madrid donde el voto CERA se ha multiplicado por dos por la Ley de Nietos. Sin embargo, la población creció en el censo realizado después de la Guerra Civil, según el INE. Así, Estremera pasó de 2.111 vecinos en 1930 a 2.134 en 1940; Villavieja del Lozoya, con 464 habitantes en 1930, sumaba 480 en 1940; y Garganta de los Montes vio crecer su población de 473 personas a 482.
Otro caso llamativo es el de Montejo de la Sierra, donde el voto CERA crece hasta un 83% por la Ley de Nietos. Su población, lejos de disminuir, aumentó en el censo posterior a la guerra: 523 habitantes en 1940 frente a los 517 de 1930. Lo mismo sucede en Valdelaguna, con un incremento del 67% del censo electoral exterior: su población pasó de 844 a 888 vecinos después de la Guerra Civil.
Otros municipios madrileños con notables aumentos del voto exterior por la Ley de Nietos, como Los Santos de la Humosa (incremento del 60%), Aldea del Fresno (58%), Anchuelo (57%), Corpa (57%), Colmenar del Arroyo (54%) o Rascafría (50%), vieron crecer también su censo de población después de la Guerra Civil.
Esta realidad demográfica, corroborada por el INE, pone en entredicho la justificación de la maniobra del Gobierno para alterar el censo electoral exterior con el pretexto del exilio republicano.
Por eso es lícito cuestionarse la finalidad de esta torticera maniobra para confundir exilio político con emigración económica. Es como colocar una urna de cartón detrás de un biombo llena de papeletas antes de una votación, que es lo que Pedro Sánchez ya trató de hacer una vez para engañar a sus propios compañeros.