El 15M de Sánchez: de El Trampolín de Ceuta a la Puerta del Sol de Madrid
El 15M fue un movimiento ciudadano cuyo comienzo se produjo tras una gran manifestación celebrada en Madrid, como una protesta contra la crisis económica, el desempleo, la corrupción y el bipartidismo.
Era el día 15 del mes de mayo de 2011. Y el gobierno, desde el trágico atentado del 11M de marzo de 2004, era precisamente del PSOE, y presidido por Rodríguez Zapatero. Es decir, que de la crisis y todo lo demás contra lo que protestaban, no tenía la oposición la principal responsabilidad, aunque para los manifestantes así lo pareciera.
La crisis inmobiliaria de 2008 había provocado una muy grave crisis económica y financiera, que no reconoció el gobierno socialista hasta que en 2010 ya eran evidentes e imparables sus consecuencias sociales. Lo que incluso provocó que el secretario general socialista y presidente del gobierno no fuera el candidato en las elecciones generales de noviembre de 2011, ganadas por una mayoría absoluta histórica del PP.
El gobierno popular se enfrentó a la herencia de una crisis que situó a España ante la amenaza de un “rescate” por parte de la UE, al igual que lo experimentaron Grecia, Irlanda y Portugal. La dimensión socioeconómica de España —la 4.ª economía comunitaria— motivó que se adoptaran por el propio gobierno español las drásticas medidas necesarias para superar aquella crisis. Heredada de la lamentable negligencia socialista desde que esta había estallado.
El nuevo gobierno, con las drásticas y necesarias medidas adoptadas, evitó que el rescate fuera efectuado por los «hombres de negro» de Bruselas. Interviniendo directa y radicalmente en nuestra economía como sucedió en esos otros países. Es oportuno recordar este reciente capítulo de nuestra historia, por cuanto la situación de la vivienda está provocando protestas organizadas desde la izquierda social y política.
Al igual que sucedió con el 15M hace 11 años, olvidando, como recordamos, que era progresista el PSOE, quien entonces estaba en el gobierno desde hacía 7 años. E imitando ahora a sus predecesores de entonces, que con sus acampadas en las plazas y las calles dieron nacimiento al partido Podemos, con Pablo Iglesias para resolver los problemas de España.
Entre las acampadas destacó la de la Plaza de la Puerta del Sol de Madrid, al igual que están haciendo ahora los «solidarios» con la desahuciada anciana Maricarmen. Que han convertido la Puerta del Sol en otra virtual playa de El Trampolín de Ceuta. Ocupada por miles de inmigrantes ilegales que invadieron la ciudad el pasado 30 de julio. Entre los manifestantes que se movilizan exigiendo una política que dé una respuesta adecuada a la crisis de la vivienda, destaca en especial un personaje: la vicepresidenta 2.ª del gobierno y ministra de Trabajo, Yolanda Díaz. Que anima a manifestarse contra el gobierno del que forma parte destacada: «¡Si hay que movilizarse contra el gobierno, movilicémonos!».
Suponemos que se movilizará contra ella misma, lo que hará de una manera hasta ahora desconocida, y que mantiene una especial atención sobre su persona. Es un ejemplo más de lo que es la coalición «progresista» instalada en el gobierno. Con 5 ministros del socio Sumar, que en lugar de dimitir y obligar a convocar elecciones generales a su jefe, su lideresa convoca a manifestarse contra el gobierno que ella misma vicepreside.
Entre tanto, Sánchez está corriendo una extraordinaria contrarreloj desde hace más de 8 años, para llegar victorioso a la meta este martes. Aprobando un Real Decreto Ley que evite más desahucios como el de Maricarmen. Aunque para que el Consejo de Ministros lo apruebe mañana y el Congreso lo convalide a continuación, necesita poner de acuerdo a los «progresistas» comunistas de Sumar con los «progresistas» separatistas de Puigdemont, por ejemplo. Lo cual no es tarea fácil, cuando el progresista ministro comunista Urtasun, por ejemplo, propone expropiar las viviendas que estén habitadas por quienes se pretenda desahuciar. Y que el mismo influencer de las redes, Óscar Puente, ha calificado de imposible. Lo que tampoco parece ser de completo agrado de no pocos de los que mantienen al inquilino residente en Waterloo. Lo cual, sin perjuicio de ello, es razonable, ya que es incompatible con una economía de libre mercado y la sociedad de un país desarrollado y democrático occidental.
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