Renovación en la agricultura española: Murcia acolcha con lana de oveja los suelos agrícolas para retener la humedad y acelerar la reforestación
Aparecen linces ibéricos entre 84.500 imágenes de fototrampeo en los olivares andaluces
Un pueblo madrileño de 1300 habitantes es el único lugar de España especializado en cultivar una calabaza japonesa con forma de bombilla y sabor a castaña
Los agricultores argentinos, obligados a usar semillas fiscalizadas para evitar que la plaga del jopo del girasol entre en su país
Lo que se ve en muchas regiones agrícolas de España es un problema que se repite año tras año: la falta de agua, la erosión del suelo y unos veranos cada vez más duros que dificultan la reforestación. Y en medio de todo esto, la ganadería ovina tiene un recurso que hasta ahora no sabía muy bien qué hacer con él: la lana sobrante de la esquila.
Murcia acaba de encontrar la manera de unir ambos problemas y convertirlos en una solución, con un proyecto piloto que utiliza la lana de oveja como acolchado natural para retener la humedad del suelo y acelerar la reforestación.
El proyecto de Murcia que convierte la lana en un recurso agrícola
La Región de Murcia ha puesto en marcha un proyecto piloto pionero en el Parque Regional de Sierra Espuña para reutilizar la lana de oveja local como acolchado natural (mulching) en cultivos tradicionales, viveros y proyectos de restauración forestal.
Esta técnica innovadora busca transformar un residuo que actualmente carece de valor comercial y genera costes para los ganaderos en un recurso ecológico de alto valor para mitigar la sequía y la desertificación.
La estructura porosa de la queratina de la lana absorbe agua eficientemente y reduce drásticamente la evaporación del suelo, lo que puede disminuir de forma masiva la necesidad de riego. En las zonas áridas de Sierra Espuña, la manta de lana también protege las raíces de los plantones forestales nuevos, regulando la temperatura del suelo (aislándolos del frío y del calor extremo) y garantizando una mayor tasa de supervivencia frente al cambio climático.
Al ser un material 100% biodegradable, la lana se integra gradualmente en el terreno y, durante su descomposición, aporta macronutrientes esenciales como nitrógeno, potasio, fósforo, calcio y magnesio sin riesgo de quemar las raíces. Además, funciona como una barrera opaca física que limita la proliferación de malas hierbas de manera natural, eliminando la necesidad de herbicidas sintéticos o plásticos de cobertura.
A todo esto se suma la sostenibilidad socioeconómica del programa, financiado por el Fondo Europeo de Desarrollo Regional (FEDER), que ofrece formación directa a agricultores y ganaderos para recolectar la lana en temporada de esquila, acondicionarla y distribuirla.
Cómo actúa la lana sobre la humedad y el suelo
El funcionamiento del proyecto piloto en la Región de Murcia se basa en la economía circular aplicada directamente sobre el terreno. Consiste en aprovechar un subproducto ganadero sin salida comercial (la lana sucia de desecho) y colocarlo como una manta protectora física y biológica en la base de los cultivos y plantones forestales del Parque Regional de Sierra Espuña.
El proceso comienza con la recogida local, la lana se obtiene directamente de las explotaciones ovinas durante la temporada de esquila, lo que ahorra costes de gestión de residuos a los ganaderos. Después pasa por un acondicionamiento mínimo, sin lavados agresivos ni químicos, limpiándose solo de impurezas grandes mediante un tratamiento básico que conserva sus aceites y grasas naturales, como la lanolina, que actúan como protectores.
Finalmente, se instala la manta esparciendo una capa de lana de entre 2 y 5 centímetros de grosor directamente sobre la superficie del suelo, rodeando los tallos de los árboles o las líneas de los cultivos.
En cuanto a la retención de humedad, aunque la lana cruda repele el agua al principio debido a sus grasas, al asentarse en la tierra se convierte en una estructura porosa hidrófila capaz de retener hasta un 30% de humedad ambiental y de lluvia. La densidad del tejido también crea una barrera física que rompe el impacto del viento y del sol directo sobre la superficie del suelo, reduciendo masivamente la evaporación de agua subterránea y optimizando el riego.
Para la reforestación, la queratina de la lana actúa como un climatizador natural del suelo, en verano evita que las raíces se sobrecalienten con olas de calor extremo, y en invierno retiene la energía térmica del suelo para protegerlas de las heladas de montaña. Al tapar la luz del sol, la manta también impide de forma mecánica la germinación y el crecimiento de malas hierbas en la base del árbol protegido, permitiendo que el plantón forestal absorba toda el agua y los recursos disponibles sin rivales.
Con el paso de los meses, los microorganismos del suelo (hongos y bacterias) comienzan a descomponer las fibras de lana, y conforme esta se desintegra, mineraliza el terreno liberando nitrógeno de forma lenta y progresiva, además de potasio, azufre, fósforo y magnesio, nutriendo el suelo de forma orgánica y continua sin generar picos químicos nocivos.