Agricultura

Suena raro, pero lo respaldan 45 estudios científicos: los suelos europeos retienen un 70% más de agua gracias a dos técnicas agrícolas ancestrales

Técnicas ancestrales que funcionan en agricultura, mulching en agricultura, acolchado en suelo agrícola, mantillo en agricultura, estudio científico contra la sequía en agricultura.
Recreación técnicas agrícolas.
  • Manuel Morera
  • Periodista y fundador del pódcast V9, el programa de F1 más escuchado de España. Universidad de Valencia y Radio 3. Anteriormente en ElDesmarque, Levante TV y Las Provincias.

Mientras el sector agrícola pone el foco en sensores, fertilizantes y maquinaria con inteligencia artificial, cada vez son más los estudios científicos que apoyan las tácticas naturales para resistir mejor la sequía y ser más productivos en el campo.

Por ejemplo, el estudio Effects of soil cover practices on soil health and agroecological functions ha revisado 45 trabajos científicos para llegar a la conclusión de que existen dos prácticas ancestrales que mejoran la estructura, la humedad, la erosión, la materia orgánica y la actividad biológico de los suelos europeos.

Se trata del acolchado y de los cultivos de cobertura. La primera práctica cubre el terreno con restos vegetales, paja, compost u otros materiales. La segunda mantiene plantas vivas sobre el suelo entre los cultivos.

Las dos técnicas agrícolas ancestrales que ayudan al suelo a retener el 70% del agua

Según la revisión científica, los sistemas con cultivos de cobertura integrados consiguieron que la humedad del suelo aumentase entre un 50% y un 70%. Al mismo tiempo que la erosión bajó entre un 36% y un 53%.

La explicación está en cómo cambia el suelo cuando deja de estar expuesto al sol, al viento y al golpe directo de la lluvia. Hay que tener en cuenta que una cubierta vegetal protege la superficie, aporta raíces y suma materia orgánica.

El acolchado (o mantillo) funciona de otra manera, pero puede solucionar el mismo problema. Al cubrir el suelo con material orgánico, reduce la evaporación, suaviza los cambios de temperatura y ayuda a conservar la humedad durante más tiempo.

En un contexto global marcado por las sequías, las olas de calor y el aumento de suelos agrícolas degradados, estas técnicas ancestrales pueden ser fundamentales. Un suelo cubierto pierde menos agua y resiste mejor los episodios extremos que un terreno desnudo y compactado.

Por qué cubrir el suelo agrícola ayuda a reducir la erosión

Hay técnicas tradicionales que están viviendo una segunda juventud apoyándose en criterios científicos. Con el acolchado y con la cobertura puede pasar lo mismo.

La calidad del suelo depende de la estructura de sus agregados, de la porosidad, de la materia orgánica y de la vida microbiana que sostiene los ciclos de nutrientes.

Cuando se aplican cultivos de cobertura y acolchados durante varios años, esa estructura mejora. Por ejemplo, se producen mejoras en la estabilidad de agregados, menos compactación y más infiltración de agua.

La consecuencia práctica es que el agua entra mejor en el perfil del suelo y se queda disponible durante más tiempo para las raíces. En ensayos a largo plazo, la capacidad de retención de agua creció entre un 4% y un 7% durante una década.

Además, el uso de cultivos de cobertura de invierno y una mayor densidad de siembra redujo el volumen de escorrentía superficial en un 45% y un 58%, respectivamente. Es decir, pierden menos corriendo por la superficie y arrastrando tierra fértil.

Qué cambia el regreso a las técnicas tradicionales en la agricultura europea

Lo interesante para el campo europeo está en que estas prácticas no sólo mejoran un indicador aislado. La cubierta vegetal y el acolchado actúan a la vez sobre agua, carbono, estructura física y vida del suelo.

Según la revisión científica, los sistemas con conservación y cubierta vegetal aumentaron el carbono orgánico del suelo en un 22%, la biomasa microbiana en un 29% y la necromasa microbiana en un 11%.

Además, la combinación de cultivos de cobertura y acolchado puede elevar la materia orgánica entre un 20% y un 30%.

Eso convierte a estas técnicas en una herramienta de agricultura regenerativa, pero no en una solución automática. La letra pequeña es que los resultados dependen del tipo de suelo, del clima, de la duración de la aplicación y de cómo se combinen con otras prácticas.

Lo último en Naturaleza

Últimas noticias