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El hallazgo que estremece a la comunidad zoológica: un fósil brasileño de hace 75 millones de años puede ser la serpiente primitiva más antigua

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Recreación artística de un fósil de una serpiente. Foto: elaboración propia con IA
  • Ana López Vera
  • Máster en Periodismo Deportivo. Pasé por medios como Diario AS y ABC de Sevilla. También colaboré con la Real Federación de Fútbol Andaluza.

El descubrimiento de un fósil de serpiente primitiva en Brasil está generando un gran interés entre los especialistas en paleontología. Los restos, con una antigüedad estimada de 75 millones de años, podrían pertenecer a una de las serpientes más antiguas conocidas hasta la fecha y aportan nuevas claves sobre el origen evolutivo de este grupo de reptiles.

Su extraordinario estado de conservación permite estudiar aspectos anatómicos que hasta ahora permanecían ocultos, especialmente relacionados con la desaparición de las extremidades y la adaptación a la vida bajo tierra.

Descubren en Brasil el fósil de una serpiente primitiva de hace 75 millones de años

El hallazgo, publicado en la revista Nature, se produjo en la formación Adamantina, un importante yacimiento del Cretácico Superior situado en Brasil. Se trata del primer fósil de una serpiente articulada encontrado en el país, un avance relevante si se compara con los descubrimientos anteriores, que se limitaban a vértebras aisladas y fragmentos incompletos.

La conservación tridimensional del ejemplar resulta excepcional para un fósil de esta antigüedad. Gracias a ello, los investigadores han podido analizar prácticamente todo su esqueleto, obteniendo una visión mucho más completa de cómo eran las primeras serpientes y de las adaptaciones que desarrollaron durante su evolución.

La nueva especie ha sido bautizada como Tametara mirim, un nombre procedente de la lengua tupí-guaraní que significa «pequeña adornada».

La denominación hace referencia a la marcada cresta sagital presente en su cráneo. Con una longitud craneal aproximada de apenas 33 milímetros, este pequeño reptil compartía su hábitat con dinosaurios saurópodos y aves primitivas que poblaban Sudamérica durante el final del Cretácico.

La neuroanatomía revela que esta serpiente estaba adaptada a vivir bajo tierra

Uno de los aspectos más destacados del estudio es el análisis del cerebro del animal. Mediante tomografías microcomputarizadas de alta resolución, los científicos lograron reconstruir virtualmente el interior del cráneo, algo poco habitual en fósiles tan antiguos.

Los resultados muestran que Tametara mirim presentaba hemisferios cerebrales y un téctum óptico relativamente pequeños, una combinación anatómica asociada a una capacidad visual reducida.

Este rasgo es característico de los animales que desarrollan la mayor parte de su actividad bajo la superficie, donde la visión pierde importancia frente a otros sentidos.

Las conclusiones no se limitan al sistema nervioso. El estudio también detectó un elevado grado de compactación en los huesos del cráneo, considerablemente más gruesos que los de muchas serpientes actuales.

Esta característica habría permitido soportar las fuertes presiones mecánicas derivadas de excavar galerías en el subsuelo, reforzando la hipótesis de que se trataba de una especie claramente fosorial.

El descubrimiento de este fósil cambia las teorías sobre la evolución de las serpientes

Hasta hace poco, una parte de la comunidad científica defendía que las primeras serpientes compartían un origen común ligado a un único tipo de hábitat, ya fuera terrestre o marino. Sin embargo, este nuevo fósil de serpiente primitiva apunta a un escenario mucho más complejo.

La investigación indica que distintas especies desarrollaron estrategias evolutivas diferentes desde etapas muy tempranas. Mientras Tametara mirim estaba especializada en excavar bajo tierra en el actual territorio brasileño, otras serpientes contemporáneas, como Dinilysia, ocupaban ambientes terrestres en lo que hoy es Argentina.

Según informa la Agencia SINC, Tiago Simões, investigador de la Universidad de Princeton y primer autor del estudio, sostiene que esta diversidad ecológica demuestra que la evolución de las serpientes no siguió una trayectoria única, sino que dio lugar a numerosas adaptaciones en paralelo.

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