Castilla y León gana la batalla contra los escarabajos: investigadores de la UVa reducen un 26% la principal plaga de la trufa negra gracias a los hongos
La trufa negra (Tuber melanosporum) ha pasado a ser una de las mayores fuentes de ingresos del medio rural en Castilla y León, con más de 3.100 hectáreas plantadas y una producción anual que supera las diez toneladas. No obstante, y penosamente, los truficultores lidian con una plaga que lleva años reduciendo la calidad y el valor comercial de buena parte de la cosecha.
Frente a los insecticidas químicos convencionales, un equipo de la Universidad de Valladolid (UVa) y la empresa palentina ID Forest decidió poner a prueba una solución basada en organismos vivos, aplicada directamente sobre el terreno durante dos campañas truferas completas.
Una batalla ganada con hongos: así fue el plan que redujo la plaga de la trufa negra
El principal responsable de esta plaga de la trufa negra es Leiodes cinnamomea, un escarabajo micófago cuyas larvas se alimentan directamente del interior de la trufa, mientras los adultos la usan como refugio, dañando su aspecto y reduciendo su valor comercial en el mercado.
Para combatirlo, el equipo aplicó mediante riego por goteo el hongo entomopatógeno Beauveria bassiana.
Esta especie es capaz de parasitar e infectar a los insectos hasta matarlos, aprovechando además que la cepa mantiene su eficacia incluso a bajas temperaturas, normalmente entre noviembre y marzo, cuando la mayoría de insecticidas convencionales pierden parte de su efectividad.

El estudio, liderado por Álvaro Benito Delgado junto a Jaime Olaizola Suarez, Iván Franco Manchón, Pablo Martín Ramos, Alfredo Benavente Martínez y Julio Javier Díez Casero, se publicó orgullosamente en la revista Phytoparasitica.
Los sectores tratados con el hongo registraron entre un 25% y un 26% menos capturas de escarabajos adultos durante el pico de emergencia de la plaga, en las dos campañas analizadas.
¿Cómo fue que se probó este bioinsecticida contra la plaga de la trufa negra?
El ensayo se realizó en Trufas del Cerrato, una plantación de 4,5 hectáreas propiedad de ID Forest, dividida en nueve sectores para comparar distintos tratamientos bajo las mismas condiciones de suelo y clima.
Durante la primera temporada, tres sectores recibieron el hongo Beauveria bassiana, otros tres fueron tratados con nematodos y los tres restantes actuaron como control, sin ningún tratamiento.
En la segunda campaña, el equipo concentró el ensayo en el tratamiento con hongo, que había mostrado los mejores resultados.
Según explicó Álvaro Benito, investigador predoctoral del iuFOR y primer autor del estudio, ya existían indicios previos de que esta cepa comercial del hongo era eficaz a bajas temperaturas, algo clave para que el tratamiento funcionara durante la campaña trufera, que se desarrolla en pleno invierno.
¿Por qué es tan importante que se frene la plaga de la trufa negra en Castilla y León?
España es el primer productor mundial de trufa negra, con más de 100 toneladas anuales y una participación del 60% en la producción global, de la que se exporta el 80%. Castilla y León concentra buena parte de ese cultivo, con Soria como provincia de referencia, con más de 1.900 hectáreas plantadas.
Cada plantación trufera tarda entre siete y doce años en dar sus primeras trufas, aunque después puede mantenerse productiva durante más de treinta años, con rendimientos medios de entre 20 y 50 kilos por hectárea. Ese largo periodo de espera hace que proteger cada cosecha frente a plagas como esta sea especialmente importante para la rentabilidad del cultivo.
Los propios investigadores reconocen limitaciones en el estudio, entre ellas la dificultad de medir el daño directo sobre las trufas más allá de las capturas de escarabajos adultos, por lo que el hongo se plantea como una herramienta más dentro del manejo integrado de la plaga, no como una solución definitiva por sí sola.
Cada trufa que un escarabajo perfora pierde parte de su valor en el mercado, un daño que hasta ahora se combatía casi exclusivamente con productos químicos. Con este primer ensayo de campo, el hongo Beauveria bassiana se suma como una alternativa más sostenible para las truferas de Castilla y León.