Un catedrático universitario advierte sobre el derribo de una pequeña presa del siglo XX en un río extremeño: «Es un atentado ambiental»

La Confederación Hidrográfica del Tajo ha puesto sobre la mesa el futuro de la presa de Hijadilla, un pequeño azud (una presa de derivación que desvía parte del caudal) situado en el río Salor, dentro del término municipal de Cáceres. La infraestructura lleva años sin uso y el organismo ha abierto un periodo de información pública para decidir si la derriba.
La posibilidad de la demolición ha movilizado a una parte del mundo rural extremeño y a varios expertos, que han firmado un manifiesto para frenarla. Entre ellos destaca Julián Mora Aliseda, catedrático de Ordenación del Territorio y Desarrollo Sostenible de la Universidad de Extremadura, cuyas palabras en redes sociales han convertido un asunto local en una polémica.
¿Por qué este catedrático extremeño considera un «atentado ambiental» derribar la presa de Hijadilla?
Para Mora Aliseda, eliminar la presa de Hijadilla sería un error de diagnóstico con consecuencias graves. Así lo expresó a mediados de agosto en un mensaje publicado en X: «Demoler una pequeña presa o azud en un río mediterráneo, que seca en verano, es un atentado ambiental». Inclusive, en la misma publicación calificaba el proyecto de «ecocidio institucional».
El argumento central es que el Salor no se comporta como un río del norte. En verano, su cauce se fragmenta y queda reducido a charcas aisladas, de modo que la lámina de agua que retiene el azud funciona como refugio para peces, nutrias, aves y especies cinegéticas.
En este sentido, según el catedrático, Hijadilla es hoy «un refugio para la biodiversidad», una especie de oasis en plena sequía estival.
Y desde luego, su advertencia va más allá de este punto del mapa. «Debemos evitar la demolición de Hijadilla, porque será el principio de una cadena de destrucción fluvial», ha señalado en declaraciones al medio local COPE.
Además, Mora teme que el caso siente precedente y que otras pequeñas presas del suroeste peninsular corran la misma suerte sin estudios previos que evalúen lo que se gana y lo que se pierde con cada derribo.
Así es la presa de Hijadilla, un azud ligado a un antiguo molino
La estructura que protagoniza este artículo es modesta. Se trata de un muro de mampostería de 55 metros de longitud que embalsa agua con una profundidad de unos cuatro metros.
Su origen está ligado al molino de Hijadilla, un ingenio harinero que aprovechaba la fuerza del Salor y en cuyo edificio se conserva una inscripción fechada en 1862.
La actividad molinera en ese tramo del río viene de lejos (hay referencias desde época medieval) y a comienzos del siglo XX la finca de Hijadilla todavía contaba con un molino de harina en funcionamiento. El entorno reúne, además, otros elementos patrimoniales de interés: el dolmen de Hijadilla, la ermita de San Jorge, con pinturas murales, y la torre de los Mogollones.
Con el paso del tiempo, el molino perdió su función y la presa quedó sin uso. Ese abandono es precisamente el argumento de la Confederación Hidrográfica del Tajo, que junto al Ministerio para la Transición Ecológica pretende avanzar en su eliminación dentro de la política de restauración fluvial, cuyo objetivo es recuperar la continuidad natural de los cauces.
El manifiesto contra el derribo de la presa y el argumento mediterráneo
El catedrático ha impulsado un manifiesto junto a José María Gallardo, presidente de la Federación Extremeña de Caza (Fedexcaza), al que se han sumado Pensando Extremadura y APAG Extremadura Asaja.
Cabe remarcar aquí que el texto no exige conservar la presa a toda costa: reclama que no se ejecute el derribo sin un análisis del balance ecológico neto y sin una caracterización hidroecológica rigurosa durante el estiaje.
Por su parte, Mora insiste en que los ríos mediterráneos, con estiajes largos y lluvias muy irregulares, no pueden gestionarse con los criterios pensados para los de Centroeuropa o la cornisa cantábrica.
«Restaurar no puede significar aplicar la misma receta desde las montañas atlánticas hasta las penillanuras mediterráneas», sostiene. Y lo resume en una idea: «La buena política ambiental comienza por conocer la geografía».
Y para reforzar su postura, recuerda la tradición extremeña de charcas ganaderas, molinos y embalses de origen romano como los de Cornalvo y Proserpina, que han adquirido valor ecológico aunque perdieran su función original.
En Hijadilla, los firmantes citan barbos, bogas, pardillas y bordallos, además de fochas, garzas, nutrias, ciervos o jabalíes que dependen del agua embalsada.
Incluso, Fedexcaza ha ido más lejos en sus alegaciones. Su presidente sostiene que «no se puede hablar de restauración ambiental cuando ni siquiera se ha demostrado que la demolición vaya a generar más biodiversidad» y ha calificado de «terrorismo ecológico» el proyecto.
La federación subraya también el papel del agua para la tórtola europea, la ganadería extensiva y la lucha contra incendios.
Los que defienden derribar la presa de Hijadilla
No todas las organizaciones comparten ese diagnóstico. El colectivo ecologista Fondenex ha respaldado la demolición, sosteniendo que el azud acumula aguas y sedimentos contaminados y actúa como foco de especies invasoras, como el siluro, que diezman a los peces autóctonos. Eliminarlo, según su planteamiento, devolvería al Salor su conectividad natural.
A su vez, la entidad pone el foco en especies nativas como el jarabugo, el barbo o el calandino, que necesitan cauces libres para desplazarse.
También recuerda precedentes como la retirada de la presa de Artikutza, en Guipúzcoa, de unos 45 metros, o los derribos en el río Klamath (Estados Unidos) y en el Sélune (Francia). «Demoler las grandes presas no es una utopía, ni una misión imposible», defiende.
Así, con las alegaciones ya presentadas, la última palabra corresponde a la Confederación Hidrográfica del Tajo, que deberá valorar los argumentos de ambas partes. La Junta de Extremadura ya se ha posicionado en contra del derribo.
Mora Aliseda, por su parte, está convencido de que lo que se decida en el Salor marcará el camino para otros cauces: «Lo de Hijadilla es el paradigma de lo que va a venir».