Si tu gato hace la croqueta cuando llegas a casa no es porque te quiera: la explicación de un veterinario

A pesar de que los gatos llegan siglos conviviendo con nosotros, muchos de sus comportamientos continúan siendo un completo misterio. Uno de los más llamativos y frecuentes es el conocido como «hacer la croqueta»: ese momento en el que el gato se tumba en el suelo y comienza a revolcarse, dando vueltas sobre sí mismo y mostrando la barriga. ¿Se trata de un simple capricho o tiene una razón instintiva? Muchos dueños interpretan este gesto como una invitación directa a las caricias, pero la explicación es mucho más compleja. Mostrar la barriga no siempre implica confianza absoluta ni ganas de contacto físico. De hecho, en muchos casos, intentar acariciarles esta zona del cuerpo puede acabar en un zarpazo o mordisco inesperado.
Los expertos en comportamiento felino coinciden en que no existe una única razón para que un gato haga la croqueta. Este comportamiento puede responder a un amplio abanico de causas, y comprenderlas es clave para mejorar la convivencia y evitar malentendidos que puedan generar estrés tanto en el gato como en su dueño.
¿Por qué el gato hace la croqueta?
El cuerpo del gato es su principal herramienta de comunicación. A través de la postura, el movimiento de la cola, las orejas o incluso la forma de caminar, los felinos transmiten información constantemente. Revolcarse en el suelo es una conducta que, aunque pueda parecer espontánea o graciosa, tiene un significado muy concreto.
Una de las explicaciones más habituales para este comportamiento, especialmente en gatos no esterilizados, es el celo. Durante este periodo, las gatas (y en menor medida los machos) liberan más feromonas, sustancias químicas que utilizan para comunicarse con otros felinos.Al revolcarse por el suelo, impregnan la superficie con su olor, transmitiendo un mensaje muy claro: están listos para aparearse. Normalmente, este comportamientos se acompaña de cambios de humor y maullidos.
Los gatos tienen una temperatura corporal más alta que la de los humanos, que ronda los 38 o 39 grados, por lo que en verano necesitan encontrar maneras de refrescarse. En este contexto, hacer la croqueta, sobre todo si el suelo es de mármol, granito o cerámica, les ayuda a bajar la temperatura corporal.
Por otro lado, cabe recordar que los gatos conservan un fuerte instinto territorial. En su piel y glándulas faciales segregan feromonas que utilizan para marcar espacios como propios. Al revolcarse, distribuyen su olor por el entorno y refuerzan la sensación de control sobre ese lugar. Este comportamiento se puede intensificar ante cambios en el hogar, como la llegada de una nueva mascota, una mudanza o la visita de personas desconocidas.
Asimismo, aunque tienen fama de ser animales muy independientes, los gatos también necesitan interacción social. Cuando se aburren, se sienten solos o simplemente quieren estímulos, buscan la forma de llamar la atención de su dueño. Hacer la croqueta es una de las más efectivas, ya que resulta difícil ignorar a un gato rodando por el suelo. En estos casos, el comportamiento suele ir acompañado de maullidos suaves o movimientos de cola tranquilos.
Otra razón menos conocida, pero igualmente importante, es la necesidad de rascarse. Cuando un gato siente picor en una zona a la que no llega fácilmente con las patas, el suelo se convierte en su mejor aliado. Revolcarse le permite aliviar la molestia que siente. Sin embargo, si este comportamiento se vuelve repetitivo o compulsivo, puede ser una señal de alerta. Los picores persistentes pueden estar relacionados con alergias, parásitos externos como pulgas, problemas dermatológicos o incluso estrés.
Maullido y ronroneo
El maullido es, ante todo, una herramienta de comunicación dirigida casi exclusivamente a los humanos. Los gatos adultos apenas se maúllan entre ellos; este sonido lo reservan para interactuar con las personas. Con el tiempo, han aprendido que vocalizar es una forma eficaz de llamar nuestra atención. Un maullido corto y repetido suele funcionar como un saludo o una manera de reclamar presencia, mientras que uno más largo y persistente suele indicar una demanda concreta, como hambre, deseo de salir o necesidad de compañía. El tono, la intensidad y la frecuencia aportan matices importantes: los sonidos agudos suelen asociarse a urgencia o incomodidad, mientras que los más suaves reflejan calma o simple interés.
El ronroneo, por su parte, es uno de los comportamientos más enigmáticos del mundo felino. Tradicionalmente se asocia con bienestar, placer y relajación, y en muchos casos así es: los gatos suelen ronronear cuando están cómodos, reciben caricias o descansan cerca de alguien de confianza. Sin embargo, este sonido no siempre es sinónimo de felicidad. Algunos gatos también ronronean en situaciones de estrés, miedo, enfermedad o dolor.
El ronroneo actúa como un mecanismo de autoconfort, y es fundamental observar el contexto en el que se produce. Un gato que ronronea mientras está relajado transmite tranquilidad; uno que lo hace junto a otros signos de malestar puede estar pidiendo ayuda.