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Los expertos en comportamiento animal lo confirman: esta es la técnica para enseñar a un gato a tener paciencia y aprender a esperar

gato paciencia
Blanca Espada

Sabemos que los gatos suelen ser animales independientes y también algo impacientes por ejemplo con la comida. Basta con que nos retrasemos unos minutos a la hora de servirles el bol o la lata de comida para comprobar como el gato comienza a dar vuelta o incluso emite maullidos que no cesan hasta que aparece el plato. Y algo parecido puede ocurrir cuando quieren jugar o buscan atención.

Muchas veces somos nosotros quienes, sin pretenderlo, les enseñamos a comportarse así. El gato pide, obtiene una respuesta y al día siguiente vuelve a probar. Si el resultado es el mismo, acaba incorporándolo a su rutina. Pero también puede aprender lo contrario. Es posible acostumbrarlo poco a poco a esperar antes de recibir aquello que quiere. La Feline Veterinary Medical Association (FVMA) aconseja recurrir al refuerzo positivo para entrenar a los gatos y hacerlo cuando se encuentren relajados. La idea es premiar la conducta que interesa que repitan, en lugar de recurrir al castigo y con ello, lograremos que el gato sea más paciente.

La técnica para enseñar a un gato a tener paciencia

Pensemos en un gato que cada día recibe su comida nada más acercarse al comedero. Pedirle de pronto que permanezca varios minutos esperando probablemente no dé buen resultado, así que lo que podemos hacer es esperar, por ejemplo, a que esté tranquilo durante unos segundos y entonces darle lo que estaba esperando. Cuando ese pequeño intervalo deje de suponerle un problema, se alarga ligeramente.

Es lo que en entrenamiento animal se conoce como shaping, que suele traducirse como moldeamiento. Detrás del término hay una idea sencilla y que consiste en no pretender que cambie el comportamiento completo de una sola vez, sino llegar hasta él premiando los avances intermedios. Además, será cada gato el que marque en cierta medida el ritmo. No existe una cantidad exacta de segundos que funcione para todos ni tiene sentido aumentar la espera cuando el animal todavía no está preparado. Lo que buscamos es que vaya entendiendo qué conducta precede al premio.

Darle la comida cuando maúlla puede conseguir justo lo contrario

A muchos dueños de gatos les habrá pasado que el animal comienza a maullar junto al comedero y, para que pare, alguien termina sirviéndole la comida. El silencio llega, pero el animal también acaba de comprobar que insistir ha dado resultado. Si esto se repite, puede asociar el maullido con lo que sucede inmediatamente después. Y si cada vez que reclama recibe comida, caricias o juego, tendrá motivos para volver a hacerlo de la misma manera.

Por eso, cuando se intenta enseñarle a esperar, interesa aprovechar el momento en el que aparece la calma para ofrecerle la recompensa, aunque al principio ese instante sea muy breve. Esto no significa que cualquier maullido deba ignorarse. Los gatos también utilizan la vocalización para comunicarse con las personas y conviene prestar atención a lo que está ocurriendo antes de decidir cómo responder.

El premio no tiene que ser siempre comida

La comida funciona muy bien con muchos gatos, pero no con todos tiene el mismo efecto. Tampoco hace falta que cada ejercicio termine con una golosina. Podemos usar entonces un juguete que le guste, unos minutos de juego o las caricias. Depende del animal. Quien vive con él suele saber qué cosas consiguen captar rápidamente su atención. Lo importante es que la recompensa tenga valor para el gato y aparezca después de aquello que queremos reforzar. También influye cómo reaccionan las personas de casa. Si alguien espera a que el gato esté tranquilo antes de darle de comer, pero otra persona responde al primer maullido, el aprendizaje será bastante más difícil. El animal seguirá comprobando que insistir funciona algunas veces.

Quizá no sea impaciencia

No siempre que un gato reclama algo estamos ante un problema de paciencia. A veces simplemente sabe lo que está a punto de ocurrir. Los horarios son un buen ejemplo ya que si durante meses ha comido aproximadamente a la misma hora, es perfectamente posible que empiece a rondar por la cocina unos minutos antes. Ha aprendido la rutina y se anticipa a ella. Conviene fijarse en qué sucede cuando aparece esa conducta. Quizá empiece a maullar al escuchar el ruido de una lata, cuando alguien se acerca al armario donde está su comida o al llegar determinada hora. En otras ocasiones ni siquiera busca comer: quiere jugar o recibir atención.

Observar estos detalles ayuda a comprender qué está provocando la reacción y evita tratar como un problema algo que puede formar parte del comportamiento habitual del animal.Distinto es que se produzca un cambio repentino en su forma de comportarse. Si un gato que normalmente no vocaliza demasiado comienza a maullar de forma insistente, modifica sus rutinas o muestra signos de malestar, conviene consultarlo con un veterinario para descartar que exista algún problema de salud.

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