La Administración Trump anuncia recortes en el despliegue de tropas en Afganistán e Irak

Trump
Un soldado de las fuerzas de élite Delta, de misión en Afganistán. (Foto: The U.S. Army en Flickr)

A medida que se acerca el final de la Administración republicana, Donald Trump pretende cumplir sus últimas promesas que hizo durante sus cuatro años en la Casa Blanca. Entre ellos estaba el de “poner fin de manera exitosa y responsable a las guerras en Afganistán e Irak y traer a nuestros valientes soldados a casa”.

Este martes, el secretario de Defensa interino, Christopher C. Miller, dijo durante una rueda de prensa en el Pentágono que el Ejército de Estados Unidos reducirá a la mitad el número de tropas que tiene en Afganistán en los próximos dos meses y los recortes, aunque más pequeños, en Irak.

“Debemos este momento a los muchos patriotas que hicieron el máximos sacrificio y a nuestros camaradas que llevan adelante su legado”, recordó Miller. A pesar de la iniciativa de retirada de los soldados, Miller, oficial retirado de las Fuerzas Especiales y que anteriormente sirvió Trump como asesor antiterrorista, dejó claro que su país estará listo para responder en caso de que las condiciones se deterioren.

El secretario de Defensa, recién nombrado tras el cese de Mark Esper el pasado 9 de noviembre, indicó que el Ejército cumplirá las órdenes de Trump en ambos países antes del 15 de enero, con un número de tropas reducido de alrededor de 5.000 a 2.500 en Afganistán y de alrededor de 3.000 a 2.500 en Irak.

Diferentes puntos de vista

Anteriormente, Esper presentó un memorando clasificado a la Casa Blanca diciendo que las condiciones sobre el terreno en Afganistán no justificaban tales reducciones de tropas.  Para el ex secretario de Defensa, el aumento de la violencia de los talibanes, las preocupaciones de seguridad para las tropas estadounidenses restantes, los posibles daños a las alianzas y la posibilidad de que la reducción de tropas socava las negociaciones con los talibanes para asegurar un acuerdo con el Gobierno afgano, no permitía llevar acabo la retirada que proponía el presidente Trump.

En el periodo previo a las elecciones, el tuit Trump que decía que todas las tropas estadounidenses en Afganistán deberían estar “en casa por Navidad” encendió todas las alarmas entre los altos funcionaros estadounidenses que habían estado trabajando en una retirada más gradual.

El plan existente, ligado a negociaciones precarias con los talibanes para firmar un acuerdo de paz con el Gobierno afgano, no había producido el progreso que querían los funcionaros estadounidense, según apuntaba el diario norteamericano The Washington Post. Mientras el Pentágono estaba en el proceso de reducir el número de tropas a menos de 5.000 para el mes de noviembre, las negociaciones parecieron estancarse y los talibanes continuaron lanzando ataques en todo el país.

Durante la rueda de prensa en el Pentágono, Miller no mencionó las diferencias entre su estrategia para la retirada de las tropas, con la de su predecesor, de hacerla de manera más gradual.

Miller dijo que estaba celebrando la decisión, destacando el precio que las guerras en Irak y en Afganistán han cobrado en las familias de militares, incluidos 6.900 miembros del servicio que han muerto, 52.000 heridos y otros que llevan “cicatrices visibles e invisibles”.

Ya en octubre, el asesor de seguridad nacional Roberto C. O’Brien anunció que la Administración republicana planeaba retirar a 2.500 miembros del servicio de Afganistán este año, lo que no compartía el presidente del Estado Mayor Conjunto, el General del Ejército Mark A. Milley quien describió esta medida anunciada por O`Brien como “especulación”.

O’Brien aseguró en su momento que “para mayo, el presidente Trump espera que todos regresan a casa sanos y salvos”.

Pocos minutos después de los anuncios desde Washington, cuatro cohetes cayeron en el interior de la fortificada Zona Verde de Bagdad, en Irak. Este lugar es sede de un gran número de embajadas y edificios gubernamentales, así como el aeropuerto de la capital.

“Cuatro misiles cayeron sobre la Zona Verde de Bagdad y se descubrió que fueron lanzados desde el barrio de Al-Amin al-Thaniyah, distrito de Al-Alf Dar, en Nuevo Bagdad”, informó la Célula de Información de Seguridad de Irak.

Una guerra de 19 años

La «guerra global contra el terror» se inició tras el ataque del 11 de septiembre de 2001 en Estados Unidos. Hoy en día ha dejado 37 millones de desplazados en todo el mundo, el mayor exilio debido a un conflicto desde comienzos del siglo XX a excepción de la Segunda Guerra Mundial.

Los ataques con aviones de pasajeros contra las Torres Gemelas de Nueva York, el Pentágono y el derribo de vuelo 93 en Pensilvania el 11 de septiembre desataron un conjunto de guerras para atrapar a los responsables.

Estas contiendas llevaron al fin de la hegemonía talibán en Afganistánpero los objetivos iniciales de la guerra se fueron desdibujando con el tiempo, especialmente con la falsa justificación para invadir Irak en 2003.

Con la llegada a la presidencia en 2009, Barack Obama mantuvo la guerra global contra el terrorismo, amplió los ataques con drones en Yemen o Somalia e intensificó el despliegue en Afganistán, al que puso fin con la transferencia del control de la seguridad al Gobierno de Kabul en 2014.

El pasado febrero, Estados Unidos y los talibanes llegaron a un acuerdo para firmar la paz y poner fin a 19 años de conflicto. En el acuerdo, se contemplaba la retirada militar total de las tropas estadounidenses en tres años.

Según el Departamento de Estado y el de Defensa norteamericano y la Agencia para el Desarrollo Internacional, más de 775.000 efectivos estadounidenses han sido desplegados en Afganistán desde 2001 y más de 2.300 han fallecido. La misión de la ONU para Afganistán, la UNAMA, cifra en 32.000 civiles muertos y unos 60.000 heridos desde que se comenzaron a registrar sistemáticamente las bajas no militares en 2009.

 

 

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